miércoles, 24 de mayo de 2017

Agentes de SHIELD. Cuarta temporada

Es muy difícil mantener el nivel a lo largo de una temporada completa de 22 episodios y menos para Agents of SHIELD. Dos de los principales puntos de interés de la serie, su conexión con el Universo Cinemático Marvel por un lado y su capacidad de convertirse en el mejor escaparate posible de la ingente cantidad de ideas y personajes que habitan los cómics por otro, la hace muy difícil de tragar para el público generalista. Es por eso que siempre hay una apuesta por capítulos repletos de acción y ritmo rápido, donde los efectos especiales pueden brillar más cómodamente: tecnología de ciencia-ficción, coreografías de lucha y multitud de superseres que dan rienda suelta a sus poderes. Hay que compensar de alguna manera a los no iniciados.

Aun así no han sido pocos los momentos donde le cuesta mucho mantener un ritmo adecuado, sin poder evitar meter relleno. Es difícil idear tramas y más tramas interesantes a lo largo de una temporada tan larga. Quizás por ello en esta última se ha podido comprobar cierto esfuerzo por compartimentarla, de modo que Agents of SHIELD tenga su propia historia que contar. Para ello se ha recurrido a tres arcos argumentales muy bien definidos, con varias subtramas que se alargan a lo largo de toda la temporada, generando los suficientes puntos de conexión como para que las partes parezcan un todo más grande. Algo que lleva funcionando muchos años en los cómics.


La nueva situación que se nos plantea es la de una agencia de espionaje que se prepara para salir de nuevo a la luz y bajo un nuevo director, relegando a Coulson a agente de campo. Daisy se ha marchado de la agencia y libra su propia guerra particular por el pueblo Inhumano, lo que pone a sus amigos en una situación complicada. La serie entronca directamente con la situación que introdujeron las películas Los Vengadores: la Era de Ultrón y la tercera parte del Capitán América, Civil War y cuya principal consecuencia es la creación de un Acta de Registro donde todos los seres con poderes deben estar debidamente apuntados.

El primer arco argumental de la serie bebe de manera indirecta del reciente éxito del Doctor Extraño, que introducía en el Universo Cinemático un concepto nuevo y sorprendente: lo sobrenatural. Así, el principal reclamo a lo largo de los ocho primeros episodios, aparte de comprobar la nueva dinámica de los protagonistas, es presenciar a Robbie Reyes, la última encarnación del Motorista Fantasma. Que no es la única referencia directa a los tebeos: el nuevo director de SHIELD no es sino Jeffrey Mace, el que fuera tercera encarnación del Capitán América y aquí reconvertido en Inhumano o la presencia del Darkhold, el libro maldito por antonomasia del Universo Marvel. Incluso se permiten el lujo de recuperar algunas subtramas e ideas que quedaron pendientes tras la cancelación de la segunda temporada de Agente Carter, como la Roxxon o la materia oscura.


El segundo arco, que engloba los siguientes siete capítulos, tiene en su centro a los SDV o Simuladores de Vida, androides prácticamente indistinguibles de los seres humanos que vivieron su momento de gloria en los cómics gracias a personajes como Nick Furia o Tony Stark, muy dados a usar este tipo de sorpresas. Eso introduce un elemento paranoico entre los principales personajes y lo que es más sorprendente, eleva el nivel de amenaza al que se enfrenta SHIELD, ya que el androide principal, Aida, demuestra una determinación y un éxito atípico en los villanos habituales de la serie. De hecho, este arco argumental termina con un buen montón de sorpresas y un enorme cliffhanger que hubiera valido por sí solo como final de temporada, recuperando de nuevo al agente Ward –sí, por muy imposible que pareciera-.
Como curiosidad, también podemos encontrarnos con una versión un tanto descafeinada de Nitro.

En su parte final se nos introduce en un mundo virtual alternativo donde los roles de nuestros personajes han cambiado drásticamente y donde Hydra ha prevalecido sobre SHIELD, de modo que tiene el control absoluto sobre el país. Tan solo Daisy y Simmons saben la verdad, mientras que el resto de sus compañeros permanecen ajenos a la auténtica realidad detrás de su nueva vida, donde su mayor miedo ha sido removido por la manipulación de Aida. Este arco, denominado Agents of HYDRA, ha conseguido poner a los personajes en una situación realmente complicada donde tienen todas las de perder, algo que se echaba de menos en temporadas anteriores. También es una oportunidad para poder ver a algunos actores que aparecieron en capítulos anteriores y que ahora son aquí recuperados. Como única pega se le puede poner que se centra en exceso en los principales personajes, dejando de lado a un buen puñado de secundarios que iban ganando cada vez más en interés.


Me ha gustado más esta cuarta temporada que otras anteriores, creo que la serie progresa adecuadamente y eso que este año no han podido contar con ningún estreno en pantalla grande que le sirviera como lanzadera. Tal vez por eso ha sido renovada por un año más y esperemos que continúe con la línea ascendente que viene demostrando prácticamente desde sus titubeantes comienzos. 

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