Con tres capítulos estrenados –todavía faltan cinco más por emitirse- la nueva serie de creación propia de Canal+ protagonizada por José Sancho ya me ha cautivado como pocas. Hace falta muy poco para que el aficionado se de cuenta de que se encuentra ante un producto diferente, muy por encima de la media nacional y que por fin nos permite la comparación con sus hermanas mayores provenientes de Estados Unidos o del Reino Unido.
Chirbes es un valenciano de 62 años que lleva unos pocos dedicado a la producción literaria, ya sean ensayos o novelas. En el 2007 se hizo con el Premio Nacional de la Crítica precisamente por Crematorio, ambientada en la costa levantina y que tiene como protagonista a un desalmado constructor con múltiples conexiones en la zona, ya sean políticas o mafiosas. La trama de la serie se ha vendido como corrupción en España, aunque hay mucho más.
Pepe Sancho es Rubén Bartomeu, que el día en que entierra a su hermano se encuentra con algunas dificultades nuevas. Uno de sus socios, de la mafia rusa, anda pendiente de nuevos negocios y uno de sus subordinados, Collado, no le está poniendo las cosas fáciles con sus continuas pérdidas de control. Por otro lado, la casualidad quiere que en una funeraria relacionada con él se encuentre un entramado de corrupción para deshacerse de los cadáveres sin llegar a incinerarlos, lo que pondrá a la fiscalía y a la policía tras su pista. El primer capítulo es un Piloto maravilloso para hacerse rápidamente con la mayoría de los personajes que van a ir centrando la acción, separados de forma clara por las palabras familia y negocios. Alicia Borrachero es la hija de Rubén y lo único que quiere –además de perder de vista a la joven compañera de su padre- es mantener a su propia familia lejos de los negocios paternos, en especial a su díscola hija Miriam (Aura Garrido saca tiempo mientras protagoniza Ángel o demonio, no siendo la única que aparece también en estas dos series). Desfilan caras conocidas como las de Juana Acosta o Alfonso Bassave, pero sin duda lo más importante de esta producción, sin desmerecer el apartado actoral donde destaca su protagonista, es el propio estilo de la misma, gracias a la productora Mod Producciones, que trabajó en Ágora.
El ritmo pausado nos recuerda a series americanas como Los Soprano, The Wire o la actual Mad Men. La producción está muy cuidada para parecer lo más realista posible y se aprecia sin esfuerzo el mundo de lujo en el que vive su protagonista. La música es melódica y envolvente y no temen enseñar cuerpos desnudos, drogas o asesinatos en primer plano de cámara –uno de los escenarios recurrentes en estos primeros episodios es un prostíbulo donde mandan los rusos-. La narración se suspende momentáneamente cada cierto tiempo para insertar una serie de flashbacks que nos muestran la ascensión de Bertomeu desde la finca de naranjos de sus padres a la posición de poder que ahora ostenta. Ocho capítulos en total de cincuenta minutos aproximadamente.
Mención aparte para la cabecera musical, muy del estilo de la genial True Blood y que destaca más que esa si cabe por la inclusión de la voz de Loquillo cantando las letras, toda una mezcla a priori imposible.
Me ha gustado mucho el inicio de Crematorio, sobre todo porque tiene pinta de que va a ir mejorando poco a poco. Y sobre todo porque aquí sí que se nota que se han fijado en los mejores para entregar un producto a la altura de las producciones americanas. Lo que nos lleva a otra cuestión: si Canal+ puede, ¿por qué el resto de cadenas no?



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