Con esta su segunda novela,
publicada en 2013, Cañadas se convertía en uno de los escritores de género
fantásticos más interesantes del panorama patrio. Algo que acabó confirmándose
dos años después cuando publicó en la editorial Valdemar su última novela hasta la fecha, Pronto será de noche.
Cañadas, que estudió
informática y que en la actualidad compagina su labor como escritor –tiene
muchos relatos cortos en su haber, un formato que tradicionalmente le ha
sentado bien al género fantástico- con su trabajo en la Feria del Libro de
Frankfurt, consigue un equilibrio nada sencillo en Los nombres muertos.
En primer lugar se podría
discutir si se trata tan solo de un homenaje a la literatura de Lovecraft donde el propio Lovecraft y
su círculo íntimo de conocidos y amigos –Frank Belknap Long o Robert E. Howard-
se convierten en protagonistas de la historia, siempre tras los pasos del
mítico Necronomicón. Pero eso sería quedarse corto. La lectura de Los nombres muertos recuerda en muchos
sentidos a esos viejos relatos pulp de acción trepidante donde tenían lugar un
buen montón de hechos encadenados, a veces sin ton ni son, que daban lugar a
una historia de aventuras repleta de imaginación y tremendamente entretenida
que a su ambientación en la década de los treinta hay que añadir una serie de
localizaciones de lo más curiosas, alejadas de la Providence natal del
protagonista: Londres, Berlín, la costa portuguesa o Damasco.
Pero de nuevo nos quedaríamos
fuera de juego si redujéramos esta novela a un simple relato de serie B –sin
que ninguno de estos tenga nada de malo. Autores como Robert E. Howard o Edgar Rice Burroughs le sacaron mucho partido-. Cañadas hace un enorme esfuerzo
de ambientación y no teme echar mano de personajes reales, aunque solo sea para
complicarles la existencia (Tolkien,
por ejemplo, tiene un breve y fatídico papel y no es el único reputado escritor
que hace acto de presencia: Arthur Machen o Aleister Crowley también aparecen).
Imprime un ritmo trepidante a las tramas, que rebosan aventura y acción, humor
(debido sobre todo al carácter particular del protagonista), terror cotidiano y
horror cósmico e incluso se atreve con una atípica historia de amor entre
Lovecraft y su ex esposa, Sonia Green. Una mezcla de géneros nada fácil del que
el autor sale airoso en todo momento, teniendo en cuenta que en muchos momentos
imita el estilo de escritura del mismísimo Lovecraft.
Aunque es cierto que ante
tanto giro de la historia, tanto personaje que no es quién dice ser y tanta
velocidad a veces el lector puede sentirse indefenso y un poco perdido. Hay
muchas referencias a un determinado tipo de literatura que hay que conocer
antes de embarcarse en este viaje, no solo relacionada con Lovecraft. A veces
me ha dado la sensación de que se abarcaba demasiado, de que era necesario
algún momento de pausa. Aunque imagino que entonces sería un tipo de historia
muy diferente, ajena a lo que quería contar el autor.
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