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| Portada del número uno de Dividido a cargo de Adam Hughes |
La llegada de Straczynski a la Marvel de los dos mil fue uno de los grandes aciertos de Joe Quesada. El creador de la estupenda Babylon 5 cumplía con todo lo que el Editor Jefe de La Casa de las Ideas buscaba en ese momento: era un buen escritor que provenía de otro medio pero que ya tenía una mínima experiencia en el mundo del cómic, con algunas obras reseñables en editoriales independientes que no eran ninguna de las dos grandes –tebeos como Midnight Nation o Rising Star-.
Su relanzamiento de la colección The Amazing Spider-Man, uno de los buques insignia de la editorial, fue de los mejores de aquellos años y su etapa con el Dios del Trueno, junto al dibujante Olivier Coipel, también de las más interesantes que se han publicado en la era moderna del personaje –algunas de sus ideas acabaron en la primera película de Thor, la de Kenneth Branagh-. Además formó parte activa de las cabezas pensantes que durante esos años dieron forma a varias de las mejores historias que ha publicado nunca Marvel Comics, en uno de esos momentos en donde el concepto de universo compartido se utilizó con mucho tino.
Straczynski era un peso pesado de la editorial, pero
acabó saliendo por la puerta de atrás tras varios años a un gran nivel. Acabó
en DC Comics, donde en esta ocasión no
acabó de dar con la tecla, para luego volver a terrenos más conocidos, como la
televisión, la novela o el cómic independiente –del año 2008 es su guion para El intercambio, película protagonizada
por Angelina Jolie que acabó dirigiendo Clint Eastwood-.
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| El ágil Spiderman de Pere Pérez |
Su vuelta a la Marvel actual tenía toda la lógica del mundo. El Editor Jefe C. B. Cebulski ha cimentado buena parte de su estrategia editorial en la publicación de una serie de productos autoconclusivos, normalmente en forma de miniserie de pocos números, en los que se recuperaban viejos autores de renombre que ya habían trabajado de forma satisfactoria previamente con los personajes. Y además retomando etapas que ellos mismos habían contribuido a crear, aunque muchos aprovecharon su vuelta para trabajar en otros proyectos en los que ya exploraban nuevas historias. Un caso parecido al de Straczynski es el del guionista J. M. DeMatteis, que primero publicó una miniserie protagonizada por Ben Reilly para luego explorar las primeras semanas de Peter Parker como Spiderman cuando había sido picado por la araña radiactiva y su tío Ben acababa de morir (La sombra del Duende Verde).
El proyecto de Straczynski es muy parecido a este último,
ya que decide no ambientar su historia en su propia etapa, sino en los años
universitarios de Peter Parker, cuando compartía clases y salidas con Harry,
Mary Jane… y Gwen.
Hay pocas cosas en el mundo de los superhéroes que den
más escalofríos que los nombres uno al lado del otro de J. Michael Straczynski
y Gwen Stacy. Porque si es cierto que el primero es el responsable de, en su
conjunto, una de las mejores etapas del personajes en su larga historia, también
tiene en su haber una de las peores historias que se han escrito nunca con
Spiderman de protagonista. Y estaba íntimamente relacionada con Gwen Stacy.
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| Peter Parker y sus amigos, por Pere Pérez |
Lo primero que hay que decir sobre este aspecto al
aficionado receloso es que no hay ningún problema por ese lado. Straczynski
ambienta la historia en la etapa de Lee y Romita siendo de lo más respetuoso,
aunque hay que reconocer que no ha prestado demasiada atención a la
continuidad. Es algo que solo notarán los aficionados veteranos, pero que ya
desde las primeras interacciones entre los personajes se va notando. Porque la
situación que el guionista describe entre todos ellos simplemente nunca tuvo
lugar.
Aun así Straczynski la usa a su favor, y no de forma caprichosa, para profundizar en sus personajes y añadir capas a la trama principal superheroica. Es algo que ya hacía muy bien en su etapa, una mezcla perfecta entre las aventuras de Spiderman y las desventuras de su alter ego, que tiene que lidiar con las clases de la uni –en este caso, de alemán-, su trabajo a tiempo parcial en el Daily Bugle, sus relaciones de amistad, su vida amorosa y sus responsabilidades como justiciero enmascarado.
Además echa mano de algunos temas con los que ya demostró
saber manejarse bastante bien, como la magia –aunque se echa de menos alguna
mención al Doctor Extraño- o los diálogos sobre la calidad de la pizza en Nueva
York. Para ello crea unos pocos personajes de nuevo cuño que encajan bien en el
mundo de Spiderman, con algún que otro cameo para dar más empaque a la historia
–el Hombre de Arena, J. Jonah Jameson, Norman Osborn o la tía May, que se comporta
como la señora cabal y repleta de experiencia que conocemos no desde hace
mucho, en vez de como la vieja desvalida que tanto gustaba a Stan Lee-. Aunque
lo verdaderamente interesante, más allá del espíritu sacrificado y heroico de
Spiderman, es la evolución, mediante los diálogos, de los cuatro amigos. El
Spiderman de Straczynski siempre destacó por tener un tratamiento más realista
y adulto y en esta ocasión no es una excepción: es más joven y menos
experimentado, pero ya empieza a preguntarse qué quiere hacer con su vida y con
quién quiere pasarla.
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| La magia tiene un papel fundamental en la historia de Dividido |
Mención aparte merece el juego con el título, que durante
toda la obra parece apuntar en una dirección para acabar teniendo un
significado distinto en el desenlace de la misma.
En definitiva, Straczynski vuelve a demostrar que, aunque
no le importe mucho la continuidad oficial, sigue sabiendo cómo escribir a
Spiderman y, sobre todo, a Peter Parker. Si a esto, que ya sería de por sí
interesante, le sumamos el grandísimo trabajo de Pere Pérez a los lápices, Dividido se convierte en uno de los
mejores productos nostálgicos que nos ha traído la Marvel de Cebulski –que se publicó en forma de miniserie de cinco
episodios y cuya primera entrega apareció en diciembre de 2025-.
El dibujante catalán ha estado trabajando en los últimos
años tanto en DC como en Marvel, donde ha tocado en varias
ocasiones la franquicia arácnida, por lo que estaba más que familiarizado con
el personaje. Su dibujo en esta serie es simplemente el mejor que se me ocurre
para ilustrar una historia ambientada en esa época: Pérez tiene un estilo y una
narrativa moderna, pero su composición de página es clásica. Sus figuras son
expresivas, en especial sus rostros, y presta gran atención al detalle tanto en
la realización de los fondos como en la vestimenta –algunos diseños, como el de
la Tía May, recuerdan muchísimo al grandísimo John Romita Sr.-. Me gusta mucho
cómo se mueve su Spiderman y cómo integra las onomatopeyas en sus secuencias de
acción más movidas. Se encarga del dibujo completo a excepción del color e
incluso dibuja varias portadas alternativas, ya que las principales se
publicaron con un autor diferente en cada número, una elección un tanto curiosa
por parte de la editorial –todas estas, junto con un buen puñado de variantes,
han sido recopiladas por Panini Comics
en su edición española, optando por el mismo formato que la serie regular, el
tomito en tapa blanda, sin duda ideal por su calidad y precio-.
Puede que la vuelta de Straczynski a Spiderman fuera el
principal reclamo de esta miniserie, pero sin duda el arte de Pere Pérez lo
eleva por encima de la media de este tipo de historias ambientadas en el pasado
de los héroes. El guionista no se queda atrás en el planteamiento y resolución
de sus tramas, especialmente en lo tocante a la vida privada de Peter Parker,
pero es en la unión con el dibujante cuando gana muchos enteros.




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