John Sugar, el detective interpretado por un elegante
Colin Farrell que protagoniza esta serie de Apple
TV, es uno de los mejores ejemplos que se han visto últimamente en
televisión del arquetipo del investigador privado con sede en Los Angeles. Sugar
viste siempre camisa blanca con traje y corbata oscuros. Conduce un
descapotable clásico, un Corvette de
color chillón. Es un gran bebedor y aunque reniega de la violencia, no es ajeno
a ella. Es un tipo cuya profesionalidad y discreción le han valido la
oportunidad de trabajar con gente muy poderosa y adinerada de la Costa Oeste.
Por supuesto, arrastra un pequeño trauma personal y familiar, aunque eso no le
impide desenvolverse con normalidad. Tiende a obsesionarse con su trabajo, que
consiste en encontrar a personas desaparecidas, y sufre de una enfermedad en el
brazo izquierdo que a veces le provoca tales dolores que prácticamente lo
postran en el suelo.
Hasta el nombre, John Sugar, le pega a un detective
privado. Lo único que le falta, para completar todo el catálogo de tópicos, es
fumar.
La trama principal de esta historia gira en torno a la
búsqueda de una joven adolescente, la nieta de un poderoso productor de
Hollywood, y se desarrolla por los cauces habituales: desde seguir las propias
pistas hasta vencer la desconfianza del resto de la familia de la chica, que cree
que en cualquier momento volverá a casa sana y salva por su propio pie. Llegado
un momento de la investigación, Sugar averiguará que sus pesquisas pueden muy
bien volverse en su propia contra, ya que podrían afectar de manera muy
negativa a buena parte de sus asociados, gente con la que suele trabajar y a la
que recurre en momentos de necesidad –vigilancia, cuidados médicos, gestiones
informáticas, etc.-.
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| Kirby interpreta a una de las confidentes de Sugar |
Si hasta los coloridos títulos de crédito, con una pieza
de jazz, parecen elegidos para reforzar la idea de esta serie, que no es más
que traer al presente todas las características del relato policíaco,
presentándolas con el mejor envoltorio posible. Desde su carismático
protagonista, que hace un uso muy adecuado de la voz en off para ir mostrando
sus pensamientos al espectador, a la parte más técnica de la producción, que
aunque opta por la plantilla cada vez más habitual de ocho episodios por
temporada, elige una duración variable para cada capítulo dependiendo de lo que
se quiera contar en él. Eso hace que la serie tenga ritmo, pero también que
resulte más previsible, ya que todas las piezas van encajando poco a poco tal y
como se espera que lo hagan.
Visto todo esto, ¿qué aporta Sugar que merezca la pena, más allá de ser un neo-noir con un gran envoltorio?
La serie fue nominada a varios Emmys menores y renovada
por una segunda temporada que, tal y como ocurrió con Severance, se estrenó muy tarde, dejando pasar dos años entre
ambas. El primer episodio es de abril de 2024, mientras que la segunda tanda de
capítulos comenzó a emitirse a mediados de junio de este año 2026. De hecho, a
Farrell le ha dado tiempo entre ambas a estrenar dos películas y una serie para
la HBO, El pingüino, por la que también recibió halagos.
La actriz Amy Ryan en una escena de Sugar
El actor irlandés es lo mejor de Sugar. Su caracterización es sutilmente diferente a lo que uno se
espera del típico detective privado. En primer lugar, no es ni mucho menos una
persona miserable y traumada al estilo de esos policías cada vez más frecuentes
en historias televisivas. Más bien todo lo contrario. Vive bastante cómodo,
tiene dinero para gastar y le gustan los lujos. Es además tan eficiente como
amable y tiene una facilidad pasmosa para los idiomas. Pero sobre todo es una
buena persona que intenta por todos los medios no hacer daño a sus semejantes.
De hecho, cuando tiene la oportunidad, los ayuda en lo posible, aunque sean
desconocidos. Lo mismo da que sea una mujer que acaba de recaer en su
alcoholismo, un humilde chófer cuya hija está muy enferma o un vagabundo sin
hogar que solo necesita una segunda oportunidad. John está ahí para ayudarlos
en lo posible, ya sea con un buen consejo, un poco de dinero o poniéndolos en
contacto con alguien que puede facilitarles la vida. También adora a los perros
y se lleva muy bien con ellos.
Además es un enamorado del cine, sobre todo del clásico.
En sus diálogos hay referencias constantes a multitud de películas y no siempre
de género negro –hay un momento muy curioso en el que se encuentra en la
consulta del médico y le narra al doctor la escena de La Cosa de John Carpenter con el desfibrilador-. En varias
ocasiones nos lo encontramos descansando en la butaca de un cine, viendo una
peli tranquilamente. Y en muchos momentos, lo que el espectador ve en pantalla
es interrumpido por fotogramas, normalmente en blanco y negro, de clásicos del
celuloide. De modo que, gracias al montaje, la búsqueda del protagonista comparte
momentos con Robert Mitchum, Humphrey Bogart, Paul Newman o Glen Ford –y Rita
Hayworth-. Spade, Marlowe. Y ahora, John Sugar.
Aunque Farrell es el auténtico protagonista y alma del
show, se encuentra bien arropado por secundarios como James Cromwell, que
encarna a su empleador, o Amy Ryan como un posible interés amoroso. También
tienen papeles destacados Dennis Boutsikaris, Anna Gunn, a la que no veía desde
Breaking Bad, o la joven Sydney
Chandler, que protagonizó después la primera serie para televisión del universo
Alien.
Colin Farrell y Laura Donnelly es una romántica escena de la segunda temporada de Sugar
Pero hay algo más. Algo que ocurre nada más traspasar el
ecuador de la primera temporada y que cambia la serie en su totalidad. Para
bien o para mal, ojo, porque la revelación que llega es tan brusca, tan
radical, que puede atraer a tanta gente a esta producción como expulsarlos para
siempre.
Y aunque no voy a mencionarla de manera explícita, sí que
es probable que acabe arruinando parte de la sorpresa de Sugar, así que, a partir de aquí, cuidado con los spoilers.
Porque Sugar
es, en realidad, una serie de ciencia-ficción. No evidente, ni hard, pero sí que utiliza algunos
elementos cuando le conviene. Y eso lo cambia todo.
Colin Farrell y un siempre estupendo Shea Whigham
Mark Protosevich debutó en Hollywood en 2000 con el guion
de La Celda. Desde entonces no se ha
prodigado mucho, cinco títulos en total, de entre los que merece la pena
destacar la adaptación de Soy leyenda
(2007) o la primera aparición del Thor
de Marvel Studios en 2011. Sugar es su primera producción creada y
escrita para televisión, ejerciendo labores de showrunner durante su primera temporada. Para la dirección de buena
parte de los episodios de esta primera tanda contó con la original mirada de
Fernando Meirelles, director al que tenía perdida la pista desde el estreno de Blindness (2008). Y digo original
porque el brasileño consigue aportar un punto diferente a la narración en una
ciudad de Los Angeles más luminosa de la que suele mostrarse cuando se cuentan
historias de crímenes, violencia y secuestros.
Hay que decir que la historia está lo suficientemente
bien atada como para volver la vista a sus primeros episodios y prestar
atención a esas pequeñas rarezas que van apareciendo aquí y allá y que en el
fondo nos iban avisando de por dónde podían ir los tiros de la serie en
realidad. Esa es una de las razones por la que Sugar se disfruta más y mejor –o tal vez no, dependen del
espectador- sin tener ni idea de qué es lo que se va a ver.
Como suele ser habitual también en este tipo de series de
premisa normal y giro estrambótico en sus tramas, la duda sobre la naturaleza
de su continuación no es pequeña, ni mucho menos. ¿Abrazará sin ningún tipo de
reparo las nuevas direcciones que se abren tras una revelación tan enorme?
¿Optará por seguir como si nada? ¿Cómo conseguir cautivar de nuevo al
espectador sin repetir lo mismo?
John Sugar (Colin Farrell) y el cine
Como ya he comentado, las dudas se despejaron dos años
después. John Sugar regresó con un nuevo caso, esta vez la desaparición del hermano
de un deportista, un boxeador a la espera de su gran oportunidad. Los
guionistas dedican, como mucho, cinco minutos para despachar la gran subtrama
que quedó pendiente de la anterior temporada, para así volver cuanto antes al status quo original. Pero claro, un giro
tan brusco no puede ignorarse así como así, por lo que se introduce una segunda
investigación. Lo más curioso es que, si un espectador despistado llegara por
casualidad a esta segunda temporada sin haber visto la primera, podría avanzar
por los episodios sin darse cuenta de la auténtica realidad, aunque si está
atento probablemente vaya pescando aquí y allá pequeños detalles que le llame
la atención sobre que algo no acaba de encajar.
Sasha Calle, que debutó en el cine en 2023 interpretando
a la Supergirl del snyderverso, Laura
Donnelly, la Elsa Bloodstone del MCU
que vimos en Werewolf By Night
(2022), y Shea Whigham, mítico actor al que descubrimos gracias a la HBO y a Boardwalk Empire, uno de esos secundarios que mejoran toda
producción en la que aparecen, se incorporan al elenco de la serie. Sam Catlin,
que trabajó en Breaking Bad –hay
muchos actores en Sugar que
participaron en la estupenda serie de Vince Gilligan o en su spin-off-, sustituye al creador original
de la serie en labores de escritura y como showrunner
en la segunda temporada. Mireille Enos, a la que conocimos por su torturada
detective en la versión americana de The Killing, hace acto de presencia en el desenlace para protagonizar una nueva
e importante revelación en la vida del protagonista.
Es cierto que el factor sorpresa, una vez perdido, no ayuda. Y que en general esta segunda temporada es inferior a su predecesora. Pero sigue siendo una buena historia muy bien contada, un gran relato policíaco con un protagonista muy bueno –Farrell sigue a un estupendo nivel- que se va complicando hasta revelar un gran caso de corrupción en la sombra.
A pocos meses de emitirse el último episodio de la
segunda temporada, y pese a haber tenido una buena recepción por parte del
público y la crítica, de momento no se ha anunciado la renovación o no de Sugar para una tercera tanda de
capítulos. Algo que, por otro lado, no es raro si hablamos de Apple, que suele tomarse con calma este
tipo de comunicados. Sugar no es una
serie cara de producir, por lo que lo normal sería mantenerla en su catálogo,
siempre y cuando sea posible cuadrar la agenda de Farrell, uno de esos actores
a los que nunca falta trabajo.


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