Al final de su segunda temporada, los guionistas se
las ingeniaron para reunir en una última y emotiva escena a todos los
personajes que habían significado algo para el espectador, de modo que bien
podría haberse tratado del final de la serie. Una conclusión abierta, donde no
se tomaban la molestia de explicar demasiado lo que habíamos estado viendo
hasta entonces, pero que funcionaba muy bien como broche final, sobre todo
gracias a la historia de amor entre Kevin y Nora, una de las tramas más bonitas
de toda la serie.
The Leftovers es una serie difícil, con la que no se conecta a la
primera. Sus números en las audiencias nunca han sido demasiado altos y si no
fuera porque los críticos encumbraron su segunda temporada habría pasado algo
desapercibida, por mucho que entre sus creadores y principales guionistas se
encontrara uno de los máximos responsables de Perdidos. El caso es que la HBO
accedió a rodar una temporada más, aunque con unos recortes serios en cuanto al
presupuesto. Apenas hay actores nuevos en esta tercera y última temporada; tan
solo se produjeron ocho episodios y, como curiosidad, no pudieron gastarse
dinero en unos nuevos títulos de crédito, así que aprovecharon los de la
temporada pasada y de paso echaron mano de un recurso que no tengo muy claro
que haya funcionado bien, consistente en escoger una canción diferente para
cada capítulo.
Damon Lindelof, creador y
guionista, ha seguido contando con Tom Perrotta, autor de la novela original en
la que se basaba la primera temporada.
Una vez que esta quedó ampliamente superada en su segunda tanda de episodios y
viendo los buenos resultados finales, no es de extrañar que en esta tercera
hayan decidido llevarlo todo mucho más allá, jugando con algún que otro
concepto apocalíptico en el séptimo aniversario del misterioso suceso que acabó
cambiando la vida del planeta. Para ello se han planteado una serie de tramas
que van desarrollándose a un ritmo más lento a lo largo de toda la temporada
mientras el punto de vista principal va cambiando de uno a otro personaje:
Kevin, Nora, el reverendo Matt, Laurie, ex mujer de Kevin y su propio padre,
embarcado en una misión personal en Australia, que se convertirá en uno de los
escenarios principales. Por supuesto no se nos escatima un nuevo viaje onírico
protagonizado por Kevin a ese mundo paralelo donde puede evitar la muerte ni un
último episodio final repleto de emoción que actúa en forma de epílogo, varios
años tras los sucesos principales que se narran y que, en contra de lo que
parecía, despeja algunas dudas en torno a los principales misterios que han
dado empaque a la serie.
Como curiosidad, en esta
temporada se ha jugado un poco con las idas y venidas en el tiempo narrativo,
de modo que a veces en un episodio se planteaba un pequeño enigma en torno a
los personajes que quedaba resuelto en la conclusión del siguiente. Ni Lindelof
ni Perrotta están interesados en ponérselo fácil al espectador y no tienen
prisa en revelar el paradero de algunos personajes o de explicar determinados
cambios que han transcurrido en los tres años transcurridos desde que viéramos
a los personajes por última vez. En eso sí que se ha notado la reducción del
número de episodios, ya que muchas de estas situaciones se han solventado de
manera directa, a veces con un simple diálogo –el capítulo final es un claro
ejemplo de ello, con una última reunión entre Kevin y Nora que, acompañados
solamente por la preciosa partitura de Max Richter, deja todo en su sitio-.
Tampoco se ha renunciado al
sentido del humor tan particular, a veces surrealista, del que han hecho gala
en episodios anteriores, de donde hay que destacar por fuerza el centrado en
Matt y que tiene lugar en el barco que realiza la travesía nocturna entre
Tasmania y Melbourne, con esa especie de celebración orgiástica tan
perturbadora como provocadora para con el espectador.
Puede que en su tercera
temporada The Leftovers no supere las
altas expectativas que se habían creado tras el final de la segunda, pero es un
digno final a una de las propuestas dramáticas más interesantes de los últimos
años. Diferente y enigmática, vale la pena embarcarse en un viaje que si bien
no va a ofrecer todas las respuestas a las preguntas planteadas, sí resulta
emocionante en todo su recorrido.




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