Uno de mis momentos favoritos de la segunda temporada de Andor tiene a los personajes de Luthen y Cassian hablando -Stellan Skarsgard y Diego Luna, respectivamente-. Su relación viene de largo. Hay reproches, pero también entendimiento. Ambos son conscientes de que llevan tiempo aguantándose y de que no les queda mucho. En un momento dado, Luthen incluso se extraña de algo de lo que hasta ahora no había sido plenamente consciente: cada vez que lo ha necesitado, cada vez que ha ocurrido un evento importante que le ha permitido seguir con su lucha suicida por la libertad, Cassian Andor ha estado ahí.
Esto se refuerza con una idea que se plantea en Yavin, lugar donde reúne sus fuerzas la resistencia contra el Imperio, en vías de convertirse en la Alianza rebelde. Cassian se encuentra cansado a un nivel que va más allá de lo físico, con una dolencia en un hombro que no acaba de curarse del todo y con el único deseo de abandonar la lucha de una vez por todas y escaparse lo más lejos posible junto a su mujer, Bix -la actriz puertorriqueña Adria Arjona-. Esta última lo convence para que se ponga en manos de una curandera, algo a lo que Cassian se niega, ya que no cree en nada de todo eso. Pero que él no crea en la Fuerza no quiere decir que la Fuerza no crea en él.
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| Stellan Skarsgard y Diego Luna como Luthen Rael y Cassian Andor |
La Fuerza es un concepto inventado por Lucas ya en la primera Star Wars, la renombrada como Una nueva esperanza. Dado que sus límites nunca han sido explicados del todo, es un auténtico comodín para cualquiera que se acerque a la saga con ideas nuevas. Un deus ex machina que, sin embargo, cuando está bien utilizado es mucho más que la capacidad que tienen algunos seres vivos de doblar a su antojo las leyes de la física. Lo que plantea Andor del uso de la Fuerza parece anecdótico y ni siquiera es del todo original, pero abre todo un horizonte de posibilidades. Y además está muy bien integrado en la evolución de su personaje central, un Cassian Andor que recorrerá el camino desde un buscavidas algo egoísta hasta un auténtico líder de la resistencia capaz de los más grandes sacrificios personales para conseguir su objetivo de derrotar al Imperio y cuyo final ya se nos contó en Rogue One, una de las pocas películas de Star Wars producidas bajo el paraguas de Disney que no ha sido masacrada por la crítica y el público -y sí, por si alguien tenía alguna duda, Andor es una precuela de una precuela-.
El responsable de Andor, en calidad de creador, showrunner y principal guionista, es Tony Gilroy, que fue llamado para salvar la producción de igual manera que le ocurrió con la mencionada Rogue One -Gilroy es un guionista de Hollywood con grandes éxitos a sus espaldas que además debutó tras las cámaras en 2007 con Michael Clayton, que también escribió, todo un triunfo tanto de crítica como de taquilla. En 2012 dirigió la cuarta entrega de la franquicia Bourne tras haber escrito los guiones de las tres anteriores-. A cambio, Disney le confió uno de los presupuestos más holgados de su canal de streaming: casi setecientos millones de dólares para producir veinticuatro episodios repartidos en dos temporadas y a los que Gilroy ha sacado todo el partido posible apostando tanto por una forma diferente de estructurar la historia que quería contar, como por la opción de aprovechar los diferentes lugares reales en los que rodar, tirando de efectos visuales solo cuando es necesario -Andor tiene muchas y muy logradas escenas de acción y sus efectos especiales están a la altura de cualquier película de la saga-.
En el primer apartado hay que destacar la apuesta por contar unos cinco años en la vida del protagonista a base de pequeñas piezas cada una de ellas con una duración de tres episodios y en las que incluso van rotando los equipos creativos de director y guionista, lo que las dota de cierta personalidad. Entre unas y otras hay elipsis de diferente duración, llegando incluso a pasar un año entre partes. Este tono episódico, en contra de lo que se podría pensar, no lleva la serie hacia la intrascendencia, ya que el desarrollo del personaje principal y de los secundarios que lo acompañan está muy cuidado. Es como si en vez de optar por una serie de subtramas que se desarrollan en paralelo, dando unidad a la serie, lo que se ha hecho ha sido fijarse en los personajes que las protagonizan porque en el fondo Andor solo va de una cosa: de cómo al enfrentarte a un enemigo como el Imperio estás obligado a hacer sacrificios que te cambian, por dentro y por fuera, hasta un nivel que nunca pudiste imaginar -en la ceremonia de los premios Emmy de 2025 se llevó a casa un reconocimiento a Mejor Guion en Serie Dramática-.
Esto nos lleva al síndrome de la rana hervida, una metáfora que viene que ni pintada para ayudar a profundizar en esta serie. Si metemos una rana en agua fría y calentamos gradualmente el agua hasta un punto en el que peligre la vida del bicho, aun así, este no se moverá. Sin embargo, si arrojamos una rana a un recipiente con agua hirviendo, inmediatamente saltará hacia la salvación. Esta es la estrategia del Imperio, la de hervir el agua poco a poco y el personaje de Luthen es perfectamente consciente de ello, por lo que hará todo lo posible para evitarlo, sin importarle a quién tenga que sacrificar en el camino. Pero llevar a cabo este tipo de acciones tiene un alto precio, sobre todo psicológico, por no hablar de lo que puede ocurrir si fallan en su misión o son capturados -muerte, tortura, etc.-. Mon Mothma, una política que es en todo momento contención y cálculo, tiene una escena en una boda en la que se deja llevar que ilustra muy bien esa sensación de duda moral y presión psicológica constante en la que viven los protagonistas. Andor plantea una serie de preguntas que no tienen fácil respuesta: para que unos queden “limpios” de cara a organizar una resistencia armada o una alternancia política, ¿es absolutamente necesario que otros se manchen las manos? ¿Cómo se pasa de poco más que una guerra de guerrillas a un ejército organizado y jerarquizado? -aquí aparece también cada poco tiempo el Saw Guerrera interpretado por Forest Whitaker, que lidera su propio grupo paramilitar en contra de los intereses del Imperio-. Y, sobre todo, ¿hasta dónde se puede llegar, por muy loable que sea el objetivo? ¿Justifica el fin todos los medios?

La actriz irlandesa Genevieve O´Reilly interpreta a la senadora Mon Mothma
En el segundo apartado, Andor brilla a un nivel visual estupendo gracias a como ha aprovechado e integrado esos pasajes naturales con el resto de la acción. El mejor ejemplo de esto es Coruscant, pero no es el único - la Ciudad de las Artes y las Ciencias tiene una presencia destacada, ya que es el edificio anexo al Senado Galáctico en el que operan y trabajan los políticos-. Además, el carácter antológico permite que sean muchos y muy diferentes entre sí los escenarios por los que van moviéndose los personajes, dando forma a la serie según lo que ocurra en ellos: Ferrix, lugar de residencia de Andor, es un planeta dedicado a la industria y al trabajo manual más duro, al desguace e incluso al tráfico de materiales prohibidos -aquí tiene un papel destacado la actriz irlandesa Fiona Shaw, que interpreta a la madre adoptiva del protagonista-; Aldhani, donde tiene lugar el extraordinario robo de los créditos con que el Imperio paga a sus tropas, es un marco inigualable de naturaleza salvaje en el momento en el que tiene lugar un fenómeno meteorológico a escala planetaria; la prisión del Imperio en Narkina 5, donde los reclusos son obligados a trabajar sin descanso en la construcción de una serie de misteriosos artefactos con un oscuro destino; el secuestro de un nuevo prototipo de caza imperial, el TIE Avenger, o la infiltración en Ghorman, un planeta dedicado a la manufactura de las mejores sedas cuyos habitantes hablan un dialecto deudor del francés.
Sin duda Coruscant es la gran beneficiada. Nunca hasta ahora la capital de la antigua república había tenido tanta personalidad. Ahí tiene su tapadera Luthen. Con varios agentes a su servicio a lo largo y ancho de la galaxia, destacan tres intrépidas mujeres: su mano derecha Kleya Marki y la pareja formada por Cinta y Vel Sartha. Esta última es el punto de conexión con el otro gran personaje de la serie, ya que es la sobrina de Mon Mothma, senadora de Chandrila, un incordio para el Imperio por sus continuas interferencias en el Senado cuando en realidad forma en secreto con Luthen el núcleo de la resistencia -en el futuro llegará a convertirse en una de las líderes incuestionables de la Alianza rebelde, lo que le ha valido a la actriz que la interpreta, Genevieve O´Reilly, la oportunidad de aparecer en un buen puñado de producciones modernas de la saga Star Wars-.
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| La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia en el universo Star Wars |
En la capital también tiene su sede la ISB, la Oficina de Seguridad Imperial -lo equivalente a la GESTAPO en el universo Star Wars-, cuyo protagonismo también es importante a lo largo de toda la serie, en especial el de una de sus supervisoras más ambiciosas, Dedra Meero, una de las primeras en atisbar que lo que parecen accidentes aislados a lo largo y ancho del Imperio bien podrían ser en realidad una fuerza mucho más organizada de lo que se cree. Aquí también destaca la figura de un oficial de rango menor, Syril Karn, que se obsesiona con hacer justicia, convirtiendo la búsqueda y captura de Andor en poco menos que una vendetta personal.
Todos estos personajes se irán cruzando de las maneras más insospechadas, de tal forma que las tramas desemboquen en Rogue One. Es decir, en la Estrella de la Muerte. En los últimos episodios de la serie aparecen personajes de sobra conocidos como el senador Organa -interpretado en esta ocasión por Benjamin Bratt- o el androide KX al que pone voz Alan Tudyk. También tiene un breve papel Ben Mendelsohn, recuperando a su director de armamento Krennic, desesperado por tapar la fuga de información que puede dar al traste con sus planes.
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| Cassian Andor y el droide K-2SO, al que pone voz Alan Tudyk |
La serie gana enteros cuando se centra en mostrar ese funcionamiento interno de la inteligencia imperial, al mismo tiempo que narra en paralelo esos primeros pasos, muy tímidos al principio, de una resistencia que acabará transformándose en la Alianza rebelde. Ahí brillan con fuerza los actores que interpretan a Andor y Luthen, los mencionados Diego Luna y Stellan Skarsgard, ya que sus personajes son los que más tienen que aportar, obligados a tomar las decisiones más difíciles y a completar los trabajos más peligrosos, sean los que sean. Es muy interesante esa lucha entre la moral y lo que es necesario para derrotar a un enemigo como el Imperio, cuyas tácticas de intimidación tienen a buena parte de la población sojuzgada, pese a los continuos abusos. Asesinatos de todo tipo, robos a gran escala, sabotajes, infiltraciones tras las líneas enemigas o misiones de rescate y protección. Y Cassian Andor es uno de los mejores, mientras que la red de contactos y espías de Luthen no tiene igual.
Andor ha resultado ser una serie entretenida, pero marcada a fuego por su estructura narrativa de una aventura cada vez contada en tres episodios, lo que la hace algo descompensada a veces. Es obvio que no puede desprenderse de la lacra que arrastran todos los productos modernos de la franquicia y que es esa ineludible servidumbre a la trilogía original. Pero al menos en esta ocasión es lo de menos: no aparecen Jedis, ni sables láser, ni el Halcón Milenario, ni ninguna pareja de droides. Se atreve a contar una historia dura, de guerrilla, cruenta a veces, centrándose en sus personajes, pero sin descuidar el envoltorio de space-opera por el que se ha hecho famosa la saga, con un buen nivel de producción. Una historia de sacrificio y lucha, pero también de intimidación y burocracia.
Ya sabíamos, antes de empezarla,
el destino final de su principal protagonista, Cassian Andor. En ese aspecto la
serie no se la juega, pero sí que introduce una pequeña variable que no solo
ofrece algo nuevo, sino que al mismo tiempo sirve para dar un cierre de lo más
apropiado -y bonito- a la historia del personaje, aunque ya no esté. Y de paso
dando respuesta a la difícil pregunta de por qué luchamos.
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| La actriz puertorriqueña Adria Arjona interpreta a Bix Caleen |






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