lunes, 22 de mayo de 2017

Déjame salir, de Jordan Peele

El terror cotidiano es un género que no necesita de grandes nombres delante o detrás de las cámaras, ni una gran inversión en producción o en publicidad, ya que suele funcionar muy bien el boca-oreja. Esa es una de las razones por las que muchos directores se lanzan al ruedo con películas de estas características, donde pueden demostrar su saber hacer a un coste razonable –no es el caso exacto de Jordan Peele, ya que si bien sí que es cierto que es su debut detrás de las cámaras, como actor tiene ya una carrera a sus espaldas en el mundo de la comedia, tanto en televisión como en la pantalla grande-.

Escrita también por él –hay un cierto homenaje a un clásico de la ciencia-ficción de mediados de los setenta, versionado en más de una ocasión -, la película se estrenó a principios de año en Sundance y su ridículo presupuesto se ha visto superado en taquilla de una manera espectacular. La crítica la ha adorado y ha sido una de las producciones del momento en uno de los festivales independientes más famosos del mundo.

Get Out –el sentido del título se pierde un poco en la traducción española- juega con una premisa sencilla, más emparentada con el drama, para luego dar un giro brusco hacia un terror cotidiano pero con un punto original bastante bien conseguido.

Un joven de raza negra, Chris, viaja por primera vez con su novia para conocer a la familia de esta. La mayoría de la acción se desarrolla en la apartada casa señorial del clan Armitage, donde casi todo el mundo es blanco exceptuando algunos afroamericanos que trabajan en el servicio. La primera parte de la película se desarrolla no sin cierta parte de crítica a la hora de plasmar esas relaciones entre negros y blancos, ya que siempre hay algo escondido bajo la capa de aparente respetabilidad y armonía que todos mostramos ante nuestros invitados.

Peele no renuncia a los clásicos del género. El protagonista pronto comienza a notar que hay algo raro en el ambiente, sobre todo en la manera de comportarse que tienen las personas a su alrededor. Incluso hay algún que otro susto propiciado por la subida repentina del sonido, un recurso tan manido como efectivo a estas alturas. Pero, como ya he comentado antes, todo esto dura hasta que la acción se precipita y el misterio va desvelándose alrededor de los Armitage y tengo que reconocer que aunque puede ir intuyéndose gracias a diversas pistas aquí y allá, las revelaciones finales son impactantes, más propias de clásicos de la EC o de la Dimensión Desconocida, llevando al espectador por un camino mucho más terrorífico de lo que en un principio había imaginado.



La película funciona y la idea no se agota en ningún momento. Ya son varias las propuestas de terror a priori menos ambiciosas que nos están sorprendiendo muy gratamente en los últimos años. Ejemplos como The Babadook, No respires, It Follows, La invitación o La Bruja son prueba suficiente de que el género está más vivo que nunca y esta Get Out es un claro ejemplo de ello, haciendo de su sencillez uno de los elementos más importantes a la hora de describirla, tanto como su efectividad. 

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