miércoles, 4 de mayo de 2011

Valor de ley, la novela de Charles Portis


Con el estreno en cines de la última película de los hermanos Coen caí en la cuenta de que pese a tratarse de uno de mis géneros favoritos y de prácticamente quedarme embobado ante la pantalla cada vez que veía un vaquero o un indio, nunca me había acercado al western en su vertiente literaria. Cierto que sí que había leído tebeos, pero nunca una novela ambientada en el oeste americano. Ya me tocaba y gracias al oportunismo editorial, que ha aprovechado con muy buen ojo la adaptación que los Coen han hecho de esta novela, he podido acercarme a Valor de ley en su versión original, que no es otra que la novela de aventuras, ambientada en el oeste americano, en este caso a finales del Siglo XIX y en tierras de la frontera con los indios, lo que hoy en día es Oklahoma.

La novela en sí misma está considerada como una gran pieza de la literatura norteamericana de la época. Fue publicada por primera vez en 1968 y su autor, que pese a tener tan solo cinco novelas en su haber, está bastante bien considerado por la crítica especializada. Prueba de la repercusión de la novela es que ha sido adaptada dos veces a la gran pantalla y una a televisión. La primera vez fue en 1969, con Henry Hathaway tras las cámaras y el mítico John Wayne delante de ellas, lo que le valió el único Oscar de toda su carrera.

En Valor de ley, Mattie es una chica de 14 años que llega a la ciudad de Fort Smith con un único propósito: colocarse en la senda de Tom Chaney, el rufián que ha asesinado a su padre y llevarlo ante la justicia para su ahorcamiento. Pese a su corta edad –la historia está narrada en primera persona por la propia Mattie cuando ya es adulta, décadas después de lo que se está contando-, su inteligencia y determinación le valdrán la posibilidad de asociarse con el Comisario Federal Rooster Cogburn, un veterano de la guerra tuerto de un ojo, algo gordo y hastiado de la vida, a la que combate con frecuentes tragos a la botella. Sin embargo es el hombre indicado para el trabajo, dada su experiencia, sus agallas y su fama de tener el gatillo fácil. En su búsqueda por el territorio indio se les unirá el Ranger de Texas LaBoeuf, que anda también tras Chaney con motivo de una recompensa en su tierra natal. El carácter contrapuesto de estos tres improvisados compañeros dará pie a algunos de los mejores momentos de la historia.

No es difícil entender el éxito de Valor de ley, repleta de aventura y acción y de unos personajes carismáticos, aderezada con unos diálogos muy hábiles y con un trasfondo histórico muy acertado, como se puede comprobar en este artículo publicado en la web de La novela antihistórica. Además su concisión le da un toque de amenidad todavía mayor, porque cuando quieres darte cuenta la historia ya enfila el final y el libro te atrapa, obligándote a pasar las páginas compulsivamente en busca de la respuesta a la pregunta de si Mattie logrará su propósito o no.

Respecto a la nueva versión de los Coen, estos insistieron en que se trataba de una nueva revisitación de las páginas de Portis que de la antigua película de Hathaway y no podrían estar más acertados. La historia es calcada y los diálogos iguales en muchas de las situaciones. Tan solo en breves momentos se alejan los geniales hermanos de lo ideado por Portis, quizás para hacer más fuerte la relación entre Cogburn y Mattie, haciendo que en un tramo de la película se separen de LaBoeuf, algo que no ocurre en la novela. De la misma forma, se llega a apreciar que algunas de las situaciones y diálogos en manos de los Coen adquieren un cierto toque de cinismo o humor negro, muy propio de su filmografía.

Pero la realidad es que es igual de fantástica que la novela, que se disfruta en toda su extensión. Han pasado muchos años hasta que me he decidido a leer una novela del oeste y me estoy arrepintiendo de no haberlo hecho antes. A ver cuál será la siguiente. 

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