viernes, 22 de abril de 2011

De la II Guerra Mundial a la guerra de Irak, cortesía de la HBO: Generation Kill

De nuevo una miniserie de género bélico reúne a lo mejor de la cadena privada HBO. Si Hermanos de sangre y The Pacific centraban la atención en la segunda contienda mundial, en Generation Kill nos trasladamos a la reciente Guerra de Irak, o como la denominaron los americanos, Operación Libertad Irakí.  Oficialmente tuvo lugar entre 2003 y 2010 y es en los primeros meses de la ofensiva americana -21 días necesitaron para derribar el país, como apunta uno de los marines que participan en esta serie- donde se sitúa la historia, basada en el libro de un periodista americano llamado Ewan Wright que acompañó a los marines y que tuvo una participación activa en la producción de la serie.

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Estrenada en el verano de 2008, constó de siete capítulos realizados con la habitual maestría de la cadena. David Simon y Ed Burns participaron en el guión –son los responsables tras la genial The Wire- y coprodujeron junto con otros profesionales que ya habían participado en otros éxitos como Roma, por ejemplo.  De la dirección se han encargado los británicos Susanna White y Simon Cellan-Jones, un habitual de la HBO y de la BBC (Paradox, Boardwalk Empire, Treme o la reciente The Borgias).

La historia sigue al batallón de reconocimiento del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos desde que llegan a Irak y comienzan su invasión, siendo los indicados para una serie de misiones específicas. Con la llegada de un reportero de Rolling Stone están listos para partir. A través de los ojos del periodista se nos mostrará el particular microclima en el que viven los soldados americanos, la mayoría de ellos sobre cualificados para lo que se requiere de sus personas, teniendo en cuenta que la realidad de la guerra actual dicta que los cuerpos de tierra cumplan un papel secundario, siendo los bombardeos sistemáticos por parte de la aviación y de los blindados los que en realidad llevan la guerra hacia delante. Eso no quita que los Marines tengan sus momentos de acción, siempre al límite de su aguante, más psíquico que físico, algo que se muestra con gran detalle en la pantalla.

El periodista irá a parar al vehículo comandado por el sargento Brad “Iceman” Colbert, jefe del pelotón y líder indiscutible entre sus compañeros. Está interpretado por Alexander Skarsgard, el vampiro Erik de True Blood. Uno de sus compañeros más fieles, su piloto, es otro rostro conocido de la segunda temporada de The Wire: James Ransone.

En realidad se trata de un reparto coral con múltiples personajes, cuya personalidad va mostrándose al espectador con calma y todo lujo de detalles; tantos como la costosa producción, que llevó al equipo al sur de Sudáfrica para el rodaje. Como nota curiosa, su potente banda sonora contiene grandes canciones, pero todas ellas cantadas a voz en grito por los propios protagonistas. Estilo documental, veracidad extrema, riqueza en los diálogos. Esos son sus signos de identidad.

Los altos mandos del ejército americano no deben de quedar muy contentos, ni con el libro publicado ni con su adaptación televisiva. Los marines son descritos de muy diferentes formas, alocados, serios, bordeando la psicosis o consternados y compungidos por el trabajo que se ven obligados a realizar. Pero si algo sobresale sobre todo lo demás son las condiciones en las que se ven obligados a vivir y luchar, casi siempre sin suministros ni munición, con raciones cortas de comida y obligados a racionalizar las baterías o a procurarse el arreglo de sus propios vehículos. Eso no impide a los mandos superiores, esos que nunca pisan el campo de batalla hasta que la cosa se ha enfriado, mandarlos a misiones suicidas en busca de la condecoración o la medalla y los mismos que declaran a todo ser viviente como un blanco hostil y luego juzgan a los soldados por haber matado a un civil. Eso es algo que la serie no esconde y no son pocos los poblados y aldeas bombardeadas por error o los niños asesinados por los tiradores de gatillo fácil. Al mismo tiempo, entre los mandos intermedios hay de todo, desde tenientes cuyo buen juicio se ha ganado el respeto de sus soldados a enchufados e incompetentes que no hacen nada más que poner en peligro a los que dependen de ellos. Hay mucha crítica a la hipocresía de la intervención americana en Irak.

Destaca la convivencia entre los hombres, la exaltación de la amistad y los rencores y rencillas internas que se van creando. Unos son despreciados, de otros se hace burla y como de entre todos ellos nacen los líderes de campo, aquellos a los que la mayoría sigue sin rechistar, aunque sea a una situación de gran peligro.

Como también suele ser habitual, Generation kill estuvo presente en las quinielas de los Premios Emmy 2009, logrando el reconocimiento  a Mejores Efectos Especiales, siendo derrotada en el resto de apartados por Little Dorrit.

2 comentarios:

  1. Parece un The Wire en Irak. No sucede nada y de pronto todo estalla. Me encanta esa sensación de estar perdidos en medio de todo aquel infierno. Lo transmiten muy. No saben qué c... están haciendo y quiénes les mandan, pero allí están. Muriendo por nada. David Simon es un genio. Gracias HBO.

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  2. Se nota mucho que son los tíos detrás de The Wire los que se encargan de esto. Si te gusta una te gusta la otra, no hay nada más.

    Además, el pasado de periodistas de Simon le da mucho juego, ya que el a historia está basada en un libro de otro periodista, con el que colaboró.

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