sábado, 26 de septiembre de 2009

True Blood. Segunda Temporada


Segunda dosis de una serie que en su primera vez rozó grandes momentos del absurdo, mezclando muy bien el pasteleo más dulce con grandes dosis de humor y escenas cargadas de erotismo e incluso un poquito de gore. Es lo que tiene que los vampiros estén integrándose en la sociedad, que las situaciones rocambolescas tienen que aparecer. Y aquí es donde la serie de Alan Ball no decepciona y engancha más si cabe: ofreciéndonos más acción, más humor, más amor, más sexo, más violencia.

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Sookie y Bill siguen adelante con su relación. El hecho de que una mujer haya aparecido brutalmente asesinada en el Merlotte’s no parece preocuparles. Aún así, sus planes cambiarán cuando se vean inmersos en un viaje a Dallas de la mano del sheriff vampiro del lugar, Erik, obsesionado con Sookie, en busca de un milenario vampiro que ha desaparecido. La Comunidad del Sol, una secta religiosa que odia a los vampiros parece ser la responsable. Y es justo ahí donde, sin saber muy bien cómo, va a parar Jason Stackhouse tras su repentina conversión. Pero no es esta la única trama: mientras, el resto de personajes se quedan en Lousiana. Sam deberá enfrentarse a una mujer de su pasado, Maryann –interpretada por Michelle Forbes, vista en algunas capítulos de Battlestar Galactica o de Prison Break-, que posee extrañas habilidades y que amenaza con sepultar Bon Temps en una orgía de sexo, violencia y desenfreno que sólo puede acabar de forma trágica.

Ambas tramas se desarrollan poco a poco en paralelo. En la primera se nos presenta el mundo vampiro con muchos más matices que antes y podemos apreciar como ya hay hoteles y negocios –como compañías aéreas- que ofrecen todo tipo de acomodos y servicios adaptados a las particulares necesidades de los no-muertos. Los Nidos y algunos gobernantes son introducidos ligeramente. El racismo y el odio entre diferentes razas copa gran parte de la acción, dejando de nuevo el humor en manos de Jason y su recién adquirida santidad. Mientras todo esto sucede, Sam irá descubriendo cada vez más cosas extrañas en sus vecinos e incluso que no está tan sólo en este mundo como él creía. Y es que si damos por sentado que estamos en un mundo en el que existen los vampiros y los cambiantes, ¿por qué no van a existir más criaturas?

Ambas tramas confluirán en los últimos episodios donde todos los personajes tendrán su papel, como Kara y Lafayette y las semillas de la próxima temporada son plantadas, ya que no todo el mundo acabará vivo y el amor entre Bill y Sookie será más difícil que nunca, ya que esta última se ha convertido en una pieza demasiado codiciada por mucha gente que no acaban de comprender quién o qué es.

En resumen, potenciar esa mezcla tan explosiva que ya convenció a mucha gente en su primera temporada, pero incrementando las tramas y los personajes, manteniendo un ritmo pausado con un uso muy hábil de los cliffhangers. ¿Estamos ante una obra maestra? Tiene demasiados momentos ñoños y giros de guión absurdos como para definirla como tal. ¿Es una serie mala? Todo lo contrario: su factura técnica, su atrevimiento made in HBO, la mixtura de géneros, varios personajes inolvidables, lo divertida y sorprendente que es impide calificarla de esa manera. ¿Qué podemos decir entonces de ella? Que, como la sangre que lo impregna todo, es tremendamente adictiva para el telespectador. Y aquí, señor Ball, ha dado completamente en el clavo. Otra vez.

La primera temporada de True Blood –y más cosas-, aquí.
Otra serie HBO vista en este blog: Roma.

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