miércoles, 8 de noviembre de 2017

Tarde para la ira, de Raúl Arévalo

Dura y con un tono decadente y realista muy logrado, la primera película de Raúl Arévalo como  director se estrenó a finales de 2016 en Venecia y en Toronto. En ella se nos cuenta una venganza personal que tiene lugar tras casi una década de maduración, casi el mismo tiempo que el propio Arévalo tuvo la idea rondándole la cabeza.

No fue hasta su encuentro con David Pulido, psicólogo de profesión, que pudo darle remate a un guion que hace un especial hincapié en el desarrollo de sus personajes, dejando pasar la tentación de centrarse demasiado en la acción y la violencia –de esta última hay más que de la primera, pero en un estilo más europeo que americano, más latente que explícito-.


El Arévalo director prefiere alejarse de grandes y vistosos alardes con la cámara y a excepción del inicio de la película, con un par de largos planos dentro de un coche en plena huida de un atraco a una joyería y luego con la cámara siguiendo la espalda del protagonista mientras recorre las calles de un barrio cualquiera de la periferia de Madrid, prefiere acercarse continuamente a los actores, con planos más cerrados. Incluso los momentos más violentos, con alguna que otra excepción, ocurren fuera de plano, dejando que sea el sonido ambiente y la música los que transmitan parte de las emociones.

Una apuesta de este estilo necesita de un elenco actoral plenamente compenetrado en el equipo de trabajo y comprometidos con el proyecto. Poco más hay que añadir a estas alturas de Antonio de la Torre, uno de los profesionales del cine patrio más solicitados del momento. Casi al mismo tiempo que esta película también estrenó la estupenda Que Dios nos perdone y se pueden destacar de entre su filmografía La isla mínima (2014), Grupo 7 (2012) o Balada triste de trompeta (2010). Le da la réplica en esta ocasión Luis Callejo (La caja Kovak, La mula) y aunque tengo que reconocer mi debilidad por el actor malagueño, en muchas ocasiones a lo largo de esta película no tengo nada claro quién de los dos lo hace mejor.


Como curiosidad, el gaditano Manolo Solo se llevó el Goya como Mejor Actor de Reparto por un papel que, si bien forma parte de una de las secuencias más intensas de toda la película, es bastante escaso en cuanto a minutos en pantalla. Y no fue el único premio que se llevaron a casa: Arévalo se hizo con el de Mejor Director Novel y el de Mejor Guion Original, compartido con David Pulido –nada mal para un debutante en esto del cine español-. Y por supuesto la gran sorpresa de la última gala, el de Mejor Película, por encima de la antes mencionada Que Dios nos perdone o Un monstruo viene a verme de J. A. Bayona, dos películas excepcionales, cada una de ellas en su tema.  

El éxito de Tarde para la ira es más que merecido. Con apenas un millón de euros de presupuesto tenemos una historia que bebe del thriller europeo más triste y desolador, que va desarrollándose de forma creíble y realista y que en su hora y media de duración atrapa al espectador con facilidad. Además posee un buen par de sorpresas que hacen que la atención no decaiga en ningún momento, de modo que al principio parece que se está viendo una cosa y luego resulta que es otra bien diferente y mucho más peligrosa. Creo que los americanos ya se han fijado en ella para un remake y seguro que será gracioso verla a través de su habitual prisma de acción y entretenimiento.


Lo que es seguro es que la pareja Arévalo-Pulido merece nuestra atención para sus futuros proyectos y que esta tendencia en el cine patrio en torno a los thrillers realistas ha llegado no solo para quedarse, sino para ofrecernos grandes dosis de desfrute y entretenimiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario