domingo, 22 de marzo de 2026

El Daredevil de Stan Lee, Bill Everett, Joe Orlando, Wally Wood & John Romita Sr.


Portada de Daredevil #1 USA a cargo de Jack Kirby


Los inicios de Daredevil son interesantísimos. Esa mezcla de improvisación y saber hacer de los profesionales implicados que caracterizó a la Marvel de la década de los sesenta tiene uno de sus mejores ejemplos en los primeros números de la colección protagonizada por el Diablo Guardián, uno de los pocos personajes individuales de Marvel Comics que han visto de forma ininterrumpida su presencia en las librerías desde su creación hasta nuestros días. 

Y es que, en contra de lo que se pueda pensar, los inicios del Universo Marvel tras el éxito de su primer lanzamiento, Los 4 Fantásticos de Lee y Kirby, no fueron nada fáciles. El increíble Hulk de Lee, Kirby y Ditko fue el primer personaje individual en disfrutar de colección propia y solo duró seis entregas antes de ser cancelado. Desde entonces, y también por temas logísticos, con una capacidad de distribución limitada, las nuevas colecciones serían para grupos, mientras que los héroes en solitario verían sus primeras apariciones en series que ya estaban en ese momento en circulación, la mayoría de ellas de carácter antológico, por lo que se vieron obligados a compartir espacio tanto entre ellos como con otros géneros que la editorial publicaba en ese momento. Así aparecieron Thor, Iron Man o Spiderman, que se convirtió rápidamente en una anomalía, ya que su estreno se produjo en el último número de Amazing Fantasy y su aceptación entre el público fue tal que Lee se apresuró a estrenar su propia cabecera, de nuevo contando con Steve Ditko a los lápices (El asombroso Spiderman).

 

Viñeta de Bill Everett en Daredevil #1 USA

Luego aparecieron las colecciones de Los Vengadores y Los X-Men, de nuevo con Lee y Kirby a los mandos, y es en abril de 1964 cuando se estrena el primer número de una cabecera, esta vez protagonizada por un nuevo héroe en solitario, llamada Daredevil, la última por cierto que Lee pondría en la calle, centrándose a partir de entonces en los títulos que ya tenía en el mercado. La característica principal del nuevo justiciero era su ceguera, algo realmente novedoso para la época, y el hecho de que no tuviera ninguna cualidad física especial, ya que su fuerza y su agilidad solo eran fruto de un intensivo entrenamiento. Para rizar el rizo, en su vida civil como Matt Murdock trabajaba de abogado en La Cocina del Infierno, en Nueva York. 

Pero, ¿cómo podía mantenerse esta premisa y al mismo tiempo llegar a ser creíble para los lectores? En el primer número de la serie, un gran tebeo de presentación, se nos cuenta el origen del héroe, que siendo joven perdió la vista al salvar a un peatón de un atropello de un camión que transportaba productos químicos, los causantes de la ceguera del chaval y, al mismo tiempo, los que le dotaron de unos sentidos agudísimos y de un sentido del radar que le permitía moverse con soltura, aunque siempre los mantuvo en secreto, representando su papel de ciego. La tragedia del héroe, con el asesinato de su padre a manos de la mafia y su posterior venganza, pasando desde entonces a luchar contra el crimen, se narraba junto con la presentación de los principales secundarios de la serie, dando pie a esos equívocos y enredos de los que Stan Lee era tan amigo: Foggy Nelson es su compañero de universidad y con el que funda el bufete en el que trabaja y Karen Page es la secretaria del mismo, conformándose así un triángulo amoroso prácticamente desde la presentación de los personajes.

 

Página de Bill Everett, creador del traje amarillo de Daredevil

Aunque lo más interesante de estos primeros años es sin duda el baile de dibujantes del título, la evolución gráfica de la serie y la calidad desplegada en el tablero de dibujo, que superó, y con creces, a la mostrada en las historias. Por esa época Stan Lee ya tenía claro que el conocido como método Marvel por el que el guionista pasaba a su dibujante una sinopsis breve por página de lo que quería ver en el tebeo, y que en realidad era este último el que ponía de su cosecha para terminar todo el cómic, devolviéndolo al guionista para que lo finiquitara con los diálogos, era sin duda la salida a todas sus dificultades con el creciente número de títulos de la editorial mes a mes. El problema con esto es que no todos los dibujantes estaban preparados para ello, así que Lee volvió la vista a su pasado en busca de talentos que tuvieran experiencia no solo dibujando o entintando, sino también guionizando sus propias historias. Fue así como se reunió con Bill Everett, el creador de Namor, el hombre submarino, personaje que en ese momento ya formaba parte del fondo editorial de Marvel Comics y que nació en los albores de la II Guerra Mundial, formando un equipo de ensueño con el Capitán América y la Antorcha Humana en la lucha contra las potencias del Eje. Lee y Everett ya se conocían de haber trabajado juntos en el pasado y el primero logró tentar al segundo para que le dibujara su nueva propuesta de un superhéroe ciego. El problema llegó porque Everett ya tenía un trabajo que le consumía mucho tiempo y llegó tardísimo a las fechas de entrega, teniendo que ser ayudado por otros profesionales de La Casa de las Ideas como Steve Ditko o Sol Brodsky –teniendo en cuenta que Jack Kirby se encargó de dibujar las portadas de la colección, prácticamente lo mejor de Marvel Comics trabajó en el primer número de Daredevil-. 

El trabajo de Everett no está nada mal. Aunque se pliega a la composición de página típica de la Marvel de la época, con tres tiras de dos o tres viñetas, se nota que su dibujo está trabajado y que su narrativa es buena –del diseño del traje amarillo de Daredevil ya ha habido bastante debate-. Pero las fechas de entrega mandan y aunque en aquel momento la colección es bimestral, en calidad de Editor Lee tiene que asegurarse la continuidad de la serie, así que llama a otro veterano del medio, Joe Orlando, que junto a Vince Colletta y  Richard Howell permanecerá en la colección durante solo tres números.

 

El Daredevil de Joe Orlando

Orlando es un dibujante muy versátil que aporta a Daredevil una composición de página algo más arriesgada, aunque sin salirse todavía de los cánones del momento. En su contra juega que le diseñó una especie de mochila que el siguiente dibujante se quitó de en medio a la primera oportunidad, porque la verdad es que era algo ridículo. En aquel momento ya tenía experiencia en EC Comics, en la revista MAD y en la propia Marvel, donde se había curtido en historias de ciencia-ficción. Mientras trabajaba en Daredevil comenzó una colaboración con Warren que le ofrecía mejores condiciones y a partir de ahí desarrolló también una brillante carrera en la edición. Lee no se complicó la vida y le preparó tres enfrentamientos con tres villanos diferentes: el primero de ellos era un viejo conocido de los aficionados, Electro, mientras que los dos siguientes ya eran originales, el Búho, y el Hombre Púrpura –el primero de ellos se convirtió en una de las némesis del protagonista, cuya vida personal seguía alternando entre sus dos compañeros de trabajo-. 

Orlando se marcha y recomienda a su mentor en la revista MAD, Wally Wood, otro veterano de sobra conocido en el mundillo con amplia experiencia en diversos géneros y una fama de difícil trato. A Lee parece darle igual, pero la realidad acabará imponiéndose cuando Wood le exija al menos el mismo trato que se le da a Steve Ditko a la hora de acreditarlo en los títulos de los cómics en los que participa. Es entonces cuando entra en escena John Romita, en una carambola que demuestra lo zorro, o afortunado, según se mire, que podía ser Stan Lee.

 

El Daredevil de Wally Wood

Wood llega en la cuarta entrega y también se hace cargo de la portada, con el debut de un villano ridículo, el Matador, vestido de torero. Ya en esta ilustración se nota el primer cambio en la indumentaria del héroe, con esa doble D en el pecho. A lo largo de su estancia en la colección, Wood se convertirá en un dibujante fundamental para el personaje, ya que acabará de definir elementos como el sentido radar, el bastón con garfio que utiliza para balancearse por la ciudad y, cómo no, la sustitución del traje amarillo por el rojo, uno de los mejores disfraces de superhéroes de la industria –por el camino, gracias a los dioses de las viñetas, también se quedaron algunas ideas peregrinas como que Daredevil alojaba un dispositivo de antenas en los cuernos de su máscara-. Mientras, Lee echa mano de algunas de sus antiguas creaciones y vemos desfilar por la colección villanos como el Buey, la Anguila o Namor –el Daredevil #7 USA es todo un hito de estos primeros años, ya que no solo marca el debut del traje rojo, sino el primer enfrentamiento entre las dos creaciones de Bill Everett-. Más allá del mencionado Matador, Wood también es responsable de la apariencia final de otro enemigo mítico de Daredevil, el Zancudo, aunque no figure entre los más temibles. 

Volviendo a los enfrentamientos de Wood con Lee, la marcha prematura del primero fuerza al segundo a contratar de manera temporal a Bob Powell, que en aquellos meses realizó unos pocos trabajos de características parecidas para Marvel, más como freelance que como miembro de la propia plantilla editorial. Lee se las ha apañado para rescatar a un John Romita que estaba a punto de abandonar las viñetas por el mundo de la publicidad. Aunque en un principio le prometió trabajos menos exigentes, como el entintado de algunos números sueltos de diversas colecciones Marvel, acaba pidiéndole el favor de que se encargue de la serie Daredevil tras la marcha repentina de su dibujante principal. Romita es un profesional que dibuja estupendamente, y además lo hace muy bonito, dada su amplia experiencia en el género de los cómics románticos. Por si esto no fuera suficiente, es un tipo de lo más amable que no sabe cómo decirle que no a Lee, lo que al final le cambiará la vida tanto a él como a la propia editorial.

 

Primera aparición del traje rojo (Portada de Daredevil #7 USA a cargo de Wally Wood)

Romita debuta en la colección en el número doce, con fecha de portada de enero de 1966, portada que él mismo realiza –en su etapa estará acompañado en los interiores por Frank Giacoia, aunque en los primeros números deberá dibujar sobre bocetos de Jack Kirby, una imposición de Lee para que fuera cogiéndole el truquillo a la narrativa imperante en la Marvel de la época, algo que a Romita no le supone ningún problema-. Lo curioso es que Lee le prepara una aventura en tres partes que no podría haber sido más ajena a lo que se estaba viendo en la colección, llevando a Matt Murdock hasta la Tierra Salvaje para desvelar parte de los orígenes de su habitante más ilustre, Ka-Zar –que había sido presentado al gran público hacía bastante poco en las páginas de la colección de la Patrulla-X-. 

Pero, aunque Lee ve solventados los problemas en el tablero de dibujo, no demuestra tener una idea muy clara de qué es lo que quiere para el protagonista del título, que con la llegada de Romita pasa a ser publicado de manera mensual. Lo que sí que parece que tiene muy presente es que el mismo lío que ha tenido en Daredevil está a punto de tenerlo en The Amazing Spider-Man y esta vez se va a adelantar a ello: el Merodeador Enmascarado debuta en el momento en el que Spiderman y Daredevil se enfrentan por primera vez, una auténtica prueba de fuego que el nuevo dibujante pasa con nota; y continúa como villano, asociándose con uno nuevo de diseño algo extremo, Gladiador –también hay un episodio autoconclusivo en el que el Hombre sin Miedo se enfrenta de nuevo a el Buey-. Lo sorprendente es que el último número de Romita es el Daredevil #19 USA (agosto de 1966) y la portada del siguiente, donde hace su debut Gene Colan, que llevaba tiempo detrás de Lee para que le encargara más trabajo –Colan trae al título un estilo muy personal repleto de sombras y con una narrativa muy diferente a la de Romita, ya que dibuja más grande, con muchas menos viñetas por página-.

 

Primera ilustración de Daredevil a cargo de John Romita Sr.

La realidad es que Lee se la ha vuelto a liar a Romita, que se encontraba estupendamente realizando Daredevil, mejorando página a página a ojos vista, y sin ningún interés en sustituir a Steve Ditko en la segunda colección más vendida de la editorial –también estaba convencido de que las cosas se iban a arreglar y de que el creador de Spiderman regresaría tras unos meses de reflexión-. 

Pero esto último nunca ocurrió. Romita ayudó a que Spiderman tuviera su imagen definitiva de cara a los aficionados y su extraordinario talento situó a The Amazing Spider-Man como la serie más importante de todo Marvel Comics. Mientras, Colan se hacía un hueco como uno de los artistas más notorios de Daredevil, llegando a ilustrar su colección sin interrupción durante muchísimo tiempo.

 

El Daredevil de John Romita

Estos primeros años de andadura del Hombre sin Miedo estuvieron repletos de altibajos, sobre todo porque Lee tampoco tenía muy claro hacia dónde llevar al protagonista más allá de su rompedor origen. En la parte personal no logra sacarlo del triángulo amoroso formado con sus dos compañeros de trabajo, prácticamente los únicos secundarios de la colección, mientras que en el plano superheroico tampoco destacó demasiado más allá de un par de enfrentamientos muy interesantes con otros héroes Marvel, como Namor y Spiderman, siendo su mejor baza de cara a los aficionados el gran trabajo artístico de los dibujantes asignados, que fueron sustituyéndose los unos a los otros, aportando cada uno de ellos un algo especial al héroe –especialmente, Wally Wood- y salvando una situación que en cualquier otro momento podría haber sido un auténtico desastre –los bailes de dibujantes no suelen traer nada positivo-. Tampoco sacaba demasiado provecho al universo compartido en el que habitaba, más allá de un cameo algo tontorrón de Los 4 Fantásticos, el intercambio típico entre héroes y villanos de otras colecciones o la aventura de la Tierra Salvaje, que se siente totalmente ajena al protagonista. 

Aun así, la colección supo mantenerse a flote, a veces con más pena que gloria, hasta que las cifras de ventas comenzaron a languidecer demasiado y fue necesaria una revolución, que se dio en la década de los ochenta con la concesión del título a un joven dibujante con muy poca experiencia en el mundillo que, sin embargo, y ejerciendo de autor completo, supo llevar al Hombre sin Miedo hasta cotas de calidad nunca vistas con anterioridad.

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