The Good Wife no solo destaca en lo más evidente, esa capacidad
para combinar un caso semanal con el devenir de las tramas que afectan a todos
sus personajes. En esta cuarta temporada tenemos un buen ejemplo de ello, ya
que pese a que la evolución de la protagonista principal, Alicia Florrick, está
cuidada al detalle, en ningún momento se deja de lado a los personajes
secundarios, con especial atención al elenco femenino, que destaca por fuerza
por el carisma y buen hacer de todas las actrices implicadas –en uno de esos
papeles secundarios recurrentes se incorpora la actriz Amanda Peet-.
Aunque en un principio podía
parecer que la vuelta de la campaña política del marido de Alicia, que se
presenta a gobernador de Illinois, se llevaría la mayoría de minutos en
pantalla, los guionistas han sorprendido a todos los espectadores al plantear
un nuevo reto para Lockhart & Gardner,
al borde de la bancarrota tras las maniobras de sus rivales y obligados por un
juez a verse supeditados por un analista en un claro caso de suspensión de
pagos. Si el despacho quiere mantener sus puertas abiertas, deben ingresar una
enorme cantidad de millones en un plazo de tiempo limitado. Aunque no todo
puede achacarse a Will y sus problemas legales; su suspensión y la posterior
lucha por la dirección del bufete no ha ayudado a calmar las aguas y han sido
muchos los clientes que les han abandonado.
Diane tiene que afianzar su
liderazgo, al mismo tiempo que hace equilibrios para seguir ganando casos y
llevar una vida personal, concretamente cuando anda cerca ese experto en
balística de ideas republicanas con el que hace tan buena pareja. El pasado
oculto de Kalinda va a volver a por ella con toda su fuerza y como no podía ser
de otra forma va a inmiscuirse directamente en los asuntos del bufete, trayendo
una violencia a la que no están acostumbrados.
Por otro lado, Cary ha vuelto
al redil con ciertos privilegios y en una de esas maniobras de los guionistas
tan curiosas acaba compartiendo despacho con Alicia, aunque esta va a ver su
posición dentro del bufete no solo comprometida, sino sujeta a examen continuo.
Eso no quiere decir que la ambición del joven abogado haya disminuido lo más mínimo,
sino todo lo contrario, ya que los destinos de ambos parecen estar más ligados
de lo que parecía en un principio.
Y luego tenemos el entramado
político con una doble campaña: primero para hacerse con la cabeza de la lista de
los demócratas y luego por el título de gobernador –lo que convertiría a Alicia
en primera dama del estado-. Eli Gold, que tiene un papel imprescindible al
lado de Peter, se va a ver de nuevo en medio de una investigación federal que
va a ponerle las cosas muy difíciles en su trabajo.
Merece la pena destacar otra
característica de esta genial serie que no he comentado hasta ahora en ninguno
de los post anteriores y que está relacionado con el caso semanal. Ya resulta
bastante difícil, en un género con tanta historia como el de los abogados y
jueces, inventar nada nuevo, pero los guionistas se las arreglan para que en la
mayoría de juicios haya algo interesante para el espectador. A veces apuestan
por algo extravagante o por una mezcla muy elaborada entre drama y humor. En
numerosas ocasiones recurren al deux ex
machina que suponen las investigaciones de Kalinda –a la que le contratan
una ayudante, una prometedora joven llamada Robyn-. Pero si hay algo que las
hace atractivas es sin duda su apego a la realidad de los norteamericanos.
Aquello que vemos en las noticias y que está de moda en televisión o periódicos
sirve de inspiración para la mayoría de casos en los que los protagonistas se
ven envueltos. De modo que la serie se convierte en una curiosa radiografía de
las fortalezas y flaquezas de la sociedad del país.
La cuarta temporada de The Good Wife se estrenó en septiembre
de 2012, apenas un mes tras la muerte de Tony Scott, el menor de los hermanos
Scott y uno de los principales productores a través de su compañía Scott Free. Como venía siendo habitual
en años anteriores, la serie se hizo con un Emmy, esta vez a la Mejor Interpretación de una Secundaria
para la actriz Carrie Preston, la peculiar y brillante abogada Elizabeth
Tascioni, en el episodio en el que tienen que lidiar con un juicio deportivo
por dopaje, en cuya mayor parte solo se habla francés.
Otra curiosidad que tiene la
serie es la oportunidad de recurrir a rostros conocidos para pequeños papeles,
a veces de un solo episodio, como es el caso de la actriz Christina Ricci,
interpretando a una humorista que se ha pasado de rosca en un programa de
televisión; la mítica Stockard Channing, que interpretara a Rizzo en Grease y que aquí se ha convertido en
recurrente al convertirse en la excéntrica madre de Alicia o el actor Jason
Biggs (Orange is the New Black).
The Good Wife va a velocidad de crucero. Los últimos episodios de
la temporada, con Alicia debatiéndose internamente en su trabajo y en su vida
personal, son enormes y el cliffhanger
final deja con muchísimas ganas de más.





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