jueves, 5 de mayo de 2011

Robin: año uno, de Chuck Dixon, Scott Beatty & Javier Pulido y Marcos Martín


Si existe una constante a la que el personaje de Batman ha estado unido en todos sus años de carrera; esa es la presencia de su joven compañero de aventuras, Robin, cuyo rol ha sido desempeñado por diferentes jóvenes bajo la máscara, siendo sin duda uno de los ejemplos más claros a la hora de señalar esa evolución en el Universo DC; esa sensación de legado, al menos en la teoría.

Dick Grayson fue el primer Robin y en esta miniserie se nos cuenta su primer año como compañero del murciélago y las vicisitudes a las que tendrá que enfrentarse en su nueva doble vida. Cuatro números publicados en el año 2001 y que vienen a ser la primera gran colaboración del dibujante español Javier Pulido con la editorial –antes había realizado algunos números sueltos y se ocupó del cierre de la mítica colección Theincredible Hulk en Marvel-, además de la de Marcos Martín, que mimetizó el estilo de Pulido para ayudarle en una serie de páginas –diez o doce más o menos- y viñetas, de forma tan acertada que si no fuera por los títulos de crédito iniciales del tomo no podría diferenciarlos.  

Se trata también de la primera colaboración de los guionistas, los cuales siguieron trabajando juntos en otras miniseries, narrando esos primeros años en la vida de los personajes secundarios más importantes sacados de las series de Batman. Además, Dixon fue durante bastante tiempo el guionista de la serie Nightwing, donde se contaban las aventuras de Dick Grayson cuando ya había abandonado el manto de escudero de Bruce Wayne y se había instalado por su cuenta entre el plantel de héroes. Beatty ha hecho sus pinitos como guionista, pero donde es conocido es en la elaboración de libros teóricos sobre el Universo DC.

De nuevo con Alfred como narrador, la relación entre maestro y alumno irá evolucionando en una dirección clara: el problema que le supone a Batman, moralmente, el hecho de contar con un joven adolescente como compañero, por muy bien entrenado que esté. Tanto Jim Gordon como Alfred cuestionan su decisión y no están dispuestos a quedarse de brazos cruzados viendo como Batman pone en peligro la vida de un niño. La cosa empieza mucho mejor de lo que acaba, de manera que vemos como Robin va creciendo en determinación y protagonismo, hasta que finalmente encuentra la horma de su zapato, en la forma de Dos Caras, uno de los asesinos y villanos más sanguinarios de la enorme galería del señor de la noche. A partir de ahí llegan las inevitables dudas, pero la cosa se desinfla poco a poco hasta un final algo precipitado. Aún así la historia es legible, pierde algo de brío al final pero les queda muy entretenida. Y sobre todo tiene un cierto toque nostálgico y aventurero que se ve realzado por la gran labor con los lápices de Pulido.

Sin duda el apartado gráfico de esta miniserie supera con creces a los guiones de la misma. Situada cronológicamente después de la maxiserie Batman: Dark Victory, donde Batman y Robin se conocían; el equipo artístico comandado por Pulido y secundado por el entintador Robert Campanella y el colorista Lee Loughridge hicieron un gran esfuerzo por acercar su trabajo al de Tim Sale en dicha maxiserie. Son unas páginas muy coloridas, aunque Pulido prefiere dibujar más viñetas por página y así potenciar la secuenciación, en especial en las escenas de acción. Demuestra muchos recursos diferentes y no teme hacer un giro hacia un estilo más cartoon. También es más dinámico que el gran Tim Sale.

Villanos como el Sombrerero Loco, Mr.Frío o el Joker son aquí retratados por Pulido, así como los secundarios habituales de la serie.

Un buen tebeo, entretenido, bien dibujado en los inicios de la carrera norteamericana de dos de los autores españoles habituales ahora en el mercado –Pulido en Spider-Man y Martín acaba de pasar a Daredevil-. La historia se deja leer y tiene cierto interés desde el punto de vista de la extraña familia de tres miembros que representan Bruce, Dick y Alfred. Después de eso algún que otro guiño por aquí y por allá –el primer encuentro con Bárbara, por ejemplo- y poco más. Tampoco casaría una mayor profundidad con un estilo de dibujo tan alegre. 

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