Han tenido que pasar veinte
años para que el mago por antonomasia del Universo
Marvel vuelva a protagonizar su propia serie regular, la tercera a lo largo
de su larga historia desde que fuera creado por Stan Lee y Steve Ditko a
mediados de 1963 en el mítico Strange
Tales #110. Pese a que se trata de un personaje que ha contado con grandes etapas
lideradas por autores como Roger Stern (La caída de los vampiros), en los últimos tiempos ha sobrevivido como
secundario de lujo en series grupales o con impactantes apariciones en los
grandes eventos de la editorial. Pero sobre todo gracias a algunos proyectos
especiales como El juramento de
Vaughan y Martín.
La excusa perfecta para volver
a lanzar una colección protagonizada por el antiguo cirujano fue el estreno de
la adaptación cinematográfica liderada por el director Scott Derrickson y por
la estrella Benedict Cumberbatch. Doctor Strange se estrenaba a finales de 2016 y apenas un año antes lo hacía la
nueva serie regular, bajo la batuta del editor Nick Lowe, que puso al frente de
la misma a Jason Aaron, guionista fuerte de la editorial que tiene en su haber
la franquicia más exitosa de Marvel
en la actualidad: la de Star Wars.
Aaron, que se resiste a dejar
de lado el resto de cómics de temática adulta que escribe en editoriales como Image, solo tiene tiempo para dos
personajes más: el poderoso Thor, al
que relanzó en Marvel Now! junto a
Esad Ribic y que tanta polémica ha levantado y esta nueva versión del Doctor
Extraño, una de las más carismáticas que recuerdo y con un punto pasota y
aventurero que contrasta con esa grandeza y serenidad con la que se suele
retratar al personaje. Como compañero de fatigas, Aaron pidió expresamente la
colaboración de Chris Bachalo, dibujante con el que había lanzado la exitosa
serie Lobezno y los X-Men, colofón de
la etapa del guionista con el personaje de las garras de adamantium (Lobezno contra los X-Men).
El sentido del humor que ambos
insuflaron a la colección o el enorme partido que le sacaron a la nueva
mansión, sede del instituto dirigido por Lobezno, son ingredientes que ambos
autores han sabido trasladar a la colección del Hechicero Supremo. Si a eso le
añadimos una trama que Aaron controla muy bien –y que sigue los mismos pasos dados
en la serie del Dios del Trueno- y la inventiva que Bachalo traslada a la
composición de la página y al diseño de las criaturas sobrenaturales, nos
encontramos con una mirada fresca y apetecible a un personaje que en muchas de
sus encarnaciones ha quedado como algo anacrónico o antiguo.
Aaron plantea en los inicios,
con un tono desenfadado y aventurero, el mundo tal y como lo percibe el Doctor
Extraño, muy diferente del que todos somos capaces de ver. Echa mano de
secundarios conocidos relacionados con la magia, introduce nuevos personajes y
conceptos –como la nueva bibliotecaria Zelma Stanton o el Bar Sin Puertas-;
otorga un inesperado protagonismo a un eterno secundario como Wong, dotándolo
de una mayor profundidad y juega con los flashbacks
al pasado del protagonista, para así dar empaque a la idea sobre la que va a
gravitar toda la colección: que el uso de la magia tiene un precio que hay que
pagar sí o sí, físico y psicológico, lo que da pie a un montón de giros
interesantes y novedosos –como la dieta del doctor-.
Bachalo, por su parte, nos
entrega un personaje más dinámico que de costumbre y mucho más físico. Lanza hechizos,
pero también blande diferentes armas místicas, como puede ser una porra, un
arco, un cuchillo o un hacha. Prácticamente desde los primeros números se
intuye una de esas amenazas más grandes que la vida que, una vez revelada, no
deja de tener un planteamiento original: el Maestro de las Artes Místicas hace
uso de la magia que empapa la creación para proteger nuestro plano de
existencia de los ataques místicos o mágicos que pueda sufrir. Pero hasta ahora
nunca había tenido que preocuparse de proteger a la propia magia.
Bachalo hace un enorme
esfuerzo para mantener el nivel de sus lápices el mayor número de capítulos
posible. Acostumbrado a realizar la totalidad de las portadas y a colorearse a
sí mismo, se nota que ha tenido que ir contrarreloj en muchas ocasiones, sobre
todo por el enorme plantel de entintadores que ha necesitado para completar la
primera gran saga de la colección. De igual manera, ha tenido que delegar en
muchas ocasiones la aplicación del color y el veterano dibujante Kevin Nowlan
le ha sustituido en varias ocasiones a la hora de ilustrar la portada de algún
número, pasando luego a convertirse en su sustituto oficial en los interiores,
si bien es verdad que esto último ha ocurrido pocas veces y de forma bien
planificada por parte del editor. También merece la pena destacar el hecho de
que la saga planteada por Aaron es lo suficientemente ambiciosa como para
englobar a toda la magia del Universo Marvel, de ahí que aparezcan muchos
personajes conocidos como la Bruja Escarlata, Magik o el Doctor Vudú. Sin
embargo ha estado muy contenida en la nueva colección del Hechicero Supremo y
apenas se ha visto reflejada en otras colecciones, a excepción de una serie de
complementos realizados por diferentes autores y donde Aaron aprovecha la ocasión
para ir dando salida a nuevos personajes relacionados con la magia y que Panini ha recopilado junto a las
habituales portadas alternativas en una nueva y acertada apuesta por la grapa.
La etapa da un cambio brusco en su ecuador
tras la finalización de la primera macrosaga, estableciendo un nuevo status quo para el doctor, más débil e
indefenso que nunca, lo que propiciará la llegada de los viejos enemigos del
héroe, dispuestos a aprovechar su oportunidad para acabar definitivamente con
su vida. El Barón Mordo, Pesadilla, Satana, El Orbe y el mismísimo Dormammu
–más alguna sorpresa- pondrán al buen doctor contra las cuerdas en unos números
repletos de ritmo y aventuras que exigen lo mejor de Bachalo en la composición
de diferentes escenarios y criaturas, necesitando esta vez sí de más ayuda:
Jorge Fornés y Cory Smith le echan una mano con algunas páginas interiores y
Frazer Irving se encarga por completo de un team-up
con el poderoso Thor.
Tan solo han sido 20 números y
la sensación es que ambos todavía tenían mucho que contar, pero una vez la
colección ha quedado en manos de otros autores, su aportación hay que valorarla
muy positivamente, trayendo a un nuevo y renovado personaje con un tono
aventurero y divertido, repleto de imaginación y secuencias novedosas –el viaje
del doctor por su propio intestino batallando contra un trozo de beicon
infernal es delirante-.






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