Equilibrio. No se me ocurre otra
manera de describir lo mejor que tiene esta serie. Y eso que en su tercera
temporada no logra igualar el nivel de su predecesora, ya que en la vertiente
familiar de Alicia se echa de menos todo lo que añadía la campaña política de
su marido. Aunque la separación de los Florrick y el tan ansiado affaire de Alicia con Will ayudan a
rellenar este vacío.
La serie sigue con su juicio
semanal, lo ideal para empatar al espectador, mientras que el desarrollo en
paralelo de las subtramas ayuda a fidelizarlo. Aunque Alicia es el personaje
principal y es sobre ella que gravitan la mayoría de personajes, el desarrollo
de los secundarios, incluso de aquellos que tan solo aparecen muy de vez en
cuando, está tan cuidado que no viven a la sombra de la figura central, sino
que tienen su propia esencia. El pasado oculto de Kalinda, que cada vez se
intuye más oscuro, junto a su distanciamiento de Alicia –al final de la
temporada pasada se descubría que la investigadora había tenido un affaire con Peter Florrick, lo que
forzaba a Alicia a echar a su marido de la casa que compartía con sus hijos- la
convierten en uno de los personajes más interesantes; pero no se queda atrás
Eli Gold, que mientras Peter se asienta como nuevo Fiscal del Distrito, ha
decidido traerse sus negocios de crisis
management a Lockhart & Gardner,
lo que traerá nueva savia a un bufete que no se encuentra precisamente en sus
mejores momentos.
Es posible que en esta
temporada, mucho más que en las dos anteriores, la vida laboral de Alicia haya
tenido más peso que la personal. A través de la figura de Will, que ha cometido
varios errores en su pasado que ahora van a salir a la luz, el despacho de
abogados va a ser asediado por múltiples frentes que amenazan con su
supervivencia. Menos mal que al frente del mismo se encuentra Diane Lockhart,
otro de los personajes más queridos por la audiencia. Incluso el antes
ambicioso Cary va a vivir una evolución de lo más interesante, una vez se
convierta en el hombre de confianza de Peter Florrick en la fiscalía.
También resulta dificilísimo
ese equilibrio entre seriedad y entretenimiento. The Good Wife está considerada una serie dramática, pero atesora
una enorme cantidad de recursos cómicos y el sentido del humor está muy
presente en los comentarios irónicos de Alicia; en las salidas de tono de Eli
Gold y su manera de enfrentarse a los problemas de sus clientes o en la
exageración de personajes como David Lee, el exitoso abogado de divorcios del
bufete; el hermano gay de la protagonista o la excéntrica abogada a la que
interpreta Carrie Preston.
Curiosamente, la temporada
concluye con cierto cambio de roles, dando un respiro al matrimonio Florrick y
poniendo en la picota al bufete y a todos sus integrantes. En el futuro, una
lucha financiera por la supervivencia y una trepidante carrera política, esta
vez por el puesto de gobernador, a raíz de la introducción del personaje al que
interpreta Matthew Perry, el inolvidable Chandler de Friends.
En su tercer año en antena, The Good Wife siguió cautivando a
crítica y público y tuvo una importante presencia en los Emmy –aunque al igual que el año anterior, tan solo consiguió uno,
esta vez para la actriz Martha Plimpton en un papel secundario, dando vida a
una de las abogadas recurrentes a las que se enfrenta Alicia, precisamente en
el desenlace de la temporada-.




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