lunes, 19 de junio de 2017

Puertadeluz, de Luis Bustos

Conocí a este artista madrileño en mayo de 2009 con la publicación de Endurance y disfruté mucho de su saga ¡García! (Tomos 1 y 2) publicada entre finales de 2015 y mediados del año pasado, una colaboración con el guionista Santiago García –sobre Versus tengo pendiente hablar en este mismo blog-. Me gusta mucho su habilidad para narrar una historia en blanco y negro y la evolución de su trazo en estos años es de lo más interesante. En Puertadeluz, tebeo publicado apenas un año después de su última obra, de nuevo en la editorial Astiberri, el dibujo de Bustos sigue la senda marcada en ¡García!, con un especial cuidado en los fondos y en la ambientación; viñetas muy dinámicas e impactantes para las escenas más movidas y una serie de influencias que van desde el cómic de superhéroes –esas viñetas apaisadas, las onomatopeyas-, hasta el manga japonés, pasando por la literatura de ciencia-ficción o de fantasía –el nombre de la protagonista, Alicia, no es casual y no resulta difícil encontrar algún paralelismo u homenaje con el inmortal personaje de Lewis Carroll-.
El miedo ante lo desconocido

En cuanto a la historia, se trata de un nuevo reto para el artista en su faceta de autor completo, ya que por primera vez se atreve con una trama totalmente original -Endurance narraba un hecho histórico y Versus adaptaba un relato de Jack London, mientras que ¡García! es una estrecha colaboración con otro autor-. No sé si de forma consciente o no, pero el caso es que hay muchos detalles que no quedan claros a lo largo de las 124 páginas de las que consta el tebeo y eso es algo que favorece a la historia. No soy de esos lectores que necesitan que le den todo masticado y en muchas ocasiones prefiero cierta ambigüedad, como la que muestra aquí Bustos en torno al trasfondo de los personajes, que se mueven en un único y decadente escenario: uno de esos proyectos urbanísticos a las afueras de una gran ciudad cualquiera que han quedado abandonados, no solo por los promotores, constructores y dirigentes políticos, sino por la propia sociedad, que los ha relegado al olvido, abandonados para que sean asaltados y destrozados por bandas de merodeadores.

Ambientada en el año 2026, se trata de una historia cercana y plausible, sobre todo tras la crisis económica, en la que mucho tuvo que ver la explosión de la burbuja especulativa en torno al negocio inmobiliario. Entre las familias que no han abandonado el complejo Puertadeluz, que resisten como pueden ante la falta de medios y de servicios básicos, destaca la de Antonio, el encargado de mantener el lugar funcionando y sus dos hijos, la adolescente Alicia y Peque, de unos cinco años de edad. Las exploraciones de Alicia en un centro comercial cercano van a arrojar luz sobre una serie de secretos que permanecían ocultos desde hace años y que amenazan con destruirla a ella y a sus seres queridos.
Ambiente oscuro y opresivo

Aunque Bustos desliza aquí y allí muchos elementos de ciencia-ficción o de crítica social –en este apartado me ha recordado en alguna ocasión a Rafael Chirbes, con novelas como En la orilla, ya que no son muchas las obras de ficción que se apoyan con tanta verdad en las consecuencias de la crisis económica-, su interés se centra en narrar un thriller de manual, repleto de secretos y mentiras, preparado para atrapar la atención del lector y sorprenderlo con varios giros de la historia.

En ese aspecto, Puertadeluz funciona muy bien y la habilidad gráfica de Bustos es el complemento perfecto para ese trasfondo cínico y triste, donde todo el mundo mira para otro lado o por sí mismo. El aumento de tamaño de la página, respecto a la edición de ¡García!, es todo un acierto –el propio Bustos, junto al habitual Manuel Bartual, participa en el diseño y maquetación-. La tapa dura y el tratamiento del blanco y negro completan un nuevo acierto en la edición por parte de Astiberri.
Splash-page del tebeo, mi favorita

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