lunes, 26 de junio de 2017

El final de The Leftovers. Tercera y última temporada


Al final de su segunda temporada, los guionistas se las ingeniaron para reunir en una última y emotiva escena a todos los personajes que habían significado algo para el espectador, de modo que bien podría haberse tratado del final de la serie. Una conclusión abierta, donde no se tomaban la molestia de explicar demasiado lo que habíamos estado viendo hasta entonces, pero que funcionaba muy bien como broche final, sobre todo gracias a la historia de amor entre Kevin y Nora, una de las tramas más bonitas de toda la serie.

The Leftovers es una serie difícil, con la que no se conecta a la primera. Sus números en las audiencias nunca han sido demasiado altos y si no fuera porque los críticos encumbraron su segunda temporada habría pasado algo desapercibida, por mucho que entre sus creadores y principales guionistas se encontrara uno de los máximos responsables de Perdidos. El caso es que la HBO accedió a rodar una temporada más, aunque con unos recortes serios en cuanto al presupuesto. Apenas hay actores nuevos en esta tercera y última temporada; tan solo se produjeron ocho episodios y, como curiosidad, no pudieron gastarse dinero en unos nuevos títulos de crédito, así que aprovecharon los de la temporada pasada y de paso echaron mano de un recurso que no tengo muy claro que haya funcionado bien, consistente en escoger una canción diferente para cada capítulo.


Damon Lindelof, creador y guionista, ha seguido contando con Tom Perrotta, autor de la novela original en la que se basaba la primera temporada. Una vez que esta quedó ampliamente superada en su segunda tanda de episodios y viendo los buenos resultados finales, no es de extrañar que en esta tercera hayan decidido llevarlo todo mucho más allá, jugando con algún que otro concepto apocalíptico en el séptimo aniversario del misterioso suceso que acabó cambiando la vida del planeta. Para ello se han planteado una serie de tramas que van desarrollándose a un ritmo más lento a lo largo de toda la temporada mientras el punto de vista principal va cambiando de uno a otro personaje: Kevin, Nora, el reverendo Matt, Laurie, ex mujer de Kevin y su propio padre, embarcado en una misión personal en Australia, que se convertirá en uno de los escenarios principales. Por supuesto no se nos escatima un nuevo viaje onírico protagonizado por Kevin a ese mundo paralelo donde puede evitar la muerte ni un último episodio final repleto de emoción que actúa en forma de epílogo, varios años tras los sucesos principales que se narran y que, en contra de lo que parecía, despeja algunas dudas en torno a los principales misterios que han dado empaque a la serie.


Como curiosidad, en esta temporada se ha jugado un poco con las idas y venidas en el tiempo narrativo, de modo que a veces en un episodio se planteaba un pequeño enigma en torno a los personajes que quedaba resuelto en la conclusión del siguiente. Ni Lindelof ni Perrotta están interesados en ponérselo fácil al espectador y no tienen prisa en revelar el paradero de algunos personajes o de explicar determinados cambios que han transcurrido en los tres años transcurridos desde que viéramos a los personajes por última vez. En eso sí que se ha notado la reducción del número de episodios, ya que muchas de estas situaciones se han solventado de manera directa, a veces con un simple diálogo –el capítulo final es un claro ejemplo de ello, con una última reunión entre Kevin y Nora que, acompañados solamente por la preciosa partitura de Max Richter, deja todo en su sitio-.


Tampoco se ha renunciado al sentido del humor tan particular, a veces surrealista, del que han hecho gala en episodios anteriores, de donde hay que destacar por fuerza el centrado en Matt y que tiene lugar en el barco que realiza la travesía nocturna entre Tasmania y Melbourne, con esa especie de celebración orgiástica tan perturbadora como provocadora para con el espectador.

Puede que en su tercera temporada The Leftovers no supere las altas expectativas que se habían creado tras el final de la segunda, pero es un digno final a una de las propuestas dramáticas más interesantes de los últimos años. Diferente y enigmática, vale la pena embarcarse en un viaje que si bien no va a ofrecer todas las respuestas a las preguntas planteadas, sí resulta emocionante en todo su recorrido. 

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