En cuanto acaba el verano los quioscos se llenan de colores y cartoncitos cuando las ofertas de promoción hacen acto de presencia: DVD’s, figuritas, libros... Este año me he fijado en una nueva, Colección Grandes Ideas de Ediciones Folio, cuyo primer volumen es el arriba citado, por tan sólo 1,95€. Apenas cien páginas donde se recogen uno de los diálogos más famosos de su autor, aquél en el que se habla del amor. Apolodoro le comenta a su amigo, que ha oído de boca de Aristodemo, lo acaecido en la famosa cena que dio el poeta Agatón y al que, entre otros, asistió acompañado de Sócrates. Tras las largas celebraciones del día anterior, debido al gran éxito que supuso la nueva obra del poeta, los contertulios se encuentran saciados y no están dispuestos a continuar con la bebida. Para no retirarse, deciden proponer un tema sobre el que cada uno de ellos debe exponer sus ideas en discurso: el tema no es otro que el Amor. El primero en hablar es Fedro, elogiando al dios más antiguo y equiparándolo a aquello que hace a los hombres valientes, ya que, según su opinión, muchas de las acciones realizadas en nombre del Amor jamás serían permitidas si se hicieran persiguiendo otros objetivos.
Pausanias es el siguiente, sofista, que divide el amor en dos: el que persigue lo bueno y aquél que se regodea en lo malo –en el cuerpo, sólo en lo material-. Erixímaco, que es médico, aporta una versión más científica, en cuanto representa todo lo bueno para el cuerpo y el alma, y su contrario lo malo. Apostando por la templanza, por la unidad, por el término medio y alejándose de los excesos. El siguiente en hablar es Aristófanes, comediógrafo, que da pie a un mito por el cual existían unos seres primigenios: hombre, mujer y andrógino que fueron divididos por Zeus, dando pie a las diferentes sexualidades del hombre y que por ello se buscan y anhelan, dependiendo de cuál de los tres descienda cada uno. Agatón se reserva el derecho de comentar las cualidades del propio Amor en sí mismo, alejándose de lo que otorga o niega al ser humano.
Finalmente llega el turno a Sócrates, que protesta debido a que es el último y debe superar los grandes discursos de sus compañeros, que le animan a que continúe. Antes de lanzar su monólogo, el filósofo sienta unas bases comunes dialogando y preguntando a Agatón, para desarmar sus teorías y contar otra historia: aquella que aprendió de su maestra en el amor Diotima –ahora mismo nos encontramos ante una historia, dentro de otra y de otra...- cuando era él mismo un discípulo y dialogaba con la mujer –los diálogos tienen aquí un importante cambio, es ahora Sócrates el que pregunta y el que se ve desarmado-. El Amor queda separado de su condición divina: no es bueno, ni malo, ni bello ni feo y al final queda dicho que el Amor es aquello hacia lo que se desea y se quiere conservar, siempre y cuando sea Bello y Bueno...
Resulta a veces difícil explicar este tipo de opiniones –sobre todo si no se tiene una formación específica en filosofía-, pero sí que es fácil sumergirse en las páginas de este relato y apreciar las sutiles diferencias entre una u otra definición, dependiendo de quién la pronuncie. El diálogo acaba con la interrupción del banquete por culpa de la aparición de Alcibíades, amante despechado por Sócrates, al que le hace un discurso elogioso donde el lector aprecia cómo el filósofo es la viva encarnación de aquello que ha predicado antes y de cómo permanece fiel a su idea de Amor.
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