Este cómic es una gran broma. Una broma absurda y de mal gusto en muchos de sus descacharrantes momentos. El ideólogo principal tras este proyecto es Bill Wray, guionista de la mayoría de las historias y dibujante de muchas de ellas.
En sus orígenes un one-shot conmemorativo del Día de Halloween del año 1997 y una miniserie posterior de dos números; Bill Wray es un dibujante de estilo cómico y cartoon, muy ligado a la revista satírica americana MAD y que en televisión creó los personajes de Ren & Stimpy. Su alianza con Mignola dio pie a una serie de historias paródicas y de cachondeo ambientadas en el personal mundo de Hellboy, si bien situando a este en una infancia ficticia en el infierno, donde se nos narran sus travesuras y una serie de aventuras de diferentes personajes pintorescos y rocambolescos, todas con un punto de humor negro.
De ese modo, Hellboy Jr está harto de comer gusanos asados en todo momento y decide realizar un viajecito al exterior en busca de comida más sabrosa, cuando no simplemente por divertirse un poco, aunque para ello tenga que seguir los consejos de Adolf Hitler, uno de los condenados más famosos; algunas historias no están protagonizadas por el infante infernal, sino por otras criaturas como un niño de ternera hijo de una pareja de travestis; un pato retardado con síndrome de Edipo; una familia medio humana medio extraterrestre; una brujita enferma; un gigante apestoso o un oso de un parque metido en drogas y en actos delictivos –todas ellas parodias de personajes conocidos como el fantasma Casper o el oso Yogui-.
Una serie de historias delirantes que cuentan en su mayoría con guión del propio Wray y con los lápices de algunos dibujantes como Stephan DeStefano, Hilary Barta, Dave Cooper, Par McEown y cantidad de artistas que realizan pin-ups graciosos.
Las mejores historias son aquellas que cuentan con el arte de Mignola en el tablero de dibujo. Una parodia de una sola página de extensión donde cuenta el origen de la idea tras este tomo; la adaptación de un cuento alemán con Hellboy Jr de protagonista; una parodia de Frankestein llamada El hombre Calamar, cojonuda y lo mejor del tomo; o el primer coche del niño demonio.
La recopilación en volumen por lo tanto queda algo desigual, pero no deja de tener su gracia, sobre todo por la cantidad de situaciones chorras en las que nunca veremos a su protagonista en su propia serie.
Un año después de su publicación, en 1998, Mignola se hizo con el Premio Eisner al Mejor Escritor/Artista de Drama.



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