La ciudad de Barcelona tiene algo
especial para dar cobijo, al menos en la ficción, a lo que se conoce
popularmente como artistas malditos.
Carlos Ruiz Zafón, en su tetralogía de El Cementerio de los Libros Olvidados, dio vida a unos cuantos escritores de
esta clase que habitaron la ciudad a finales del XIX y principios del siglo XX,
rodeados de cierto ambiente gótico y decadente.
Zidrou, guionista belga
afincado en Ronda y el artista catalán Oriol, se reúnen por tercera vez tras La piel del oso y Los tres frutos para traernos una historia que tiene en su centro
al pintor Vidal Balaguer, nacido en la Ciudad Condal en 1873 y que desapareció
la víspera de navidad de 1899 sin dejar rastro. El cómic es en realidad el
recuerdo de sus últimos días, no una biografía al uso, siguiendo los
pensamientos de su buen amigo y reconocido pintor Joaquim Mir, que relata su
historia unos cuarenta años después.
Naturalezas muertas comienza como una clásica historia de artista
incomprendido al que las cosas no acaban de irle bien, que se ve obligado a realizar
trabajos de encargo para pagar las acuciantes deudas que ha ido contrayendo. Cuya
musa carnal, la modelo que usaba para sus cuadros, le ha abandonado, dejándolo
solo y perdido. Pero con el pasar de las páginas la historia va mutando en algo
diferente, tocando diversos palos como el género negro o detectivesco, el
misterio, el costumbrismo o el lado fantástico que acompaña en numerosas
ocasiones a la creación artística.
No había leído nada del
dibujante Oriol Hernández y me he quedado prendado de sus páginas. Aunque Vidal
Balaguer no obtuvo reconocimiento por su trabajo, sí que estaba considerado por
los entendidos como uno de los grandes pintores del Modernismo catalán. Oriol
consigue trasladar al lector a una colorida Barcelona, bohemia y sin embargo
reconocible en muchos de sus escenarios, como el café Els 4 Gats, frecuentado por los artistas de la época –Picasso
realizó una de sus primeras exposiciones en este lugar- . Un trabajo de
ambientación enorme para una trama con un punto emotivo muy conseguido y que va
avanzando de lo familiar a lo fantástico y extraño, con retazos de obras como Crimen y castigo o El retrato de Dorian Grey.
Publicado en Francia por Dargaud, Norma Editorial es la encargada de traerlo a nuestro país, en un
precioso álbum en tapa dura cuya portada es uno de los cuadros más famosos de
Balaguer, La mujer del mantón.
Complementa la edición un interesante artículo a cargo de Roser Doménech,
catedrática de Historia del Arte en la Autónoma de Barcelona. Como curiosidad,
el propio Oriol participó en una exposición en Barcelona que recuperaba la
figura de este artista olvidado y desaparecido en extrañas circunstancias.
Y por si todo esto no fuera
suficiente para acercarse a este tebeo tan precioso, la obra en sí tiene una
segunda lectura que va mucho más allá de la creación artística, con una serie
de revelaciones que pueden encontrarse a poco que el lector no sea conformista,
sino curioso por la figura de Vidal Balaguer.



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