miércoles, 21 de junio de 2017

Headshot, de los hermanos Mo

Cuarta película del actor Iko Uwais, que fuera descubierto por el director galés Gareth Evans en Yakarta cuando se encontraba rodando un documental sobre el pencak silet, disciplina marcial de amplio calado en el sureste asiático –rápida, esquiva y contraataque y, según cuentan las leyendas, extraída a partir del comportamiento de diversos animales salvajes-.

En los últimos años han rodado juntos tres películas, en las que el propio Uwais ha desarrollado una imprescindible labor como coreógrafo de artes marciales. Merantau (2009), donde un joven de las afueras llega a la capital para verse envuelto en una serie de tramas mafiosas; la extraordinaria The Raid (2012), traducida como Redada Asesina y su secuela en 2014, en la que interpretaba a un novato de la policía enfrentado a un edificio repleto de enemigos y que luego continuaba sus aventuras como agente infiltrado en un grupo de criminales.

Headshot supone el cuarto papel protagonista del actor, al que pudimos ver en un rol secundario en El poder del Tai Chi (2013) y en un desconcertante cameo en Star Wars: El despertar de la Fuerza (2015). Dirigida por los hermanos Mo en su debut tras las cámaras, el guion es de una sencillez apabullante, recurriendo a un viejo clásico del género: la del desconocido que aparece moribundo y que tras un corto tiempo de recuperación no es capaz de recordar ni su identidad ni de dónde viene, si bien no ha olvidado una serie de habilidades físicas que lo convierten en un arma viviente. Ni tampoco ha logrado dejar atrás un pasado repleto de violencia y deudas que todavía no ha acabado con él.

Es decir, una mera excusa argumental para ir presentando al espectador una serie de vistosas secuencias de acción donde los actores pueden dar lo mejor de sí mismos, en un auténtico despliegue físico y de habilidad en diferentes estilos de artes marciales, ya que se optó por respetar aquello en lo que cada luchador se defendía mejor, lo que introduce cierta novedad en los continuos enfrentamientos.


El cine de acción rodado en Indonesia tiene algunas señas de identidad muy marcadas. Es muy violento y aunque un poco exagerado –sobre todo por lo que aguantan en pie algunos luchadores, recibiendo un castigo continuo-, resulta realista en comparación con el cine de artes marciales que se rueda en países cercanos como Japón o China. En una película como Headshot no vamos a encontrarnos con ningún personaje flotando en el aire, sino todo lo contrario: muy pegado al suelo, con una iluminación contenida y sucia y una preferencia por ambientes cerrados como habitaciones destartaladas, callejones o, en el caso que nos ocupa, una comisaría de policía o un autobús. Lo ideal para que los personajes demuestren su inventiva convirtiendo en armas mortales todo tipo de atrezo. De hecho, hay una pelea en esta película que tiene lugar en una playa, un espacio abierto y es la que más chirría del conjunto.


Estrenada a finales del año pasado en Toronto, no creo que llegue a verse en cines en nuestro país, ya que no supera a la saga The Raid, donde a la originalidad de la primera habría que sumar que las coreografías de lucha tenían un punto extra de espectáculo que aquí no se encuentra. Aun así sigue siendo un buen ejemplo de cine de artes marciales, crudo y violento, con el que ahora mismo es el actor joven más en forma de todo el género. 

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