Punto y aparte en la aventura en las tramas cósmicas que llevan varios años desarrollando la inseparable pareja de guionistas británicos para La Casa de las Ideas. Tras unos meses de auténtico boom editorial y con varias series a su cargo, ha llegado la hora de ir atando cabos sueltos y de simplificar las cosas. Tras el final del último evento cósmico, Reinado de Reyes, las colecciones periféricas protagonizadas por Nova y por los Guardianes de la Galaxia fueron canceladas, algo que no impidió a sus guionistas ir plantando las semillas que van a germinar en esta última miniserie de seis números, dibujada por el español Miguel Sepúlveda y que como viene siendo habitual ha sido precedida por un one-shot, de nuevo a cargo del dibujante Brad Walker.
El camino hasta aquí ha sido largo y complejo, con una gran cantidad de personajes involucrados, muertes y resurrecciones varias y giros continuos de guión, acompañados de cambios sustanciales en el statu quo de sus protagonistas. Si la invasión de Annihilinus trajo la destrucción a la galaxia, la debilidad que vino después provocó una invasión a gran escala de la entidad conocida como La Falange, algo que continúo acentuando las diferencias entre las razas más poderosas del universo. Las guerras continuaron una vez que los Inhumanos de la Tierra decidieron asumir el manto de liderazgo que les correspondía en el Imperio Kree, enfrentándolo a una potencia militar galáctica como los Shiar. El enfrentamiento final entre sus dos líderes, Rayo Negro y Vulcano, trajo consigo la destrucción de una parte del universo: una desgarradura en su mismo tejido a la que se le llamó La Falla y que ha sido fuente de los últimos problemas a los que se han enfrentado los héroes que quedan en la galaxia. Dicha Falla no es más que un portal hacia un universo paralelo donde el Bien ha triunfado sobre el Mal de una forma absoluta, lo que ha degenerado en una especie de invasión de unos seres primigenios e informes que han saturado su lugar de existencia y que ahora amenazan con expandirse al nuestro. Y es aquí donde tiene lugar la última batalla por la supervivencia de todo lo que existe.
Tengo que reconocer que las últimas miniseries orientadas a seguir con la historia me habían parecido de calidad inferior. Se notaba cierto agotamiento de la fórmula y de hecho las series paralelas protagonizas por Richard Ryder y por Quill y compañía eran mucho más interesantes. Además de que el nivel gráfico había bajado muchos enteros, sobre todo desde que Paul Pelletier se hiciera cargo de Guerra de Reyes y después se marchara de la franquicia, todo un desperdicio porque se fue a dibujar a Hulk.
De modo que Marvel decide reducir los números que salen mes a mes, algo que parece ha resultado positivo. Esta última miniserie recupera el encanto de trabajos anteriores y eso que sus guionistas repiten fórmula: una serie de batallas espectaculares tienen lugar en diferentes frentes, coincidiendo en algunos puntos, uniéndose y separándose aquí y allí y confluyendo en la confrontación final. Así tenemos una doble lucha, en nuestro universo –las entidades Abstractas, con Galactus a la cabeza y los héroes más poderosos, además de la mayoría de carne de cañón de los diferentes imperios- y en el invasor, siendo los Guardianes de la Galaxia los encargados de escoltar a Thanos de Titán, resucitado de forma impía hace poco y último avatar de la Muerte, el único que puede restablecer el equilibrio en un universo donde ha triunfado el Bien.
El one-shot inicial cuenta con lápices de Walker, un dibujante que no es de mis favoritos, por lo que parecía que la cosa no iba a levantar el vuelo. Pero el trabajo del dibujante catalán en los seis números restantes me ha encantado. Me ha parecido muy adecuado al tono de aventura y acción de la historia y no he podido evitar encontrarle influencias de otros dibujantes españoles como Carlos Pacheco o Pascual Ferry. Su Estela Plateada –en cuyos acabados hace uso del Photoshop- es de los que más me han gustado en los últimos tiempos; su dinámica y acción se entienden bastante bien y la labor con tantos personajes diferentes, naves espaciales y monstruos de estilo Levecraft es sobresaliente. En el primer número el color está directamente aplicado sobre sus lápices, pero no contento con el resultado decidió a partir de entonces entintarse a sí mismo y pasar al colorista Jay David Ramos unas páginas finales mucho más elaboradas.
Una conclusión muy digna a todo el entramado cósmico que se ha ido desplegando en los últimos años. En realidad se trata de un punto y a aparte, porque ya se ha anunciado que Abnett y Lanning continuarán ligados a la franquicia con futuras miniseries más contenidas como la actual.




No hay comentarios:
Publicar un comentario