sábado, 28 de febrero de 2026

Guardianes de la noche (Kimetsu no Yaiba). El anime

 

Principales protagonistas de Guardianes de la noche

Lo primero que tengo que decir es que no me gustan mucho las series de televisión japonesas, así en general, sobre todo los shonen que repiten una y otra vez la misma estructura de enfrentamientos para que el héroe de turno vaya haciéndose cada vez más y más fuerte. Sí, en su momento viví el fenómeno Dragon Ball, pero nunca acabó de cautivarme lo suficiente como para seguirla de manera ordenada o como para que me preocupara por la continuidad de la historia. Me pasa lo mismo con los mangas que suelen adaptar estas series: me acaban por aburrir esas historias interminables. Además, tiene una serie de características, como el sentido del humor tontorrón, o un buen puñado de personajes algo extravagantes que no paran de gritar en todo momento, que se me hacen muy molestas. 

¿Por qué escribir entonces sobre Kimetsu no Yaiba, Demon Slayer en su traducción americana? Bueno, pues porque me ha parecido una serie estupenda y no sin cierta sorpresa por mi parte. Es uno de esos casos muy curiosos en los que algo de lo que a priori no esperabas demasiado acaba conquistándote sin remedio.

 

Portada de la edición de Norma Editorial de Koyoharu Gotouge

Lo que me animó a darle una oportunidad a la serie, sin saber absolutamente nada de ella en ese momento, más allá de haber visto en alguna ocasión el manga en la librería, fue la curiosidad que me produjo el tremendo éxito de La fortaleza infinita, película estrenada en el verano de 2025 que se ha convertido en una de las más taquilleras de su año, entrando con holgura entre los diez primeros puestos y adelantando por la derecha a las producciones de Marvel -en Japón, su país de origen, ha sido la más taquillera de toda la historia del anime, lo que no está nada mal teniendo en cuenta que juega en la misma liga del Studio Ghibli-. 

A priori, la historia es de lo más sencilla -y mil veces vista hasta ahora-: un joven humilde de buen corazón se convierte en un cazador de demonios tras el asesinato de su familia, por lo que iniciará un arduo entrenamiento que lo llevará a ir perfeccionando su técnica con cada nuevo enfrentamiento, buscando a demonios cada vez más y más poderosos, hasta encontrar al artífice de su desgracia. En su camino le acompañarán diversos aliados, como maestros y compañeros de armas, con los cuales acabará forjando lazos de amistad inquebrantable. Para que nos entendamos, Kimetsu no Yaiba es ese tipo de serie en la que los personajes se lanzan todo el rato ataques los unos a los otros mientras gritan a viva voz la técnica que están usando -¡Respiración del trueno! ¡Primera forma! ¡Destello atronador!-.

 

Los hermanos Nezuko y Tanjiro Kamado

Es en los detalles donde Guardianes de la noche se convierte en una serie extraordinaria. 

Por si todavía no ha quedado claro, desconozco si la adaptación del manga original de Koyoharu Gotoge ha sido la correcta o no. En el diseño de los personajes nos encontramos con lo típico de estas historias que perviven en el blanco y negro del papel, con las indumentarias extravagantes, los peinados diferenciadores y las técnicas específicas, incluyendo las diferentes armas que utilizan los cazadores para el ejercicio de su profesión. En su paso a la pequeña pantalla nos encontramos, como también suele ser habitual, con una explosión de color, pero desconozco si es virtud de su autor original o del equipo encargado de la traslación. Lo único que puedo aportar es que los arcos argumentales del manga han sido adaptados en cada una de las temporadas, por lo que la serie tiene un ritmo envidiable, con muy pocos o casi ningún episodio de relleno. He aquí la primera gran razón para acercarse a esta serie: el estudio de animación responsable de llevarla a cabo, Ufotable, a partir de ya uno de los más interesantes de cara al futuro de la animación nipona. 

Guardianes de la noche luce de maravilla. Tiene una animación de apariencia tradicional, pero con un acabado espectacular y el uso de los efectos especiales está realmente bien integrado. Tiene sentido del ritmo y es capaz de combinar la espectacularidad de los combates, impresionantes en algunas ocasiones, con los momentos más costumbristas -en esta serie aparecen muchos de los rasgos del cómic japonés a la hora de mostrar los sentimientos de los personajes, cuando sus rostros se simplifican en unos pocos trazos a la hora de mostrar su perplejidad o su enfado, siempre como un recurso cómico que reste algo de importancia a las tramas-. Sabe cuándo pulsar las teclas del drama –al fin y al cabo, los protagonistas son muy jóvenes, por lo que no en pocas ocasiones se ven totalmente superados por los acontecimientos-, y cuando jugárselo todo a la épica.

 


La ambientación y el contexto en el que se mueven los personajes son muy interesantes. La historia está ambientada a principios del siglo XX en Japón, en un momento histórico conocido como la era Taisho, cuando todavía convivían costumbres ancestrales con la llegada del progreso a las grandes ciudades, como la luz eléctrica o los coches a motor. En las zonas más rurales todavía pueden verse samuráis y es en donde tienen una mayor importancia las leyendas sobre los demonios, seres de la noche con habilidades mágicas especiales devoradores de carne humana. La concepción de los demonios en esta serie, más allá del diseño rocambolesco que caracteriza a los personajes del cómic japonés, es deudora del mito del vampiro europeo. La luz del sol los destruye, se hacen más fuertes cuanta más carne humana consumen y, por lo tanto, cuanto más viejos son; tienen poderes especiales de regeneración, pueden transformarse, etc. Existe un líder del que manan todos sus poderes y pueden contagiar su condición a aquellos humanos que consideren. En la sangre del demonio original, Muzan Kibutsuji, reside el mayor poder y este puede otorgarla a sus secuaces para hacerlos más peligrosos. Los demonios se clasifican según su importancia, siendo las Lunas Superiores los más mortíferos. 

Los encargados de combatir a los demonios es el Cuerpo de Cazademonios, caracterizados como los samuráis japoneses. La única manera de acabar con la vida de un demonio, más allá de exponerlo al sol, es cortarle el cuello con un arma de filo que ha sido forjada con unos materiales especiales siguiendo un método tradicional y ancestral –aunque hay alguna excepción entre los principales miembros del Cuerpo, los Pilares, que son los equivalentes a las Lunas Superiores, la mayoría de héroes pelean utilizando una katana-.

 

El Tren Infinito es la primera película de Kimetsu no Yaiba

La historia comienza cuando la familia de Tanjiro Kamado, un joven de las montañas, es asesinada por un demonio, a excepción de su hermana pequeña Nezuko, que resulta convertida. Tanjiro comenzará entonces un viaje extraordinario para convertirse en Cazademonios, su única posibilidad tanto de buscar venganza como de encontrar una cura para su hermana, que se resiste a comer carne humana, desarrollando a su vez una serie de habilidades demoníacas nunca vistas hasta entonces. La caracterización de la pareja es estupenda: la mente de Nezuko es muy limitada, infantil, pero quiere a su hermano con locura. Por su lado, Tanjiro es un claro ejemplo de protagonista altruista que se hace querer, algo no demasiado usual en este tipo de historias. Alguien podría argumentar que es lo mismo que Goku, pero no es del todo cierto. Kakarot era muy buena persona, pero sobre todo era inocente –bastante tonto, de hecho-. Tanjiro no es así, porque es muy espabilado. Y además de tener una determinación a prueba de bombas, tiene un corazón que no le cabe en el pecho y de verdad se preocupa por sus semejantes. Es como si a Peter Parker sus guionistas lo dejaran madurar de una vez por todas para que así pudiera dejar atrás toda la culpa que arrastra consigo. Tanjiro es uno de esos personajes que hace mejores a sus semejantes y eso es algo con lo que empatizo enseguida. 

Los principales aliados de Tanjiro son dos chavales que no podrían ser más diferentes entre sí y que además centran en sí mismos los mejores momentos de humor. Inosuke es una bestia parda que porta dos katanas y que acude a la lucha vestido únicamente con un pantalón corto y una máscara de jabalí que le cubre toda la cabeza. En su vida ha salido de la montaña y es de lo más malhablado. Zenitsu es un personaje fascinante. Es un tipo que se pasa todo el tiempo llorando, gimoteando y gritando, algo que a priori me resulta insoportable. Pero en este caso me entusiasma. Arrastra un gran misterio a su alrededor que, una vez acabada la serie –ahora hablamos de este punto- todavía queda sin resolver. Me encanta que sea tan negado que solo domine una única técnica de lucha, pero en ella se ha convertido en uno de los mejores. Y, tal y como ocurre con Inosuke, resulta graciosísimo y entrañable, sobre todo cuando los tres jóvenes interaccionan entre ellos –y con Nezuko-.

 

La Sexta Luna Superior, Gyutaro

Durante 2019 se estrenaron en Japón los veintiséis episodios de la primera temporada, en la que se presentan los principales personajes y se establecen las tramas que van a ir desarrollándose, mientras los chavales van conociendo el Cuerpo y subiendo dentro de sus filas. La serie cuenta con cuatro temporadas para un total de 63 episodios, con la duración habitual de las series japonesas. La cosa se pone interesante porque tras la finalización de la primera temporada se estrenó una película que en un principio creí que iba a servir como puente entre temporadas cuando en realidad la segunda temporada adaptaba la misma historia en su primera mitad. Pero como fue un gran éxito de taquilla, el estudio repitió la misma jugada con cada nueva temporada. Y les fue tan bien que, una vez acabada la cuarta, con un enorme cliffhanger, decidieron que la historia culminaría con el estreno de tres películas de animación que se estrenarían primero en cine –cuya primera entrega, como os podéis imaginar, ha sido La fortaleza infinita-. Esto, desde el punto de vista del aficionado, es un poco molesto porque hay que esperar muchísimo tiempo para ver el desenlace de la historia –ni siquiera he visto todavía la primera película con la que culminará Kimetsu no Yaiba-. 

Pero hay que reconocer que la estrategia funciona. La segunda temporada es sin duda la mejor y adapta dos aventuras en la que los jóvenes protagonistas comienzan a interactuar de manera directa con los Pilares y a enfrentarse a las Lunas Superiores. De hecho, la película culmina con el primer duelo entre un Pilar, el de las Llamas, y una Luna Superior; un hecho de lo más significativo por lo que tiene de épico y emocionante. La segunda parte de la temporada es lo mejor de toda la serie, con el Pilar del Sonido utilizando a los chavales para infiltrarse en uno de los barrios de placer más importantes de Tokio, en busca de tres mujeres desaparecidas que estaban investigando la presencia de demonios. La mezcla de drama épico, sentido del humor absurdo y tragedia es prácticamente perfecta –la serie sacrifica algunos minutos para profundizar tanto en el pasado de los demonios que son destruidos como en el de los Pilares, a los que vamos conociendo cada vez un poco más-.

 

Tanjiro en la Aldea de los Herreros, cuyos habitantes visten esas curiosas máscaras

La tercera temporada, la más corta emitida hasta entonces, se desarrolla en la aldea secreta en la que se forjan las armas de los cazadores de demonios. Hasta ahí llegan Tanjiro y Nezuko, en un arco argumental en el que es separado de sus fieles compañeros para que se enfrente de nuevo a una serie de Lunas Superiores acompañado esta vez por dos Pilares, el del Amor y el de la Niebla. La cuarta y última temporada, que solo tiene ocho episodios, es la calma antes de la tempestad –que se avecina, pero que no vemos, al menos hasta La fortaleza infinita-. Los héroes se toman un descanso y se centran en mejorar su entrenamiento al trabajar directamente con los Pilares, mientras vamos conociéndolos a todos un poco mejor y se van planteando las tramas que cristalizarán en el enfrentamiento final entre cazadores y demonios. Un tiempo necesario que se toman los guionistas para que el drama futuro tenga un mayor impacto. 

He comentado que el mejor arco es el que tiene lugar en el barrio del placer. Guardianes de la noche es una serie para adultos con una enorme cantidad de violencia, sangre y muertes en primer plano. Y aunque la caracterización de muchos personajes femeninos es el típico del manga japonés, mujeres de lo más exuberantes y ligeras de ropa, no hay ni un solo desnudo, ni nada que recuerde al sexo. Otra característica es el lenguaje malsonante, lo que me lleva a otro punto que me ha gustado especialmente de Guardianes de la noche: su doblaje.

 

Los Pilares del Cuerpo de Cazademonios

Estamos acostumbrados en España a un nivel de doblaje altísimo, pero en este caso es de los mejores que he escuchado en mucho tiempo. Y ojo con las traducciones de algunas expresiones del japonés al castellano más castizo, porque no solo encaja, sino que resulta de lo más divertido escuchar a guerreros samuráis utilizar expresiones como ojos de chichinabo, me cago en todo, mis huevos morenos o mear y no echar gota

En definitiva, Guardianes de la noche es un entretenidísimo anime de aventuras que, pese a una trama no demasiado original precisamente, llama la atención por su estupendo tratamiento de la acción y por el gran trabajo de animación del estudio encargado de su adaptación, Ufotable. A una mezcla muy apropiada de emoción, épica y sentido del humor, hay que añadir un tratamiento de la violencia que, sin ser explícito, sí que sitúa a la producción en un rango de edad superior, algo a lo que también suma el lenguaje malsonante. El enorme éxito de la serie y de sus películas derivadas ha propiciado que el desenlace de la historia lo veamos en pantalla grande, en lo que a todas luces va a convertirse en un auténtico evento cinematográfico. Y todo eso sin renunciar a la esencia del anime japonés, ni a las ideas originales del manga que adapta.

Lo que está por venir: La Fortaleza Infinita


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