martes, 25 de abril de 2017

Los nombres muertos, de Jesús Cañadas

Con esta su segunda novela, publicada en 2013, Cañadas se convertía en uno de los escritores de género fantásticos más interesantes del panorama patrio. Algo que acabó confirmándose dos años después cuando publicó en la editorial Valdemar su última novela hasta la fecha, Pronto será de noche.

Cañadas, que estudió informática y que en la actualidad compagina su labor como escritor –tiene muchos relatos cortos en su haber, un formato que tradicionalmente le ha sentado bien al género fantástico- con su trabajo en la Feria del Libro de Frankfurt, consigue un equilibrio nada sencillo en Los nombres muertos.

En primer lugar se podría discutir si se trata tan solo de un homenaje a la literatura de Lovecraft donde el propio Lovecraft y su círculo íntimo de conocidos y amigos –Frank Belknap Long o Robert E. Howard- se convierten en protagonistas de la historia, siempre tras los pasos del mítico Necronomicón. Pero eso sería quedarse corto. La lectura de Los nombres muertos recuerda en muchos sentidos a esos viejos relatos pulp de acción trepidante donde tenían lugar un buen montón de hechos encadenados, a veces sin ton ni son, que daban lugar a una historia de aventuras repleta de imaginación y tremendamente entretenida que a su ambientación en la década de los treinta hay que añadir una serie de localizaciones de lo más curiosas, alejadas de la Providence natal del protagonista: Londres, Berlín, la costa portuguesa o Damasco.

Pero de nuevo nos quedaríamos fuera de juego si redujéramos esta novela a un simple relato de serie B –sin que ninguno de estos tenga nada de malo. Autores como Robert E. Howard o Edgar Rice Burroughs le sacaron mucho partido-. Cañadas hace un enorme esfuerzo de ambientación y no teme echar mano de personajes reales, aunque solo sea para complicarles la existencia (Tolkien, por ejemplo, tiene un breve y fatídico papel y no es el único reputado escritor que hace acto de presencia: Arthur Machen o Aleister Crowley también aparecen). Imprime un ritmo trepidante a las tramas, que rebosan aventura y acción, humor (debido sobre todo al carácter particular del protagonista), terror cotidiano y horror cósmico e incluso se atreve con una atípica historia de amor entre Lovecraft y su ex esposa, Sonia Green. Una mezcla de géneros nada fácil del que el autor sale airoso en todo momento, teniendo en cuenta que en muchos momentos imita el estilo de escritura del mismísimo Lovecraft.

Aunque es cierto que ante tanto giro de la historia, tanto personaje que no es quién dice ser y tanta velocidad a veces el lector puede sentirse indefenso y un poco perdido. Hay muchas referencias a un determinado tipo de literatura que hay que conocer antes de embarcarse en este viaje, no solo relacionada con Lovecraft. A veces me ha dado la sensación de que se abarcaba demasiado, de que era necesario algún momento de pausa. Aunque imagino que entonces sería un tipo de historia muy diferente, ajena a lo que quería contar el autor.
El autor

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