domingo, 5 de julio de 2026

Send Help, de Sam Raimi

 

Rachel McAdams protagoniza el cartel de Send Help

Sam Raimi llevaba casi diez años sin dirigir, centrado más en su faceta de productor y descubridor de nuevos talentos, cuando se cruzó en su camino la secuela de Doctor Strange (2016), que acabó estrenándose en 2022 con el sobretítulo de El multiverso de la locura. En esa película coincidió de forma breve con Rachel McAdams, cuyo papel fue drásticamente recortado con respecto a lo que vimos en la primera parte. Eso dejó el deseo en el director de volver a trabajar con ella, por lo que le ofreció el papel protagonista de su siguiente proyecto, que además marcaba la vuelta a ese tipo de historia que lo había encumbrado en sus comienzos, con esa mezcla tan personal de sentido del humor, tensión, terror y gore. 

Estrenada en enero de 2026, Send Help es una de esas películas con una única pareja protagonista y cuyo desarrollo tiene lugar prácticamente en un único escenario. En esta ocasión, una pequeña isla perdida en Tailandia a la que acaban llegando los dos únicos supervivientes de un accidente aéreo, el joven CEO de una importante empresa y una de sus empleadas, con la que no se lleva nada bien. En la isla tiene lugar un intercambio de roles de lo más interesante, ya que Linda es una auténtica aficionada a la supervivencia, por lo que posee los conocimientos necesarios para sobrevivir en un ambiente hostil, lo que la irá transformando poco a poco de apocada oficinista a líder indiscutible. Algo que no entusiasmará demasiado a su antiguo jefe, precisamente. 

Un ensangrentado Dylan O'Brien

Dylan O´Brien, el chaval de la saga El corredor del laberinto, da la réplica a una enorme Rachel McAdams, que logra transmitir todas esas evoluciones de su personalidad. La actriz de Spotlight (2016) ha conseguido destacar tanto en comedia como en drama, ya sea en cine o en televisión –su personaje era de lo mejor de la segunda temporada de True Detective-. En Send Help se echa la película a la espalda y sale airosa de ello apenas sin dificultad. 

Si a eso le sumamos que Raimi no ha perdido su toque, la verdad es que la película funciona muy bien. La crítica la ha tratado con benevolencia y en taquilla ha doblado holgadamente su presupuesto original de apenas cuarenta millones de dólares. Es cierto que el guion de Mark Swift y Damian Shannon no logra evitar cierta repetición de esquemas, pero las sorpresas y los giros de la historia lo compensan. Además, Raimi es capaz de llevárselo a su terreno gracias a la puesta en escena –el accidente del avión, pese al exceso digital, es tan divertido como bestia-, y a la introducción de sus tics más famosos, lo que supone toda una alegría para sus seguidores: bañar a sus protagonistas con todo tipo de fluidos viscosos, violencia descarnada, situaciones extremas, primeros planos y de detalle y sentido del humor, mucho sentido del humor –en el prólogo, donde conocemos a los personajes, Raimi es capaz de provocar en el espectador una fuerte sensación de vergüenza ajena-. 

No es habitual encontrarse en la cartelera con una película de este estilo. Parece ser que el proyecto llevaba algunos años rondando al director de Arrástrame al infierno (2009), pero no se embarcó en él de manera definitiva hasta que le garantizaron un estreno en salas. Lo que es de agradecer, porque Hollywood sigue necesitando de este tipo de éxitos de películas con un presupuesto medio.

Dylan O'Brien y Rachel McAdams intercambiando pareceres en Send Help


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