lunes, 25 de mayo de 2026

Tom Clancy´s Jack Ryan. La serie

 

En el verano de 2018 John Krasinski se convirtió en el quinto actor en interpretar al agente de la CIA Jack Ryan, creación del escritor norteamericano Tom Clancy, que lo hizo debutar en 1984 en su primera novela, La caza del Octubre Rojo, de la que luego John McTiernan estrenó una estupenda adaptación en pantalla grande seis años después. 

Krasinski compone un Jack Ryan acorde con los tiempos que corren, deudor del tratamiento de la acción que reina desde hace unos años en Hollywood, en un cuerpo mucho más atlético que los que en su momento lucieron Alec Baldwin, Harrison Ford, Ben Affleck o Chris Pine. Su evolución de analista brillante de la CIA, con un doctorado en Económicas y un pasado en Wall Street, a agente de campo tan letal como resolutivo, sin dejar de lado su inteligencia y sagacidad natural, es algo a lo que los guionistas de esta serie han prestado mucha atención, sacándole partido a otro dato de su pasado que suele obviarse, ya que estuvo en Afganistán en el cuerpo de Marines, de donde volvió herido y traumatizado psicológicamente tras perder a todo su equipo y convertirse en el único superviviente de un accidente de helicóptero. 

Los responsables de esta nueva adaptación de las aventuras de uno de los espías más famosos de la ficción son dos nombres de sobra conocidos en el mundo televisivo que han colaborado varias veces desde que coincidieran por primera vez en Perdidos, Carlton Cuse y Graham Roland, que además han trabajado activamente en la realización de guiones de varios de los episodios de la serie. Pero no son los únicos: en esta gran superproducción de Amazon Studios han participado el director noruego nominado al Oscar por The Imitation Game (2014) Morten Tyldum, encargado de rodar el Piloto; Dario Scardapane, ligado en los últimos años a Marvel Studios como productor del Punisher de Netflix o showrunner de la actual Daredevil: Born Again; el músico de origen alemán e iraní Ramin Djawadi, cuyas composiciones suelo disfrutar mucho, y que en esta ocasión crea una pieza alrededor del héroe bastante pegadiza que se repite en momentos clave y que sirvió como base para la que acabó usándose para la realización de los créditos, que aparecieron a partir del estreno de la segunda temporada; o Michael Bay como productor ejecutivo, uno de los directores más taquilleros que pueden encontrarse en la meca del cine. 

Jack Ryan y James Greer

La historia comienza tras el primer encuentro entre el protagonista y James Greer, un antiguo jefe de estación de la CIA caído en desgracia y relegado a una posición de despacho en Washington. La relación entre ambos, primero profesional y luego de profunda amistad, es uno de los pilares fundamentales de la serie y tanto Krasinski como Wendell Pierce, el mítico policía Bunk de The Wire, demuestran tener una gran química en pantalla, sobre todo a través de los cuidados diálogos, característica que la producción logrará mantener con la incorporación de cada nuevo secundario. 

En esta primera temporada también se presenta al principal interés amoroso de Ryan, la doctora Cathy Mueller, interpretada por la actriz australiana Abbie Cornish, aunque en una decisión un tanto curiosa por parte de los responsables de la serie su personaje desaparecerá completamente en la segunda y tercera temporada, reapareciendo en la cuarta una vez retome su relación con Ryan, esta vez de forma más seria a la precedente –en la segunda temporada Ryan tendrá una relación sexual con otra espía interpretada por Noomi Rapace, que tendrá un único papel destacado en esa trama, sin volver a mencionarse en ninguna de las siguientes-. 

Cada una de las cuatro temporadas de la serie cuenta una historia independiente, aunque existen algunos elementos que se heredan de la una a la otra –la cuarta, por ejemplo, es una continuación directa de la tercera, en lo que tiene pinta que fue un cambio oportuno de showrunner tras la segunda, la peor valorada de todas-. Otras situaciones, a conveniencia de los guionistas, desaparecerán sin mucha explicación. Por ejemplo, la primera temporada puede entenderse como un ciclo de superación del protagonista, que se ve obligado a volver a la acción tras mucho tiempo detrás de un escritorio, incapaz de enfrentarse al accidente que acabó con la vida de sus compañeros y en el que jugó un papel determinante. Este trauma no vuelve a mencionarse en ninguno de los capítulos siguientes. Del mismo modo, Greer sufre un ataque cardíaco que es determinante en la segunda temporada y que prácticamente le fuerza al retiro y aunque es cierto que en las siguientes cede el testigo a un Jack Ryan cada vez más agente de campo, también es un problema que se da por cerrado y que no vuelve a aparecer. 

John Krasinski como Jack Ryan

El primero de los retos al que ambos deben enfrentarse es un clásico moderno de las historias de acción y espías nacidas después del 11-S: el miedo a la aparición de un nuevo Bin Laden con la determinación, los recursos y la inteligencia necesarios para volver a atacar a los Estados Unidos. En la segunda el escenario cambia a Venezuela, en la que Ryan y Greer coinciden por casualidad cuando el primero, en misión diplomática, presencia el asesinato de un amigo senador y el segundo se encuentra investigando el lanzamiento de un satélite desconocido desde el sur del mar de China. En la tercera se vuelve la vista a otro clásico de las historias de espías, la de la fuerza rebelde dentro de Rusia que ansía los tiempos de gloria de antaño, dispuesta a reavivarlos por medio de una guerra abierta contra los Estados Unidos; mientras que la última, que tiene solo seis episodios, dos menos que las anteriores, pone sobre la mesa otro de los miedos norteamericanos actuales, el de la convergencia, o lo que es lo mismo, la unión de diversas mafias y asociaciones terroristas a lo largo del mundo con el objetivo de colaborar y aprovecharse de las debilidades internas del país de las barras y estrellas. 

Lo que todas las temporadas comparten es una apuesta por la acción bien orquestada, con una serie de tramas construidas con esmero en las que no abundan los porque sí –aunque alguno hay; a veces Ryan demuestra una inteligencia excepcional a la hora de predecir lo que va a ocurrir a continuación- y que llevan a los protagonistas a lo largo del mundo a visitar mil y una localizaciones, lo que de paso hace que la serie luzca muy bien –esto no es como Alias, que todo eran decorados, sino que en realidad la producción se fue a rodar a buena parte de los sitios que en la ficción visitan los protagonistas-. Pocas veces sobran subtramas y además suelen mejorar con cada nueva temporada –en la primera hay una en concreto, protagonizada por un piloto de drones en Las Vegas, que solo sirve para rellenar espacio en los ocho episodios que dura, así como la inclusión de Cathy en la parte final que tiene lugar en el hospital; mientras que en la segunda un equipo de operaciones especiales se pierde en la jungla venezolana de una manera un tanto curiosa-. Oriente Medio es el principal escenario de la primera historia: Yemen o las costas turcas, aunque Paris también tiene su importancia. 

Hay que resaltar que, aunque en algún que otro momento la serie puede tener algún punto de vista crítico con los Estados Unidos, en realidad es bastante conservadora, con esa visión de la CIA como policía mundial que lleva cultivando años. Por ejemplo, Francia es descrita con un enorme racismo en todo momento. En su periplo por París y sus alrededores tiene lugar un diálogo que describe muy bien al protagonista, cuando es interpelado por una policía francesa que le echa en cara cómo puede trabajar para la CIA sabiendo todo lo que hacen. Ryan contesta que prefiere intentar cambiarla desde dentro que no hacer nada al respecto –la cuarta y última temporada tiene una subtrama no poco importante de limpieza de la CIA cuando es nombrada una nueva directora y Ryan accede a ser su segundo al mando con el objetivo de poner fin a todos los desmanes de la agencia, las famosas Black Ops-. 

Michael Kelly interpreta a Mike November

Caracas y la selva venezolana son los principales escenarios –con una breve escapada a Londres- de una segunda temporada en la que destaca la presencia del actor español Jordi Mollà interpretando a un presidente del país acosado por la corrupción con muchos paralelismos con la realidad –y es que los guionistas demostrarán en todo momento lo bien documentados que están, algo que se puede apreciar también en la tercera temporada con las tensiones crecientes entre americanos y rusos por la instalación de nuevas bases de la OTAN en los países limítrofes a las fronteras europeas y los movimientos de tropas de los segundos en territorio ucraniano. Como curiosidad, tras el ataque de los Estados Unidos al presidente venezolano Nicolás Maduro en enero de 2026 se hizo viral un clip del primer episodio de la segunda temporada de esta serie en la que Jack Ryan da una clase magistral a un auditorio de jóvenes cuyo principal tema no es sino la amenaza que supone Venezuela para la seguridad de su país-. 

La historia en la ficción, en sí misma, es de una brocha gorda sonrojante, nada sutil, con un escuadrón de americanos, en el que por supuesto figura Ryan, que arma en mano asalta el palacio de Miraflores para rescatar a uno de los suyos, asesinando a todo guardia de seguridad que se les pone por delante. Lo mejor de la peor temporada de toda la serie es la incorporación al elenco de Mike November, el Jefe de Estación de la CIA en Caracas interpretado por Michael Kelly, que se pasará al sector privado en la siguiente y cuya buena química tanto con Krasinski como con Pierce hacía más que necesaria su vuelta como secundario –en la cuarta pasará algo muy parecido con Michael Peña, que interpreta a uno de esos asesinos de la CIA especialistas en operaciones encubiertas tan abundantes en la ficción y que encaja como un guante junto a los tres protagonistas anteriores-. También aparece por ahí, de forma un tanto breve, Arnold Vosloo; de igual manera que en la primera aparecían Timothy Hutton o Jonathan Bailey. 

Las influencias de las sagas de Jason Bourne y las últimas entregas de las franquicias de James Bond o Misión: Imposible no se podrían notar más que en una tercera temporada en la que Ryan se ve obligado a pasar a la clandestinidad, siendo perseguido por sus propios compañeros de la CIA y recorriendo de incógnito Praga, Atenas, Santorini, Viena, Budapest o Moscú. Probablemente la mejor de toda la serie, con Nina Hoss como la Presidenta de la República Checa y un carismático James Cosmo, que se roba buena parte de la función con su jefe de la inteligencia rusa, dispuesto a colaborar con Ryan para evitar la III Guerra Mundial pero con una agenda propia igual de importante. 

La actriz sueca Noomi Rapace tiene un papel secundario en la segunda temporada de Jack Ryan

La cuarta, que termina sin ningún cliffhanger, dejándolo todo atado y bien atado, continúa con esta tendencia a la hora de visitar países como Myanmar, Croacia o México. Por su concisión, es también una estupenda historia muy bien contada que además innova a la hora de empezar, con un Ryan preso siendo torturado brutalmente, dejando el grueso de lo que se cuenta como un enorme flashback. 

En definitiva, esta nueva versión de Jack Ryan carga las tintas en la acción ofreciendo un producto de espías moderno, dinámico, con revelaciones continuas; pero que también se apoya en una química muy bien construida entre sus actores principales. No puede evitar esa corriente en el cine norteamericano post 11-S en el que falta mucha autocrítica, ni esa tendencia que tienen sus héroes de acción a hacer prácticamente lo que quieren en suelo extranjero sin la menor consecuencia. Pero el resultado final es notable como producto de acción, con abundantes escenarios exteriores, bien rodado y con una serie de tramas que, si bien es cierto que no son especialmente originales, sí que están construidas con oficio. Los cambios sobre el original literario no son excesivos, optando por contar su propia versión del personaje sin traicionar su esencia. Y aunque la producción fue cancelada tras una cuarta temporada, unos años después volvió en forma de película al mismo canal de streaming.

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