La ambiciosa saga de King
alcanza su ecuador con un cambio drástico en su estilo. O más bien una vuelta a
lo que se nos mostró en el primer volumen, El pistolero, donde el western tenía un mayor peso que la ciencia-ficción y la
fantasía. Publicada a finales de 1997, son casi ochocientas páginas en cuya
primera edición contó con la ayuda del genial ilustrador Dave McKean.
La anterior novela, Las tierras baldías, dejaba al ka-tet de Roland en una posición
realmente difícil: viajando hacia la Torre Oscura, sí, pero a bordo de un tren
ultramoderno gobernado por una inteligencia artificial desquiciada cuyo único
propósito es suicidarse al estrellarse al final de su recorrido. Para evitarlo,
deberán recurrir a un clásico de la literatura fantástica: una competición de
adivinanzas.
La Torre Oscura posee una enorme cantidad de referencias al resto
de la obra de King. Uno de sus antagonistas, el Hombre de Negro al que Roland
perseguía de manera incansable en la primera novela, no solo tiene una buena
colección de nombres, sino que ha aparecido como villano en otros relatos del
novelista. La primera parada de los protagonistas en su nuevo itinerario no es
sino Topeka, Kansas, en 1980 y es el escenario en el que se desarrolla una de
las novelas más conocidas de King, The
Stand (La danza de la muerte o Apocalipsis), publicada a finales de
1978.
La verdad es que a estas
alturas es una obviedad resaltar que King sabe perfectamente cómo manejar un
relato de fantasía, permaneciendo fiel a las reglas del mismo. Ha llegado el
momento de las revelaciones y la mayor parte de la novela va a consistir en un
relato en clave de flashback por
parte del propio Roland, contando buena parte de su pasado. En concreto su
primera misión como pistolero en compañía de su primer ka-tet, formado por sus dos mejores amigos de la infancia. Su
primer amor, sus primeras muertes y las primeras tragedias que fueron dando
forma a su vida. Mostrando, de paso, muchos detalles sobre la configuración del
Mundo-Medio que habitan los protagonistas, poco antes de que se moviera y cambiara para siempre.
Eso quiere decir que hay mucha
información en esta parte central y una ambientación deudora del western más puro.
Son muchos los nombres que hasta ahora apenas hemos oído y que van a ir
cobrando una mayor importancia conforme va avanzando la saga, como el de John
Farson, el Hombre Bueno, un renegado
responsable de la caída de Gilead y de la aniquilación de los pistoleros. Roland,
con apenas catorce años recién cumplidos, tendrá su primer encuentro con los
hombres de Farson. De igual forma se menciona el Arco Iris de Maerlyn –una
referencia artúrica- y el Rey Carmesí, auténtico villano de toda la saga.
Por si todo eso no fuera
suficiente, la novela retoma las tramas que tienen lugar en el “presente” con
un nuevo enfrentamiento entre el ka-tet
de Roland y el Hombre de Negro, que se revela bajo una serie de nuevas
identidades, en una ciudad que recuerda sin ningún pudor a la Ciudad Esmeralda de El mago de Oz.
Mago y cristal es una novela compleja, probablemente la mayor de la
saga hasta ahora. King no se lo pone nada fácil a sus lectores, con continuas
idas y venidas en el tiempo, revelaciones y falsas identidades de muchos de sus
personajes. Por si la mezcla de géneros no fuera suficiente a estas alturas,
King sigue introduciendo parte de su propia obra en la saga –que puede o no
tener importancia- a la vez que va utilizando nuevas referencias, como a las leyendas
artúricas o a la saga de El mago de Oz.
Una historia que todavía está
lejos de acabar, cuya complejidad va creciendo, pero que a estas alturas ya ha
logrado desarrollar un universo propio y reconocible.

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