A mediados de la década de los
cincuenta del siglo pasado, en la revista Spirou,
se publicó el primer álbum de Lucky Luke que contó con guion de René Goscinny, El ferrocarril en la pradera y aunque
Morris se la ingenió para colar su nombre en alguna ilustración, todavía no
aparecía acreditado como guionista. Hasta entonces Dupuis ya había publicado ocho álbumes, algunos de ellos
recopilando una serie de historias más cortas que las habituales treinta y
pocas páginas. La llegada del guionista francés propició una apuesta total por
aventuras completas, de modo que se aprovechaba todo el espacio que ofrecía
cada álbum.
No es lo único que cambió
Goscinny. Ya en esta primera aventura se pueden encontrar muchas de las señas
de identidad que luego se convertirían en marca de la casa y que podemos reconocer
en las mejores aventuras del personaje. Sin ir más lejos, historias más
elaboradas como Alambradas en la pradera
es una vuelta a esta primera toma de contacto con el personaje.
Lo más importante sin duda es
el lento pero inevitable camino que comenzará el protagonista en pos de
convertirse en un héroe intachable. Solitario, sí, pero dispuesto a cualquier
cosa por ayudar a aquellos más necesitados con los que va cruzándose. Por
supuesto el sentido del humor y el cariño por la parodia están ahí desde el
principio, en plena colaboración con Morris, que nunca se quejó de la
influencia de Goscinny, sino todo lo contrario: el dibujante se sentía mucho
más cómodo si podía centrarse en el dibujo con mucho más tiempo. El chiste
recurrente, un recurso humorístico al que Goscinny sacó muchísimo partido a lo
largo de toda su vida, ya tiene aquí unos primeros y tímidos pasos, con un
pasajero que se queja constantemente de las malas condiciones del viaje.
La realidad histórica también
hace acto de presencia, ya que esta primera colaboración no es sino un somero y
simpático resumen de una de las gestas de la historia norteamericana de finales
del siglo XIX, cuando todo el país se unió de costa a costa gracias a una
carrera suicida entre dos empresas que querían llevarse el honor de ser la
constructora más importante del ferrocarril. Incluso aparece Leland Stanford,
personaje histórico de sobra conocido en Estados Unidos que, entre muchas otras
cosas, puso nombre a la famosa Universidad. Por supuesto la historia de
Goscinny es mucho más amable que la realidad histórica, como se puede comprobar
fácilmente gracias a la estupenda Hell On Wheels, la serie de la AMC.
Otros rasgos comunes con
futuras aventuras de Lucky Luke son algunos personajes secundarios como el
conspirador en la sombra o el saboteador que sigue a Luke, haciendo todo lo
posible para que este fracase en su misión. Lo mismo se puede decir de los
indios o de los pueblos de la llanura.
Merece la pena también
detenerse un momento en el estilo de dibujo de Morris, que aunque ya se
encuentra cerca de encontrar el diseño definitivo de su personaje principal,
todavía le quedan un buen puñado de páginas para pulirlo. El dibujante había
pasado varios años en Estados Unidos y se trajo una serie de influencias –por
ejemplo de los fundadores de la revista MAD-
entre las que hay que destacar el estilo Disney
y que se puede apreciar en estas páginas en el redondeo y el acabado de sus
figuras, que se alejan de la línea clara de aquellos que se adscribieron al
estilo de Hergé y de Tintín.



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