Desde su estreno en el verano
de 2008 con Los Cronocrímenes, Nacho
Vigalondo ha demostrado un don especial para construir un tipo de historia que,
partiendo de una situación muy normal, acaba mutando en algo completamente diferente,
ofreciendo una inaudita mezcla de géneros.
Colossal, su cuarta película, la segunda rodada en inglés, ya me
despertó la curiosidad desde el principio teniendo en cuenta que iba a
protagonizarla Anne Hathaway, una de las actrices más cotizadas de Hollywood,
acostumbrada a trabajar en grandes superproducciones (El caballero oscuro: la leyenda renace, Interstellar). Sin embargo,
entre su filmografía podemos encontrar alguna que otra película como La boda de Rachel o One Day, más pequeñas en cuanto a presupuesto. Y es que Colossal tiene ese aire de comedia indie norteamericana, pero tiene efectos
especiales muy conseguidos a los que Vigalondo saca mucho partido –la filmación
se hizo en Vancouver durante seis semanas para un presupuesto total aproximado
de 15 millones-.
Por si la presencia de la
actriz no fuera suficiente, la campaña de publicidad ha sido brillante,
revelando muy poco de lo que de verdad se iba a contar pero dejando aquí y allí
pistas que hacían hincapié en los elementos más diversos: una comedia dramática
o la presencia de un monstruo reptiliano de proporciones épicas.
El caso es que la premisa
inicial nos presenta a Gloria, una joven cuyo proyecto de vida no acaba de
funcionar y que se ve obligada a volver a su pueblo natal con el rabo entre las
piernas, donde coincide con un amigo de la infancia al que no ve desde hace
años y que regenta uno de los bares del lugar. Al mismo tiempo, un kaiju aparece en Corea del Sur causando
destrozos y aterrorizando a la población.
La conexión entre ambos
sucesos es una de las subtramas de la película, pero no la única. Aunque
contiene elementos de ciencia-ficción, Vigalondo no está interesado en rodar
grandes escenas de acción a lo Pacific
Rim, sino en mostrar la evolución de la relación entre el personaje de
Gloria y el de Oscar, al que interpreta Jason Sudeikis (Cómo acabar con tu jefe), auténtica sorpresa de la película. Un
actor al que tenía etiquetado como de comedia y que aquí demuestra mucha versatilidad,
con uno de esos personajes que guardan en su interior mucho más de lo que
muestran –y en este caso, no es nada bonito-.
El director cántabro sale
airoso con una historia que mezcla una serie de elementos a priori incompatibles.
No tengo ni idea qué tal le funcionará en taquilla, pero es una película
interesante y diferente, con una idea central muy original. Los actores están a
la altura, entregados a sus papeles y el resultado final es entretenido y
satisfactorio.



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