martes, 19 de abril de 2011

El nombre del viento, de Patrick Rothfuss


Devan Lochees es un cronista dedicado a contar las vidas de las personalidades  más importantes de su época. Sus viajes lo llevan a una posada apartada del camino, en un pueblo alejado de las grandes rutas. Pero, ¿qué puede andar buscando en un lugar como ese que sea digno de contarse? ¿Es posible que el posadero, llamado Kove, sea en verdad Kvothe, el Arcano, el Sin Sangre, el Matador de Reyes?

Junto con Blast, su ayudante en la posada, Kvothe accederá a contar la historia de su vida, que se ha convertido en comidilla de tertulianos y en rumores de viejas, pero bajo sus propias condiciones: durante tres días narrará sin pausa pero sin prisa, dedicando el primero de ellos a su difícil infancia. A lo largo de este relato, iremos comprobando cómo Kvothe fue ganando muchos de sus nombres y habilidades por los que ha llegado a ser conocido y temido y las aventuras que le llevaron a convertirse en leyenda.

Profesor de Lengua y Filología Inglesa en la Universidad de Wisconsin, Rothfuss aparcó de lado sus labores y entregó siete años de su vida a escribir esta novela, la primera de una trilogía. Desde su publicación en 2007 se ha convertido en todo un éxito de ventas, que se ha visto reforzado por la aparición de la segunda parte hace pocos meses.  Su aparición ha supuesto un nuevo golpe de aire fresco al género de la fantasía épica y heroica, de capa y espada, donde la magia no es extraña ni el ambiente medieval  en el que se desarrolla.

La novela salta del presente, cuando Kvothe es Kove y vive retirado del mundo, oculto a sus amigos y enemigos; al pasado del protagonista, cuando era un niño criado en una familia de artistas nómadas circenses. Su vida cambiará cuando conozca a un mago, un arcanista que descubrirá en él una mente excepcional y al que irá instruyendo poco a poco en sus artes, lo justo y necesario para que algún día le sea posible ingresar en la Universidad de los Arcanistas.

Rothfuss maneja bien los resortes necesarios para ir haciendo apetecible una historia que, pese a narrarse en el marco de un solo día, se alarga demasiado. Los golpes que da la vida al protagonista y que lo convierte en mendigo, en mago, chico prodigio o en músico privilegiado son efectistas e interesantes. Hay que reconocer que es original, aunque con mucha imaginación y con cierto bagaje no es difícil situar esta historia como una visión muy personal de otros mitos como los de Star Wars o Harry Potter. Me ha resultado gracioso imaginarme a Obi Wan y Anakin regentando juntos una posada y no cuesta mucho acordarse del personaje creado por Rowling, con el que guarda una serie de semejanzas como la escuela de magia, su traumática orfandad o sus muchas virtudes. De hecho, está muy exagerada esta parte de su personalidad, llegando a destacar en todo lo que emprende y dejando muy atrás a la mayoría de sus competidores.

Aun así el producto final es entretenido, no es tan complejo como el primer volumen de Canción de hielo y fuego, aunque hereda del estilo de Martin  ese amor por el detalle y el realismo. A veces pierde algo de ritmo, sobre todo en momentos concretos como en su vida de vagabundo en una gran ciudad o sus encuentros con una misteriosa mujer de la que se enamora. El caso es que atrapa al lector y lo sumerge en una buena historia con un cierto toque de originalidad que deja con ganas de más. Las últimas críticas llegadas desde Estados Unidos elevan el nivel de la segunda parte, así que queda mucho por descubrir todavía.
El mundo ficticio donde se desarrolla la aventura

No hay comentarios:

Publicar un comentario