jueves, 1 de junio de 2017

La Torre Oscura IV: mago y cristal, de Stephen King


La ambiciosa saga de King alcanza su ecuador con un cambio drástico en su estilo. O más bien una vuelta a lo que se nos mostró en el primer volumen, El pistolero, donde el western tenía un mayor peso que la ciencia-ficción y la fantasía. Publicada a finales de 1997, son casi ochocientas páginas en cuya primera edición contó con la ayuda del genial ilustrador Dave McKean.

La anterior novela, Las tierras baldías, dejaba al ka-tet de Roland en una posición realmente difícil: viajando hacia la Torre Oscura, sí, pero a bordo de un tren ultramoderno gobernado por una inteligencia artificial desquiciada cuyo único propósito es suicidarse al estrellarse al final de su recorrido. Para evitarlo, deberán recurrir a un clásico de la literatura fantástica: una competición de adivinanzas.

La Torre Oscura posee una enorme cantidad de referencias al resto de la obra de King. Uno de sus antagonistas, el Hombre de Negro al que Roland perseguía de manera incansable en la primera novela, no solo tiene una buena colección de nombres, sino que ha aparecido como villano en otros relatos del novelista. La primera parada de los protagonistas en su nuevo itinerario no es sino Topeka, Kansas, en 1980 y es el escenario en el que se desarrolla una de las novelas más conocidas de King, The Stand (La danza de la muerte o Apocalipsis), publicada a finales de 1978.

La verdad es que a estas alturas es una obviedad resaltar que King sabe perfectamente cómo manejar un relato de fantasía, permaneciendo fiel a las reglas del mismo. Ha llegado el momento de las revelaciones y la mayor parte de la novela va a consistir en un relato en clave de flashback por parte del propio Roland, contando buena parte de su pasado. En concreto su primera misión como pistolero en compañía de su primer ka-tet, formado por sus dos mejores amigos de la infancia. Su primer amor, sus primeras muertes y las primeras tragedias que fueron dando forma a su vida. Mostrando, de paso, muchos detalles sobre la configuración del Mundo-Medio que habitan los protagonistas, poco antes de que se moviera y cambiara para siempre.

Eso quiere decir que hay mucha información en esta parte central y una ambientación deudora del western más puro. Son muchos los nombres que hasta ahora apenas hemos oído y que van a ir cobrando una mayor importancia conforme va avanzando la saga, como el de John Farson, el Hombre Bueno, un renegado responsable de la caída de Gilead y de la aniquilación de los pistoleros. Roland, con apenas catorce años recién cumplidos, tendrá su primer encuentro con los hombres de Farson. De igual forma se menciona el Arco Iris de Maerlyn –una referencia artúrica- y el Rey Carmesí, auténtico villano de toda la saga.

Por si todo eso no fuera suficiente, la novela retoma las tramas que tienen lugar en el “presente” con un nuevo enfrentamiento entre el ka-tet de Roland y el Hombre de Negro, que se revela bajo una serie de nuevas identidades, en una ciudad que recuerda sin ningún pudor a la Ciudad Esmeralda de El mago de Oz.

Mago y cristal es una novela compleja, probablemente la mayor de la saga hasta ahora. King no se lo pone nada fácil a sus lectores, con continuas idas y venidas en el tiempo, revelaciones y falsas identidades de muchos de sus personajes. Por si la mezcla de géneros no fuera suficiente a estas alturas, King sigue introduciendo parte de su propia obra en la saga –que puede o no tener importancia- a la vez que va utilizando nuevas referencias, como a las leyendas artúricas o a la saga de El mago de Oz.

Una historia que todavía está lejos de acabar, cuya complejidad va creciendo, pero que a estas alturas ya ha logrado desarrollar un universo propio y reconocible. 

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