jueves, 20 de julio de 2017

Twin Peaks. Segunda temporada

Pese a conseguir la renovación para una segunda tanda de 22 episodios y convertirse en una de las series más influyentes del momento, la audiencia no respondió demasiado bien a los ligeros cambios de tono con respecto a la primera temporada y la cadena ABC la finiquitó, quién sabe si aposta o no, al cambiar el día de emisión al fin de semana. Y aunque luego reculó debido a las críticas de los aficionados y del propio Lynch, el daño ya estaba hecho y Twin Peaks fue cancelada tras finalizar su segunda temporada, no sin que antes el propio Lynch volviera como director para filmar una conclusión que tenía muy poco de cierre y que dejó con un pasmo a los aficionados más fieles.

Tanto Lynch como Frost cargaron las tintas contra los mandamases de la cadena, que no supieron o no quisieron seguirles la corriente y forzaron la revelación del gran misterio que había dado origen y esencia a toda la producción: ¿quién mató a Laura Palmer? A raíz de esto, cuando apenas se había emitido la primera mitad de la temporada, la trama central quedaba cerrada y a partir de entonces tocaba reinventarse, por lo que los guionistas decidieron centrarse en el personaje principal, el agente Cooper, al que empezaron a multiplicársele los problemas debido a las maquinaciones en la sombra de un enemigo al que creía fuera de juego y que no es ni más ni menos que su antiguo compañero y mentor, Windom Earle.
El Gigante

Pero antes de todo eso hay que centrarse en una primera parte de la temporada donde Lynch y Frost estuvieron más implicados: Lynch dirigió el primer episodio de doble duración y el segundo, además de participar como actor secundario dando vida al jefe de Cooper, un hombre con serios problemas de oído que venía a ser un nuevo recurso cómico. El problema es que era un aspecto de la serie que se había potenciado en exceso con respecto a su primera temporada, de manera que la mayoría de subtramas no relacionadas con el asesinato de Laura Palmer acababan sacando al espectador del misterio y la locura que rodeaba a la investigación: no solo la relación entre Lucy y Andy en la comisaría, con un triángulo romántico bastante pillado por los pelos, sino el resto de tramas serias, como la que tiene a Leo en coma y a su mujer cuidándole por el dinero del seguro; Nadine y su vuelta a la adolescencia con una fuerza sobrehumana o todo lo relacionado con la serrería y el regreso de Catherine de entre los muertos. Además, la mayoría de subtramas acababan con uno de los principales implicados muerto, para ser sustituida de inmediato por otra del estilo.
Demasiados momentos de comedia

Mientras que el nombre de Frost lo podemos encontrar en el primer episodio, el cuarto, el séptimo –de nuevo dirigido por Lynch- y el noveno, antes de desaparecer hasta el capítulo final y donde volvió a reunirse con su compañero. Sus compromisos profesionales les impidieron seguir de cerca el desarrollo de la serie y esta pagó el precio, cayendo en barrena y volviéndose cada vez más tópica y aburrida. En su segunda parte de temporada hay poco salvable, salvo la inclusión de algún actor mítico de la época y no es extraño que la audiencia desertara en masa.
Annie

Pero en esos primeros episodios sí que hay mucho que rescatar. A un agente Cooper que ha sido tiroteado y que yace moribundo en el suelo de su habitación comienzan a sucederle cosas absurdas y surrealistas, la primera de ellas con la presencia de un anciano camarero del hotel que no parece darse cuenta de nada de lo que ocurre a su alrededor; antesala de la aparición del Gigante, una visión que insta a Cooper a seguir tres pistas que debe descifrar y que toma prestado su anillo de oro, que devolverá en su debido momento cuando el misterio en torno a Laura Palmer quede resuelto. Este personaje sobrenatural aparecerá en determinados momentos para advertir o guiar a Cooper, cuya primera parada es clara: encontrar a Mike el Manco.

Y todo esto mientras se desarrolla una subtrama de acción en la que Audrey ha sido secuestrada y donde el agente Cooper será pieza fundamental a la hora de salvarla. Hasta que todo salte por los aires en el séptimo episodio y lo sobrenatural actúe como explicación del verdadero asesino de Laura, al que vemos cometer otro crimen, el de Maddie, la prima de la víctima que interpretaba la misma actriz. En los siguientes dos capítulos se aclaran varias dudas sobre todo lo que está ocurriendo y se da carpetazo a la trama. El incauto espectador comienza a comprender algo mejor la verdadera naturaleza que se esconde tras las presencias de Mike el Manco y Bob, sin dejar de lado a la del Gigante.
 
"Nos vemos en 25 años"
A partir de entonces la serie comienza a perder interés salvo en pequeños momentos, como la desaparición del Mayor Briggs y su secreta ocupación para el gobierno. Lo sobrenatural no desaparece, pero se vuelve más tópico y no es hasta el final que comienza a relacionarse el pasado mítico de la zona con una serie de conceptos como la Logia Negra. El último episodio abunda en la metafísica en torno a La Habitación Roja que conocimos en la primera temporada –tenemos de vuelta al enano bailarín- y lo poco que podemos sacar en claro es que Cooper logra acceder a ese lugar de forma física y mental y que consigue salvar a Annie, un interés romántico interpretado por Heather Graham, a costa de su propia alma, ya que vuelve poseído por Bob –que antes ha dado buena cuenta del alma de Earle, empeñado en jugar con fuerzas que no puede controlar ni comprender-. Por si todo eso no fuera suficiente para volarle la cabeza a cualquier aficionado, muchas otras tramas quedaban en suspenso con la vida en juego de personajes principales de la serie y de los que nunca más se supo si habían sobrevivido o no.
 
La posesión final
Lynch se planteó realizar un episodio memorable, pero se olvidó de que el espectador quería comprender algo de lo que allí se contaba y además no tuvo en cuenta que la serie no iba a continuar. Aun así se la jugó y volvió a introducir a Laura Palmer en su personificación de adulta, que le vaticinaba al agente Cooper que en 25 años volverían a encontrarse, justo el tiempo que ha pasado hasta que se ha estrenado la tercera temporada, ahora mismo en emisión. Pero en aquel momento la conclusión dejó con un palmo de narices a los aficionados y para más risas, Lynch estrenó en el Festival de Cannes en 1992 Twin Peaks: fuego camina conmigo, una ¡precuela! de la serie donde se narraban los últimos días de vida de Laura Palmer. Una historia que no gustó a casi nadie, que provocó una lluvia de críticas sobre el cineasta y no ha sido hasta que han transcurrido algunos años que ha ido tomando posición como otra pieza de culto del original director.
 
Miss Twin Peaks

La segunda temporada de Twin Peaks empezó bien, pero a raíz de la revelación del asesino de Laura Palmer –su propio padre, poseído por el espíritu de Killer Bob- la serie decae a velocidad de crucero hasta la vuelta de sus creadores al primer plano, aunque demasiado tarde para evitar la cancelación. Esta segunda mitad de temporada queda en el recuerdo por la presencia de una serie de actores jóvenes que luego siguieron haciendo cine y televisión: David Duchovny como un agente de la DEA travestido amigo de Cooper; Billy Zane como un millonario que se ha convertido en la última esperanza para salvar los negocios de los Horne y que acaba siéndolo de la propia Audrey o Heather Graham, una monja que ha colgado los hábitos y que se enamora perdidamente del agente Cooper. 

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