Quaid siempre ha querido ir a Marte, pero es imposible para él. Su mujer no quiere ni oír hablar del tema, ya que es un planeta sin atmósfera que vive bajo continuos ataques terroristas orquestados por grupos de mutantes y desplazados, gente que cayó enferma tras los innumerables fallos en las bóvedas de aire que permiten a la gente vivir allí. Al tiempo, la economía del planeta depende de un mineral que se extrae del interior y cuyo comercio posee una multinacional. Pero Quaid tiene una posibilidad: acudir a una de esas empresas que fabrican recuerdos al gusto del consumidor, que es incapaz de reconocer qué fue real o qué no. La sorpresa llegará cuando, tras ir en busca de un viaje a Marte, su fantasía se haga realidad cuando agentes asesinos intenten matarlo y se vea inmerso en una conspiración que le llevará irremediablemente al planeta que tanto ha anhelado conocer.
La continuación, a un click.
En 1990, el director holandés dio de nuevo en la diana tras darse a conocer con Los señores del acero y posteriormente con Robocop –de la que habría un par de secuelas-. Adaptando un relato corto del escritor de ciencia-ficción Philip K. Dick, el guionista Dan O´Bannon –colaborador de John Carpenter en sus inicios y con algún otro guión imprescindible en su haber, como el de Alien- apenas usaría la idea principal para luego convertirla en una historia de acción trepidante que se mezclaba hábilmente con momentos pensados para enredar al espectador, en una serie de juegos mentales y de espejos.
Schwarzenegger ya venía de realizar algunos papeles buenos ambientados en el género, como en Terminator o Depredador. Aquí ofrece una de esas interpretaciones muy físicas, donde no para de correr y patear gente durante las dos horas que dura la película, al tiempo que va soltando frases lapidarias y chistes malos. Sharon Stone tiene un papel secundario mucho antes de dar el pelotazo con Instinto Básico –precisamente con Verhoeven-. Destacar también la presencia de Michael Ironside, actor fetiche del director, en uno de sus papeles de malo.

La factura técnica de la película –sus efectos especiales fueron nominados a los oscars ese año- y la hábil mezcla de acción, sentido del humor –algunas situaciones son desternillantes, como casi todo lo relacionado con el local de alterne donde la resistencia tiene su cuartel general- y momentos de reflexión que hacen que continuamente nos preguntemos si estamos ante un sueño, un recuerdo o un delirio ocasionado por un cerebro enfermo y a punto de colapsar. La banda sonora de Jerry Goldsmith –con un tema central conocido por todo el mundo y en especial por los abonados al fútbol- es muy buena –se combina muy bien orquesta y música electrónica-, sobre todo si tenemos en cuenta que es una película de acción futurista.
Verhoeven plasma en imágenes muchas de sus ideas –algunas de las cuales son fáciles de reconocer en otras películas suyas- como la posibilidad de evadirse de la realidad, los medios de comunicación en el futuro, la violencia desatada, el dominio de las grandes corporaciones sobre el pueblo llano, personajes femeninos fuertes, decididos y letales...

El resultado final es un clásico del género, que ha envejecido muy bien tras 20 años y que sigue igual de fresca, divertida y entretenida que cuando se estrenó. Que por cierto, ya se ha dado luz verde a un innecesario remake.
Pieza principal de la famosa banda sonora

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