Producción
internacional encabezada por Antonio Banderas (Autómata, Los mercenarios 3, Crónica de un engaño), rodada en
inglés y que narra los hechos reales ocurridos en el desierto de Atacama, en
Chile, cuando 33 mineros quedaron sepultados en lo más profundo de la mina de
San José durante más de dos meses, en agosto de 2010. La repercusión
internacional fue tan grande que prácticamente se vivió el difícil salvamento
en directo, una característica que el guión de la película, que adapta un libro
sobre el tema, no deja de lado. Mientras el gobierno chileno tomaba el control
del rescate, a las afueras de la mina se instalaba el campamento Esperanza, donde los familiares y
simpatizantes se trasladaron a vivir, ejerciendo así una nueva presión sobre
los políticos, debido a la enorme repercusión mediática que consiguieron.
El
español Mario Casas (La mula, Grupo7, El barco) acompaña a Banderas en el interior de la mina como uno de los
personajes más destacados, junto al norteamericano de origen filipino Lou
Diamond Phillips. Mientras que en el exterior de la mina podemos encontrarnos
con los rostros del brasileño Rodrigo Santoro (Focus), como el heroico Ministro de Minería; el irlandés Gabriel
Byrne (la primera temporada de Vikings,
Quirke); Bob Gunton o Juliette
Binoche (Cosmópolis) como una de las
más entregadas familiares en la lucha por rescatar a sus seres queridos.
Acompaña a la francesa, como rostro más conocido entre las actrices, el de la
mexicana Kate del Castillo, que protagonizara La reina del sur y cuyo nombre tanto hemos leído en la prensa hace
poco tiempo a raíz de su relación con “El Chapo” Guzmán.
La
película se hace entretenida, pero no aporta nada a un género ya más que
manido, por lo que se mueve por los cauces habituales de estas historias de
superación personal; de enfrentarse a lo desconocido para vencer juntos las
dificultades que vayan saliendo o de la atención mediática que en estos tiempos
modernos suelen atraer la tragedia y el desastre. Los actores están bien y la
directora mexicana rueda sin alardes, pero hay dos temas que me chirrían por
encima de todo lo demás y que me sacan de la película: en primer lugar, el
hecho de que esté rodada en inglés cuando la inmensa mayoría de actores son
hispanos y los hechos tuvieron lugar en Chile. Una decisión discutible pero
supongo necesaria para enfrentarse al mercado internacional, aunque este último
no ha respondido a las expectativas, ya que la producción apenas ha recuperado
en medio año los 25 millones de dólares presupuesto con los que contó.
La
segunda no es sino el buenrollismo que rodea toda la historia y que apenas nos
deja vislumbrar las mayores dificultades y miserias que seguro que los
protagonistas tuvieron que enfrentar, sobre todo los mineros, antes y después
de que lograran hacerles llegar los suministros. De nuevo una decisión
discutible, tomada seguro en base a una mayor aceptación del gran público,
tanto dentro como fuera de Chile. 


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