Pese a conseguir la renovación
para una segunda tanda de 22 episodios y convertirse en una de las series más
influyentes del momento, la audiencia no respondió demasiado bien a los ligeros
cambios de tono con respecto a la primera temporada y la cadena ABC la
finiquitó, quién sabe si aposta o no, al cambiar el día de emisión al fin de
semana. Y aunque luego reculó debido a las críticas de los aficionados y del
propio Lynch, el daño ya estaba hecho y Twin
Peaks fue cancelada tras finalizar su
segunda temporada, no sin que antes el propio Lynch volviera como director para
filmar una conclusión que tenía muy poco de cierre y que dejó con un pasmo a
los aficionados más fieles.
Tanto Lynch como Frost
cargaron las tintas contra los mandamases de la cadena, que no supieron o no
quisieron seguirles la corriente y forzaron la revelación del gran misterio que
había dado origen y esencia a toda la producción: ¿quién mató a Laura Palmer? A
raíz de esto, cuando apenas se había emitido la primera mitad de la temporada,
la trama central quedaba cerrada y a partir de entonces tocaba reinventarse,
por lo que los guionistas decidieron centrarse en el personaje principal, el
agente Cooper, al que empezaron a multiplicársele los problemas debido a las
maquinaciones en la sombra de un enemigo al que creía fuera de juego y que no
es ni más ni menos que su antiguo compañero y mentor, Windom Earle.
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| El Gigante |
Pero antes de todo eso hay que
centrarse en una primera parte de la temporada donde Lynch y Frost estuvieron más
implicados: Lynch dirigió el primer episodio de doble duración y el segundo,
además de participar como actor secundario dando vida al jefe de Cooper, un
hombre con serios problemas de oído que venía a ser un nuevo recurso cómico. El
problema es que era un aspecto de la serie que se había potenciado en exceso
con respecto a su primera temporada, de manera que la mayoría de subtramas no
relacionadas con el asesinato de Laura Palmer acababan sacando al espectador
del misterio y la locura que rodeaba a la investigación: no solo la relación
entre Lucy y Andy en la comisaría, con un triángulo romántico bastante pillado
por los pelos, sino el resto de tramas serias, como la que tiene a Leo en coma
y a su mujer cuidándole por el dinero del seguro; Nadine y su vuelta a la
adolescencia con una fuerza sobrehumana o todo lo relacionado con la serrería y
el regreso de Catherine de entre los muertos. Además, la mayoría de subtramas
acababan con uno de los principales implicados muerto, para ser sustituida de
inmediato por otra del estilo.
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| Demasiados momentos de comedia |
Mientras que el nombre de
Frost lo podemos encontrar en el primer episodio, el cuarto, el séptimo –de
nuevo dirigido por Lynch- y el noveno, antes de desaparecer hasta el capítulo
final y donde volvió a reunirse con su compañero. Sus compromisos profesionales
les impidieron seguir de cerca el desarrollo de la serie y esta pagó el precio,
cayendo en barrena y volviéndose cada vez más tópica y aburrida. En su segunda
parte de temporada hay poco salvable, salvo la inclusión de algún actor mítico
de la época y no es extraño que la audiencia desertara en masa.
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| Annie |
Pero en esos primeros
episodios sí que hay mucho que rescatar. A un agente Cooper que ha sido
tiroteado y que yace moribundo en el suelo de su habitación comienzan a sucederle
cosas absurdas y surrealistas, la primera de ellas con la presencia de un
anciano camarero del hotel que no parece darse cuenta de nada de lo que ocurre
a su alrededor; antesala de la aparición del Gigante, una visión que insta a
Cooper a seguir tres pistas que debe descifrar y que toma prestado su anillo de
oro, que devolverá en su debido momento cuando el misterio en torno a Laura
Palmer quede resuelto. Este personaje sobrenatural aparecerá en determinados
momentos para advertir o guiar a Cooper, cuya primera parada es clara:
encontrar a Mike el Manco.
Y todo esto mientras se
desarrolla una subtrama de acción en la que Audrey ha sido secuestrada y donde
el agente Cooper será pieza fundamental a la hora de salvarla. Hasta que todo
salte por los aires en el séptimo episodio y lo sobrenatural actúe como
explicación del verdadero asesino de Laura, al que vemos cometer otro crimen,
el de Maddie, la prima de la víctima que interpretaba la misma actriz. En los
siguientes dos capítulos se aclaran varias dudas sobre todo lo que está
ocurriendo y se da carpetazo a la trama. El incauto espectador comienza a
comprender algo mejor la verdadera naturaleza que se esconde tras las
presencias de Mike el Manco y Bob, sin dejar de lado a la del Gigante.
A partir de entonces la serie
comienza a perder interés salvo en pequeños momentos, como la desaparición del
Mayor Briggs y su secreta ocupación para el gobierno. Lo sobrenatural no
desaparece, pero se vuelve más tópico y no es hasta el final que comienza a
relacionarse el pasado mítico de la zona con una serie de conceptos como la Logia Negra. El último episodio abunda
en la metafísica en torno a La Habitación
Roja que conocimos en la primera temporada –tenemos de vuelta al enano
bailarín- y lo poco que podemos sacar en claro es que Cooper logra acceder a
ese lugar de forma física y mental y que consigue salvar a Annie, un interés
romántico interpretado por Heather Graham, a costa de su propia alma, ya que
vuelve poseído por Bob –que antes ha dado buena cuenta del alma de Earle,
empeñado en jugar con fuerzas que no puede controlar ni comprender-. Por si
todo eso no fuera suficiente para volarle la cabeza a cualquier aficionado,
muchas otras tramas quedaban en suspenso con la vida en juego de personajes principales
de la serie y de los que nunca más se supo si habían sobrevivido o no.
Lynch se planteó realizar un
episodio memorable, pero se olvidó de que el espectador quería comprender algo
de lo que allí se contaba y además no tuvo en cuenta que la serie no iba a
continuar. Aun así se la jugó y volvió a introducir a Laura Palmer en su
personificación de adulta, que le vaticinaba al agente Cooper que en 25 años
volverían a encontrarse, justo el tiempo que ha pasado hasta que se ha
estrenado la tercera temporada, ahora mismo en emisión. Pero en aquel momento
la conclusión dejó con un palmo de narices a los aficionados y para más risas,
Lynch estrenó en el Festival de Cannes en 1992 Twin Peaks: fuego camina conmigo, una ¡precuela! de la serie donde
se narraban los últimos días de vida de Laura Palmer. Una historia que no gustó
a casi nadie, que provocó una lluvia de críticas sobre el cineasta y no ha sido
hasta que han transcurrido algunos años que ha ido tomando posición como otra
pieza de culto del original director.
La segunda temporada de Twin Peaks empezó bien, pero a raíz de
la revelación del asesino de Laura Palmer –su propio padre, poseído por el
espíritu de Killer Bob- la serie
decae a velocidad de crucero hasta la vuelta de sus creadores al primer plano,
aunque demasiado tarde para evitar la cancelación. Esta segunda mitad de
temporada queda en el recuerdo por la presencia de una serie de actores jóvenes
que luego siguieron haciendo cine y televisión: David Duchovny como un agente
de la DEA travestido amigo de Cooper; Billy Zane como un millonario que se ha
convertido en la última esperanza para salvar los negocios de los Horne y que
acaba siéndolo de la propia Audrey o Heather Graham, una monja que ha colgado
los hábitos y que se enamora perdidamente del agente Cooper.








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