jueves, 11 de mayo de 2017

Lo que aprendimos de Prometheus: el camino a Alien: Covenant

Prometheus (2012) nos contaba la historia de una expedición científica que en un futuro cercano llegaba a un remoto planeta siguiendo una serie de indicaciones halladas en el pasado de las principales civilizaciones terrestres. La doctora Elizabeth Shaw, interpretada por la sueca Noomi Rapace, tiene la teoría de que en realidad están buscando a los verdaderos padres de la raza humana, a los que denomina Ingenieros –teoría que un momento de la película se da por comprobada-.

Lo que ocurre es que lo que los tripulantes de la Prometheus creían era el origen de la vida, no es sino una especie de arsenal de armas de destrucción masiva que, con muy buen criterio, los Ingenieros mantienen alejado de sus propios mundos. Por lo que se puede intuir aquí y allá el planeta posee una serie de naves que son en realidad como caballos de Troya, que llevarían la destrucción a otros planetas. Las armas en sí son más de tipo químico que destructivo, ya que todo se basa en el contagio.

David, el androide con agenda propia interpretado por Michael Fassbender, intenta forzar la situación propiciando el contagio de uno de los miembros de la expedición, con resultados inconclusos: el doctor Holloway muestra claros signos de deterioro, pero es asesinado por la capitana Vickers (Charlize Theron) antes de que podamos averiguar el desenlace. De entre el resto de miembros de la expedición que han sido infectados o han tenido contacto directo con la extraña sustancia, tan solo uno ha demostrado cambios especiales, convirtiéndose en una especie de cadáver reanimado extremadamente fuerte y violento.

Aquí el guion de Damon Lindelof y Jon Spaihts tiene ciertas dificultades para seguir hilvanando la historia principal, dejándose llevar por golpes de efecto que dan vergüenza ajena y un desarrollo de personajes prácticamente nulo –pocas veces he visto un reparto tan bueno tan mal aprovechado-.

El caso es que la doctora Shaw es infectada por Holloway vía sexual, pasando en un tiempo récord a desarrollar en su interior una criatura parásita –una característica que, junto con el ácido que desprende una de las serpientes en el interior de la nave alienígena, lo hermana con lo que conocemos del xenomorfo-. La doctora consigue extirparse el ente, pero si no lo hubiera conseguido entendemos que habría salido por su cuenta, crecido hasta un tamaño considerable e intentado a su vez parasitar a otro individuo, para a su vez dar a luz a una Reina, como la vimos en la segunda parte de Alien –subtitulada El Regreso en español, la de James Cameron y los Marines-. Todo esto lo vemos en la misma Prometheus, ya que el destino final del último de los Ingenieros es servir de carnaza para una nueva madre.

Aquí quedan muchos cabos sueltos. No está claro si el nacimiento de la Reina es o no fortuito, ya que es el organismo de reproducción definitivo: muy difícil de matar y con capacidad para poner una enorme cantidad de huevos que permanecen en estado de hibernación hasta que detectan la presencia de un ser vivo en su entorno. Es entonces cuando despiertan y continúan el contagio, dando lugar a una nueva evolución de la especie que, ahora sí, tiene autonomía e inteligencia suficiente para capturar nuevas víctimas para la reproducción –de nuevo esto lo aprendimos en la segunda parte de la saga-. Resumiendo, el punto de unión entre la sustancia negra y viscosa que vuelve homicida al portador y el calamar hipervitaminado que luego dará lugar a una Reina es más que difuso. Por no hablar de que en el prólogo de la historia el origen de la vida viene a depender de la ingesta de una sustancia viscosa y negra. ¿Es la misma?

Lo que sí que queda meridianamente claro es que los Ingenieros perdieron el control de su propia arma en un algún momento y no consiguieron su propósito inmediato que, valga la coincidencia, consistía en la destrucción de la Tierra. De hecho el mayor punto de conexión con la primera película de la saga es el Space Jockey que encuentran los tripulantes de la Nostromo y que es similar al que vemos en Prometheus. Se supone que la nave alienígena sufrió algún tipo de improviso que le hizo estrellarse, fallando a la hora de llegar a su destino –al que querían aniquilar-. Lo que no queda muy claro es porqué transportaban huevos en lugar de las urnas con la sustancia viscosa de marras.

Demasiadas incongruencias en una historia que acababa con la doctora Shaw como única superviviente marchando en busca del origen de los Ingenieros, acompañada por los restos del androide David. La película, en definitiva, fue un desastre de guión con tantas contradicciones que la obsesión de los americanos con la simbología religiosa –me estoy acordando de Man of Steel- ya hasta nos daba igual.

Como parte de la promoción de Alien: Covenant, se han lanzado una serie de vídeos con cierto interés. El primero es un corto dirigido por el propio Scott titulado The Crossing. En él se nos muestra brevemente qué fue de la doctora Shaw y de David tras abandonar el planeta al final de Prometheus.


El segundo de ellos, replete de homenajes a la primera película, nos muestra a la tripulación de la primera expedición al espacio exterior con el objetivo de colonizar otro planeta. Una especie de última cena antes de someterse a la criogénesis que los mantendrá en animación suspendida hasta llegar a destino.



El próximo estreno de Alien: Covenant promete resolver muchas de las dudas planteadas hasta ahora, de nuevo con Scott al mando, dando rienda suelta a todas las ideas que en su momento tenía preparadas para la secuela y que nunca llegó a utilizar, ya que fue apartado de las continuaciones. Aunque no será nada fácil, visto el lío que organizaron Lindelof y su compañero. Aquí lo que pensé de la película tras su primer visionado en cines: Prometheus

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