Scott Snyder (The Wake) lleva varios años como
principal guionista de la franquicia del murciélago, desde el polémico reboot que la editorial llevó a cabo hace unos años con The New 52 –sustituyó en el organigrama a Grant Morrison, lo que
nunca es sencillo-. Gracias sobre todo a la unidad gráfica que le otorgó su
dibujante Greg Capullo, la colección de ambos se convirtió en una de las más
laureadas de toda la etapa. Ahora, tras un nuevo evento, Renacimiento, que ha vuelto a afectar a la práctica totalidad de
las colecciones de DC Comics, el
guionista neoyorkino abandona las cabeceras principales del Caballero Oscuro y
estrena una nueva serie en la que él sigue siendo el protagonista, mientras van
rotando equipos creativos diferentes en el tablero de dibujo, lo que le permite
seguir siendo uno de los responsables principales del devenir del personaje.
All-Star Batman recupera el título que utilizaran Frank Miller y
Jim Lee para su proyecto inconcluso, convertido esta vez en serie regular. Para
su lanzamiento se ha contado con los lápices de un John Romita Jr. que acompañado
a las tintas por Danny Miki y al color por Dean White ha demostrado una
robustez mayor a la que nos tenía acostumbrados en proyectos de hace unos años
-lo último en DC Comics fue una historia
con Superman y Geoff Johns Los hombres del mañana-. También es el dibujante ideal para una serie de números que
contienen un mayor número de páginas, ya que Romita Jr. siempre se ha
caracterizado por poseer cierta velocidad con los lápices, al mismo tiempo que
mantenía un nivel bastante alto. Con el paso del tiempo cada vez le costaba más
cumplir con un número de páginas mayor y un buen acabado, algo que en Marvel no supieron gestionar tan bien
como lo están haciendo ahora en DC.
Centrándonos en la historia,
Snyder hace uso de una caracterización del personaje bastante curiosa: un
Batman que mola, que recibe constantes palizas a lo largo de los cinco números
que dura la saga y que siempre se levanta en busca de más con una sonrisa socarrona
en los labios y una nueva carta bajo la manga, normalmente en forma de
artilugio escondido entre los recovecos de su traje. Me ha sorprendido el uso
del sentido del humor en una historia repleta de violencia y sangre y el hecho
de elegir una localización que a priori va en contra de los intereses del
dibujante, mucho más cómodo en ambientes urbanos. En vez de utilizar la ciudad
de Gotham, Snyder se lleva al Caballero Oscuro a una cruzada a lo largo de
ochocientos kilómetros al norte de la metrópoli cargando con un contrariado Dos
Caras y con la única ayuda de su último pupilo, Duke –que por cierto, a lo
largo de los primeros cuatro episodios cuenta con un complemento protagonizado
por él mismo dibujado por Declan Shalvey-.
Snyder nos narra una historia
de acción pura y dura, tremendamente entretenida, donde Batman debe llevar a
cabo una misión crucial para el futuro de su antiguo amigo Harvey Dent –el
guionista refuerza la relación entre ambos a través de varios flashbacks- mientras es asediado por buena
parte de los criminales de Gotham. Supervillanos de segunda fila y otros más
conocidos como Killer Croc o la nueva versión de la KGBestia, sin olvidar al
Pingüino o al Tribunal de los Búhos. Las tramas principales avanzan planteando
continuamente pequeños misterios que el lector debe intuir para responder a una
serie de preguntas, como cuál es el objetivo final de Bruce Wayne y por qué
parece tener a todo el mundo en contra para llevarlo a cabo, incluido la propia
policía de Gotham o su fiel Alfred.
Una historia que funciona con
un guionista que se siente cómodo para probar cosas nuevas y con un apartado
gráfico más que correcto, que en la edición de ECC, en grapa, se complementa con las abundantes portadas
alternativas.




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