La serie de la FOX ha vivido su año más convulso, con varios frentes abiertos que la han mantenido en la cuerda floja por más tiempo del que sus aficionados hubieran deseado. Por un lado las tramas han ido creciendo en complejidad, lo que ha hecho que Fringe se sitúe por fin dentro de un género concreto como es el de la ciencia-ficción pura y dura, con toda la pérdida de posibles sectores de público que ello conlleva; al tiempo ha tenido que lidiar con las maniobras de la cadena FOX, que estuvieron a punto de condenarla al más absoluto de los ostracismos. Hace bien poco que se anunció que la serie de J. J. Abrams (Star Trek, Undercovers) renovaría para el año que viene. Y menos mal, porque la season finale ha sido tan cautivadora –si bien sorprende menos- como lo fue su predecesora.
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Recordamos que al final de la temporada anterior la guerra entre ambos universos paralelos quedaba declarada. Walternate, el otro yo del doctor Walter Bishop, es el Secretario de Defensa de los Estados Unidos y el máximo responsable de la Fringe Division. Sus maniobras han permitido intercambiar las Olivias de sendos universos, de modo que nuestra protagonista se encuentra prisionera en el otro lado sometida a todo tipo de experimentos, orientados a que olvide quién fue y vaya asimilando la personalidad y recuerdos de su otra versión. Mientras, la Olivia alternativa se ha introducido en nuestro mundo y está decidida a hacer todo lo posible por cumplir con su misión, que no es otra que encontrar una serie de piezas de una antiquísima máquina de destrucción capaz de aniquilar el universo. De hecho, llegará tan lejos como para iniciar una relación romántica con Peter Bishop, su nuevo compañero.
Muy original este comienzo de temporada, cuyos primeros capítulos irán alternándose de un universo a otro, ofreciéndonos algunos “casos semanales” –los últimos antes de convertirse en una historia río- pero siempre vertiendo aquí y allá datos interesantes sobre las principales tramas. Adquiere la mayor parte del protagonismo Olivia, a la que da vida una muy entregada Anna Torv y que incluso desarrollará una tercera versión de sí misma cuando se convierta en la última oportunidad de volver a ver a William Bell, que falleció al final de la segunda temporada. Pronto irá cediendo el testigo a su enamorado Peter, siendo Joshua Jackson el actor más limitado de todo el reparto. Ambos siempre secundados por esa mezcla entre genio loco y padre sobreprotector que encarna John Noble, siendo el punto central sobre el que gravitan la mayoría de momentos cómicos de la serie.
No hay que olvidar al resto de secundarios habituales de la serie, en uno y en otro universo, con Lance Reddick (The Wire) a la cabeza; Jasika Nicole como Astrid; Kirk Acevedo (Hermanos de sangre) como uno de los agentes del otro lado –genial la continuidad de este actor en la serie, ya que en nuestro universo acabó muerto- o Michael Cerveris (El circo de los extraños) como el primer –de muchos que están por aparecer- The Observer.
Hay una serie de capítulos que destacan sobre los demás. Aquellos protagonizados por Olivia en el otro universo cuando ella misma se sabe atrapada; un flashback de la infancia de Peter y sus problemas para adecuarse a su nueva familia y hogar –donde curiosamente coincidió con Olivia, cuando su padre experimentaba en ella-; la colisión de dos universos en el apartamento de una viuda; el rescate de la consciencia de William Bell y su conclusión con el LSD; aquel coprotagonizado por el actor Christopher Lloyd, dando la réplica a Walter Bishop y en general todos los relacionados con el final de temporada, cuando el enfrentamiento final y el destino de ambos universos se encuentra en la balanza.
Al mismo tiempo, los guionistas de Fringe se las han arreglado para ir desarrollando poco a poco las personalidades y sentimientos del trío protagonista. No podemos olvidar que Walter secuestró a su hijo Peter desde un universo paralelo, desencadenando sin saberlo la destrucción paulatina del mismo; que experimentó con Olivia cuando esta era una niña; que Peter tuvo una relación romántica y sexual con la otra Olivia alternativa, algo que afectará a la pareja en sí o que al final forman una disfuncional familia como pocas se han visto en televisión.
Merece la pena señalar la presencia de algunos personajes anecdóticos que enriquecen las tramas, como los propios Observadores o Sam Weiss, una especie de gurú de los bolos que sabe mucho de casi todo y es esencial en el devenir de las tramas. Así como la cantidad de referencias ocultas y guiños a los espectadores, la mayoría de ellas inabarcables en este post y a las que dedicaré uno futuro.
Es toda una alegría que la FOX haya renovado la serie para una cuarta temporada. Durante mucho tiempo se especuló con la cancelación de la misma y la mayoría de aficionados ya pedían un final digno, al menos. Su cambio en la parrilla de la televisión norteamericana se vio como el último movimiento por parte de la FOX antes de la cancelación, trasladándola a los viernes noche, cementerio particular y tradicional donde van a morir las series que han perdido el interés del público. Y es que hay que reconocer que Fringe es una serie de alto presupuesto que está muy bien realizada, que cuenta con una buena plantilla actoral; pero que está pensada para un público concreto, que es el que la lleva acompañando desde sus comienzos. Veo difícil que alguien se tope con un capítulo suelto y se enganche a la serie, por eso es importante que mantenga su audiencia, algo que este año no ha cumplido.
Aún así, y pese a encontrarse en la cuerda floja durante bastante tiempo, su renovación es un hecho. Los guionistas no quisieron arriesgarse a quedarse sin ofrecer explicaciones y han pisado el acelerador, resolviendo enigmas y atando cabos sueltos a gran velocidad. Eso nos deja con una trama principal que ha dado un giro de 180º en su capítulo final, por lo que nos queda ver por dónde irán los tiros en el próximo estreno.








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