Jason Todd, el segundo Robin,
tuvo una vida trágica tanto dentro del papel como fuera de él, editorialmente
hablando. En la época pre crisis era un calco del primer Robin, con el que
compartía orígenes y tras toda la reformulación del universo DC a principios de
los años ochenta pasó a ocupar el lugar por el que se le recuerda hoy en día,
siendo parte imprescindible de una de las sagas del Señor de la Noche más
míticas de su historia, si bien hay que admitir que ha envejecido mucho peor
que otras, incluso más antiguas.
En su nueva encarnación, Jason
era un personaje que nunca acabó de calar entre los aficionados. Huérfano por
la muerte por enfermedad de su madre y por el asesinato de su padre a manos de
Dos Caras, Batman lo adoptó cuando intentaba robarle las ruedas del batmóvil,
lo entrenó y le concedió el disfraz de Robin, si bien la rebeldía adolescente
del muchacho llegó a cansar al lector más paciente. Así que DC Comics, con el editor Danny O`Neil a
la cabeza, se sacó un ardid de la manga un tanto peculiar: planteó una encuesta
a los lectores vía telefónica sobre si querían ver a Jason muerto. Y quisieron,
vaya si quisieron.
A Jim Starlin (Capitán Marvel, Warlock, Cosmic Odyssey), guionista
regular de la serie al que nunca le gustó el personaje, le tocó lidiar con esta
patata caliente que una vez releída y transcurridos los años resulta un guion
un tanto funcional –el tono aventurero que caracterizaban las series de Batman
en aquella época está más que presente-, repleto de casualidades y giros
imposibles muy difíciles de justificar desde el punto de vista argumental, con
el personaje alejado de su entorno pero, sin embargo, sin que esto le suponga
un mayor problema. A cambio, Starlin nos ofrece un Batman muy humano que se
encontraba en pleno proceso de transformación tras el terremoto que supuso la
llegada de autores como Frank Miller y Alan Moore; que duda en muchas ocasiones
de sus decisiones y que, como en esta ocasión, es capaz de fallar. También hay
algunas escenas que merecen mucho la pena, como ver en acción al Dúo Dinámico
en plan comando especial y, cómo no, la brutal secuencia de la paliza que el
Joker propina a Jason –pocas veces se ha visto tanta crudeza en las páginas de
un tebeo de superhéroes-.
La trama principal es la
búsqueda de la madre biológica de Jason a lo largo de diferentes y exóticas
localizaciones como el Líbano o Etiopía, al que Batman por supuesto echa una
mano pese a que el Joker también se encuentra en la zona detrás de renovar sus
exiguos fondos financieros –la fuga de Arkham del Príncipe Payaso del Crimen
ocurre tras los hechos narrados en La
broma asesina-. Si ya de por sí la trama es absurda, su final delirante en
las Naciones Unidas, con Superman de invitado de excepción, le da un acabado en
lo más alto, acorde con todo lo que Starlin ha ido contando a través de
innumerables diálogos y cajas de texto que muestran los pensamientos íntimos de
los protagonistas.
En el apartado gráfico hay que
destacar a una serie de profesionales que han permanecido toda su carrera
artística fieles a DC Comics y en
especial a Batman, liderados por Jim Aparo y con Mike Decarlo a las tintas. Como
curiosidad, las portadas estuvieron a cargo de Mike Mignola, con un diseño de las mismas bastante sencillo. Aparo
es uno de los grandes dibujantes del personaje y aquí demuestra por qué su
imagen de Batman es la que tienen en sus retinas muchos millones de lectores.
Una muerte en la familia es una de las sagas más míticas de la
historia del Murciélago –como prueban todas las ediciones de las que ha
disfrutado en nuestro país, las últimas de ellas de la mano de ECC- pero es hija de su tiempo y como tal hay que
juzgarla –se publicó a finales de 1988 en los números de la colección Batman #426 USA al #428 USA-. También hay que tener en cuenta que Jason Todd acabó
volviendo de entre los muertos para dar vida a Capucha Roja, un justiciero de
métodos más directos y violentos que los de Batman, lo que desluce un poco su
final. Pero en el momento de su publicación supuso todo un hito en la carrera
de Batman y lo llevó por terrenos inexplorados hasta entonces.




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