domingo, 9 de agosto de 2026

Sugar. Primera y segunda temporada

 

John Sugar, el detective interpretado por un elegante Colin Farrell que protagoniza esta serie de Apple TV, es uno de los mejores ejemplos que se han visto últimamente en televisión del arquetipo del investigador privado con sede en Los Angeles. Sugar viste siempre camisa blanca con traje y corbata oscuros. Conduce un descapotable clásico, un Corvette de color chillón. Es un gran bebedor y aunque reniega de la violencia, no es ajeno a ella. Es un tipo cuya profesionalidad y discreción le han valido la oportunidad de trabajar con gente muy poderosa y adinerada de la Costa Oeste. Por supuesto, arrastra un pequeño trauma personal y familiar, aunque eso no le impide desenvolverse con normalidad. Tiende a obsesionarse con su trabajo, que consiste en encontrar a personas desaparecidas, y sufre de una enfermedad en el brazo izquierdo que a veces le provoca tales dolores que prácticamente lo postran en el suelo.

Hasta el nombre, John Sugar, le pega a un detective privado. Lo único que le falta, para completar todo el catálogo de tópicos, es fumar.

La trama principal de esta historia gira en torno a la búsqueda de una joven adolescente, la nieta de un poderoso productor de Hollywood, y se desarrolla por los cauces habituales: desde seguir las propias pistas hasta vencer la desconfianza del resto de la familia de la chica, que cree que en cualquier momento volverá a casa sana y salva por su propio pie. Llegado un momento de la investigación, Sugar averiguará que sus pesquisas pueden muy bien volverse en su propia contra, ya que podrían afectar de manera muy negativa a buena parte de sus asociados, gente con la que suele trabajar y a la que recurre en momentos de necesidad –vigilancia, cuidados médicos, gestiones informáticas, etc.-.

Kirby interpreta a una de las confidentes de Sugar

Si hasta los coloridos títulos de crédito, con una pieza de jazz, parecen elegidos para reforzar la idea de esta serie, que no es más que traer al presente todas las características del relato policíaco, presentándolas con el mejor envoltorio posible. Desde su carismático protagonista, que hace un uso muy adecuado de la voz en off para ir mostrando sus pensamientos al espectador, a la parte más técnica de la producción, que aunque opta por la plantilla cada vez más habitual de ocho episodios por temporada, elige una duración variable para cada capítulo dependiendo de lo que se quiera contar en él. Eso hace que la serie tenga ritmo, pero también que resulte más previsible, ya que todas las piezas van encajando poco a poco tal y como se espera que lo hagan.

Visto todo esto, ¿qué aporta Sugar que merezca la pena, más allá de ser un neo-noir con un gran envoltorio?

La serie fue nominada a varios Emmys menores y renovada por una segunda temporada que, tal y como ocurrió con Severance, se estrenó muy tarde, dejando pasar dos años entre ambas. El primer episodio es de abril de 2024, mientras que la segunda tanda de capítulos comenzó a emitirse a mediados de junio de este año 2026. De hecho, a Farrell le ha dado tiempo entre ambas a estrenar dos películas y una serie para la HBO, El pingüino, por la que también recibió halagos.

La actriz Amy Ryan en una escena de Sugar

El actor irlandés es lo mejor de Sugar. Su caracterización es sutilmente diferente a lo que uno se espera del típico detective privado. En primer lugar, no es ni mucho menos una persona miserable y traumada al estilo de esos policías cada vez más frecuentes en historias televisivas. Más bien todo lo contrario. Vive bastante cómodo, tiene dinero para gastar y le gustan los lujos. Es además tan eficiente como amable y tiene una facilidad pasmosa para los idiomas. Pero sobre todo es una buena persona que intenta por todos los medios no hacer daño a sus semejantes. De hecho, cuando tiene la oportunidad, los ayuda en lo posible, aunque sean desconocidos. Lo mismo da que sea una mujer que acaba de recaer en su alcoholismo, un humilde chófer cuya hija está muy enferma o un vagabundo sin hogar que solo necesita una segunda oportunidad. John está ahí para ayudarlos en lo posible, ya sea con un buen consejo, un poco de dinero o poniéndolos en contacto con alguien que puede facilitarles la vida. También adora a los perros y se lleva muy bien con ellos.

Además es un enamorado del cine, sobre todo del clásico. En sus diálogos hay referencias constantes a multitud de películas y no siempre de género negro –hay un momento muy curioso en el que se encuentra en la consulta del médico y le narra al doctor la escena de La Cosa de John Carpenter con el desfibrilador-. En varias ocasiones nos lo encontramos descansando en la butaca de un cine, viendo una peli tranquilamente. Y en muchos momentos, lo que el espectador ve en pantalla es interrumpido por fotogramas, normalmente en blanco y negro, de clásicos del celuloide. De modo que, gracias al montaje, la búsqueda del protagonista comparte momentos con Robert Mitchum, Humphrey Bogart, Paul Newman o Glen Ford –y Rita Hayworth-. Spade, Marlowe. Y ahora, John Sugar.

Aunque Farrell es el auténtico protagonista y alma del show, se encuentra bien arropado por secundarios como James Cromwell, que encarna a su empleador, o Amy Ryan como un posible interés amoroso. También tienen papeles destacados Dennis Boutsikaris, Anna Gunn, a la que no veía desde Breaking Bad, o la joven Sydney Chandler, que protagonizó después la primera serie para televisión del universo Alien.

Colin Farrell y Laura Donnelly es una romántica escena de la segunda temporada de Sugar

Pero hay algo más. Algo que ocurre nada más traspasar el ecuador de la primera temporada y que cambia la serie en su totalidad. Para bien o para mal, ojo, porque la revelación que llega es tan brusca, tan radical, que puede atraer a tanta gente a esta producción como expulsarlos para siempre.

Y aunque no voy a mencionarla de manera explícita, sí que es probable que acabe arruinando parte de la sorpresa de Sugar, así que, a partir de aquí, cuidado con los spoilers.

Porque Sugar es, en realidad, una serie de ciencia-ficción. No evidente, ni hard, pero sí que utiliza algunos elementos cuando le conviene. Y eso lo cambia todo.

Colin Farrell y un siempre estupendo Shea Whigham

Mark Protosevich debutó en Hollywood en 2000 con el guion de La Celda. Desde entonces no se ha prodigado mucho, cinco títulos en total, de entre los que merece la pena destacar la adaptación de Soy leyenda (2007) o la primera aparición del Thor de Marvel Studios en 2011. Sugar es su primera producción creada y escrita para televisión, ejerciendo labores de showrunner durante su primera temporada. Para la dirección de buena parte de los episodios de esta primera tanda contó con la original mirada de Fernando Meirelles, director al que tenía perdida la pista desde el estreno de Blindness (2008). Y digo original porque el brasileño consigue aportar un punto diferente a la narración en una ciudad de Los Angeles más luminosa de la que suele mostrarse cuando se cuentan historias de crímenes, violencia y secuestros.

Hay que decir que la historia está lo suficientemente bien atada como para volver la vista a sus primeros episodios y prestar atención a esas pequeñas rarezas que van apareciendo aquí y allá y que en el fondo nos iban avisando de por dónde podían ir los tiros de la serie en realidad. Esa es una de las razones por la que Sugar se disfruta más y mejor –o tal vez no, dependen del espectador- sin tener ni idea de qué es lo que se va a ver.

Como suele ser habitual también en este tipo de series de premisa normal y giro estrambótico en sus tramas, la duda sobre la naturaleza de su continuación no es pequeña, ni mucho menos. ¿Abrazará sin ningún tipo de reparo las nuevas direcciones que se abren tras una revelación tan enorme? ¿Optará por seguir como si nada? ¿Cómo conseguir cautivar de nuevo al espectador sin repetir lo mismo?

John Sugar (Colin Farrell) y el cine

Como ya he comentado, las dudas se despejaron dos años después. John Sugar regresó con un nuevo caso, esta vez la desaparición del hermano de un deportista, un boxeador a la espera de su gran oportunidad. Los guionistas dedican, como mucho, cinco minutos para despachar la gran subtrama que quedó pendiente de la anterior temporada, para así volver cuanto antes al status quo original. Pero claro, un giro tan brusco no puede ignorarse así como así, por lo que se introduce una segunda investigación. Lo más curioso es que, si un espectador despistado llegara por casualidad a esta segunda temporada sin haber visto la primera, podría avanzar por los episodios sin darse cuenta de la auténtica realidad, aunque si está atento probablemente vaya pescando aquí y allá pequeños detalles que le llame la atención sobre que algo no acaba de encajar.

Sasha Calle, que debutó en el cine en 2023 interpretando a la Supergirl del snyderverso, Laura Donnelly, la Elsa Bloodstone del MCU que vimos en Werewolf By Night (2022), y Shea Whigham, mítico actor al que descubrimos gracias a la HBO y a Boardwalk Empire, uno de esos secundarios que mejoran toda producción en la que aparecen, se incorporan al elenco de la serie. Sam Catlin, que trabajó en Breaking Bad –hay muchos actores en Sugar que participaron en la estupenda serie de Vince Gilligan o en su spin-off-, sustituye al creador original de la serie en labores de escritura y como showrunner en la segunda temporada. Mireille Enos, a la que conocimos por su torturada detective en la versión americana de The Killing, hace acto de presencia en el desenlace para protagonizar una nueva e importante revelación en la vida del protagonista.

Es cierto que el factor sorpresa, una vez perdido, no ayuda. Y que en general esta segunda temporada es inferior a su predecesora. Pero sigue siendo una buena historia muy bien contada, un gran relato policíaco con un protagonista muy bueno –Farrell sigue a un estupendo nivel- que se va complicando hasta revelar un gran caso de corrupción en la sombra.

A pocos meses de emitirse el último episodio de la segunda temporada, y pese a haber tenido una buena recepción por parte del público y la crítica, de momento no se ha anunciado la renovación o no de Sugar para una tercera tanda de capítulos. Algo que, por otro lado, no es raro si hablamos de Apple, que suele tomarse con calma este tipo de comunicados. Sugar no es una serie cara de producir, por lo que lo normal sería mantenerla en su catálogo, siempre y cuando sea posible cuadrar la agenda de Farrell, uno de esos actores a los que nunca falta trabajo.

Cartel promocional de la segunda temporada de Sugar


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