Marzo de 2023 fue el momento elegido por Disney para estrenar la tercera temporada de una de sus series más exitosas, de nuevo con Jon Favreau a la cabeza, bien secundado por un Dave Filoni con un peso cada vez mayor dentro de la parte creativa de la franquicia Star Wars. De nuevo ocho episodios en los que Favreau se encarga de la escritura del guion, dejando la dirección en manos de otros profesionales, para abordar una trama que llevaba desarrollándose prácticamente desde los inicios de la serie pero sin dejar de lado la fórmula de episodios autoconclusivos que tan bien le había funcionado en las temporadas anteriores –si bien es cierto que, en esta ocasión, se ha notado más tanto la estructura como la plantilla que obliga a estrenar un número de episodios concreto y que acaba forzando algunas subtramas sin mucho sentido-.
La historia continúa
directamente de lo que vimos en El libro de Boba Fett, con un Din Djarin que se ha reunido de nuevo con Grogu, pero
que ha sido expulsado de su pueblo al incumplir una de las normas del credo de
Mandalore, aquella que impide que ningún ser vivo vislumbre su rostro. La única
forma de ser readmitido implica un baño en unas aguas sagradas que corren en
los subterráneos del planeta original de los mandalorianos, destruido sin
remedio por el Imperio. Para llevar a cabo tal hazaña, el protagonista
recurrirá a Bo-Katan Kryze, una de las herederas al trono, en realidad una
reina sin corona y sin súbditos.
Favreau mezcla de manera acertada la nueva cruzada del héroe con la verdadera trama de esta tercera temporada, que no es otra que la reunión del pueblo mandaloriano bajo un nuevo líder y la reconquista de su planeta caído, algo que los restos del Imperio no ven precisamente con buenos ojos. Pero no puede evitar ceder el protagonismo, en muchos momentos, al personaje interpretado por Katee Sackhoff, de igual manera que se ve obligado, en algunos capítulos, a desviar el punto de vista de la historia y centrarse en otros personajes, algunos de ellos sin el menor interés –el caso más obvio es el del tercer episodio, que tiene lugar en Coruscant y que está protagonizado por el científico que conocimos en el primer capítulo de la serie, que se suponía debía analizar la sangre de Grogu-.
De igual manera que Robert
Rodríguez ejerció labores de productor ejecutivo en El libro de Boba Fett, Rick Famuyiwa hizo lo propio en esta
temporada, encargándose además de dirigir tres de los episodios más
importantes: el primero y el doble capítulo final con el que concluyó la
historia. Bryce Dallas Howard y Carl Weathers, que moriría apenas un año
después a la edad de 76 años, continuaron aportando su visión a la franquicia
tras las cámaras. El personaje de Weathers, Greef Carga, tiene un papel
importante en esta tercera temporada, convertido en el máximo responsable de
Nevarro, uno de los principales escenarios de todas las tramas –incluidas
algunas bastante insulsas, como la que tiene al robot en su centro; y otras más
interesantes, como la lucha contra los piratas o la oferta a los mandalorianos
de establecerse como sus nuevos habitantes-.

Bo-Katan Kryze, Grogu y Din Djarin
El episodio que tiene lugar en Plazir-15, aunque está bien resuelto, parece más una excusa para introducir rostros conocidos en papeles anecdóticos. Nos encontramos aquí con Jack Black, la cantante Lizzo o el mítico Christopher Lloyd –interpretando a un separatista, ni más ni menos-. Aunque hay que reconocer que incluso de los capítulos menos interesantes siempre hay algo que poder rescatar, por ejemplo, cuando uno de los niños mandalorianos es secuestrado, Grogu queda a cargo de la Armera y recuerda cómo escapó de Coruscant y de la Orden 66 –con Filoni en los créditos de escritura-. Incluso del que está protagonizado por el científico, y que es el más aburrido de todos, se puede sacar algo de provecho, como esa descripción de una Nueva República en la que se ha ofrecido el perdón a muchos imperiales y que sin embargo se ahoga en burocracia.
La otra aportación directa de
Filoni en temas de escritura se encuentra en el séptimo episodio, con la
introducción de una serie de personajes que protagonizarán una subtrama que se
desarrollará con mayor detalle en el siguiente capítulo de la saga, el
protagonizado por la Jedi Ahsoka Tano –y que tiene pinta gobernará la
franquicia en los próximos años, incluido el próximo estreno de la saga en
cines, The Mandalorian and Grogu,
continuación directa de esta tercera temporada-. Tenemos aquí la primera
aparición del Capitán Pellaeon, un primer paso antes del regreso del Gran
Almirante Thrawn, uno de los mejores personajes del universo expandido al que
el propio Filoni sacó mucho partido en Star Wars Rebels –y que fue creado por Timothy Zahn en su estupenda trilogía literaria,
considerada durante muchos años la secuela no oficial de la saga original de
películas de Star Wars de George
Lucas-.

La reunión de los mandalorianos
Aunque en su conjunto la temporada ganó uno de los Premios Emmy menores, la realidad es que se nota algo más deslavazada que las anteriores, que aunque también tenían una trama propia que se desarrollaba a lo largo de todos los episodios, las historias autoconclusivas se encontraban mejor hilvanadas. El protagonismo compartido hace que el foco se pierda en algunos momentos y hay que reconocer que algunas subtramas han sido algo repetitivas cuando no directamente prescindibles. Si a esto sumamos que hay muchos lugares comunes que la saga se empeña en visitar una y otra vez, parece interesante plantearse si una serie de este tipo puede o no llegar a agotarse antes de lo esperado, por mucho buque insignia de la franquicia que sea ahora mismo. Esto último tiene su lado bueno y su lado malo: es interesante sentirse parte de un algo más grande, pero también puede llegar a cansar tanta servidumbre al universo en el que se desarrolla, impidiendo que alcance todo su potencial, sin arriesgarse para mostrarnos un nuevo camino. Algunos homenajes están bien tirados e incluso tienen su gracia, como el actor escogido para dar vida al Maestro Jedi encargado de salvar la vida de Grogu, pero, ¿de verdad es necesario volver a visitar Tatooine? ¿Para qué se plantea la idea de que los mandalorianos se instalen en Nevarro si su verdadero interés es recuperar su planeta natal? ¿Qué manía hay con recuperar el robot que aparecía en el primer episodio de la serie y que ya tuvo su momento de gloria en el desenlace de esa misma temporada?
A veces la historia no puede
evitar dar vueltas sobre sí misma y eso perjudica al ritmo, por lo que acaba cansando
un poco al espectador. Porque una cosa es tener claro qué es lo que se viene a
ver y otra muy distinta que comience a sonar repetitivo. Al menos la parte más
lúdica y festiva, el diseño de producción, los efectos visuales y la dirección
rayan a un gran nivel, con un presupuesto holgado que se encontrará entre los
más altos de la televisión actual. La tercera temporada tiene un desenlace
propio, sin grandes cliffhangers,
aunque sí que deja para el siguiente capítulo de la saga algún detalle
interesante que seguro se llegará a explotar en la película.
![]() |
| El regreso de un mejorado Moff Gideon |



No hay comentarios:
Publicar un comentario