The Martian se estrenó en 2015, una película de ciencia-ficción cuya premisa tiene muchos puntos en común con Proyecto Salvación, ya que su protagonista es un astronauta que se ve obligado, a base de ingenio y determinación, a sobrevivir en un ambiente hostil por sus propios medios.
Las semejanzas no son casuales, ya que ambas películas están basadas en dos novelas del escritor de ciencia-ficción Andy Weir. Por si esto no fuera suficiente, el guionista Drew Goddard fue el elegido en ambos casos para realizar el libreto que finalmente acabó rodándose.
En esta ocasión no ha sido Ridley Scott el encargado de filmar la historia, sino la pareja de directores que forman Phil Lord y Christopher Miller, responsables del gran éxito de las dos películas del spider-verso. Desconozco si es la historia original o el guion de Goddard, pero lo que se cuenta encaja a la perfección con la idiosincrasia de ambos, muy apegados durante toda su carrera a la aventura ligera y al sentido del humor -dirigieron en 2014 la estupenda La LEGO película-.
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| Ryan Gosling despierta en una extraña nave en Proyecto Salvación |
Amazon dio carta blanca para gastarse doscientos millones de dólares. Y con buen tino, porque Proyecto Salvación se ha convertido en la producción más exitosa en la taquilla de toda la historia de la empresa -y tampoco le ha ido nada mal de cara a la crítica, en uno de esos casos en los que el boca a boca ha funcionado la mar de bien-.
La verdad es que casi todo funciona a un gran nivel en esta producción. El tono de aventura y de comedia ligera, o el sentido de la maravilla que los directores consiguen transmitir al espectador, están realmente bien conseguidos. Para esto juega un papel fundamental el carisma de Ryan Gosling, en uno de esos papeles en los que aparece muchísimo tiempo solo en pantalla, por lo que se ve obligado a cargar sobre sus hombros todo el peso de la producción. Algunos podrían objetar que en historias de ciencia-ficción como esta, donde el aspecto visual es determinante, los actores suelen quedar en un segundo plano, pero no es, ni mucho menos, el caso. Proyecto Salvación destaca por su apuesta por una forma de hacer cine en desuso que, sin renunciar a los efectos digitales, ha preferido dejar de lado las pantallas verdes y hacer uso de decorados reales. Aunque lo que sin duda llamará más la atención es la marioneta que da pie a uno de los personajes más inesperados de la historia y que tiene detrás al ganador del Oscar Neal Scanlan.
Hasta la banda sonora, compuesta por Daniel Pemberton, al
que no conocía por ninguno de sus trabajos previos, me parece que casa a la
perfección con todo lo que se está contando, sobre todo con el tono.

No podían faltar luminosos paseos espaciales
La trama, al final, es casi lo de menos, pero con un buen montón de hallazgos que permiten varias sorpresas finales en su desenlace y que se nota tiene una base literaria cargada de ideas científicas llevadas hasta el último extremo de lo creíble. También merece la pena destacar el trabajo de la alemana Sandra Hüller. La actriz de Anatomía de una caída (2023) está magnífica en los pocos minutos de los que dispone en pantalla, pero su presencia se deja notar prácticamente en todas las escenas que comparte con Gosling.
Otro elemento curioso de Proyecto Salvación, más allá del buen poso que deja en el espectador, con esa apuesta sin tapujos por la amistad y la colaboración tras un bien común, son las continuas ideas que los aficionados al género no tendrán problemas en reconocer de otras historias. Esto, sin embargo, no hace que la película resulte repetitiva ni poco original, lo que es una muestra de lo bien montada que está. Son elementos comunes a otras producciones como el hecho de que el protagonista se despierte solo en una nave espacial sin recordar por qué está allí; que el Sol del Sistema Solar se esté muriendo, amenazando la supervivencia de la raza humana, que se las ingenia para mandar una serie de astronautas al espacio en busca de una solución científica al problema; o que una de las partes centrales de la historia consista en la comunicación entre dos especies extraterrestres, algo que se exploró de otra manara en la también estupenda La llegada (2016).
En definitiva, Proyect Hail Mary, nombre original tanto de la película como de la novela de Andy Weir que se adapta, es una estupenda historia de aventuras espaciales que, al igual que ocurría en The Martian, abraza la ciencia-ficción sin tapujos, pero sin dejar de lado su parte más científica y creíble. Lord y Miller ofrecen una mirada clara y optimista, luminosa en muchos aspectos, y se las ingenian para no resultar repetitivos a la hora de rodar en una serie de escenarios que se repiten constantemente, logrando emocionar al espectador en muchos momentos y sin dejar de lado el sentido del humor naive marca de la casa. Tanto Gosling como Hüller están estupendos y el apartado técnico brilla a un gran nivel.
Es una de esas películas que se podrían catalogar como
una feel-good movie, si no estuviéramos hablando de una gran
superproducción de estas características.
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| Ryan Gosling y Sandra Hüller en Proyecto Salvación |



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