Llevaba tiempo queriendo leer
algo de este escritor catalán, desde que me encontré con unas reseñas sobre La piel fría, una de sus primeras
novelas. El caso es que la casualidad quiso que cayera en mis manos un trabajo
posterior, Victus. Barcelona 1714,
novela histórica ambientada en la guerra de Secesión centrada especialmente en
la resistencia de la ciudad de Barcelona ante el ejército borbónico.
Sánchez Piñol, que estudió
Derecho y acabó Antropología, consiguió un gran éxito y repercusión con esta
novela, cuyos derechos se han vendido a varios países extranjeros y que ha
visto posible adaptarse al cómic y, de aquí a poco tiempo, al cine. Publicada a
finales de 2012, fue de los libros más vendidos al año siguiente en nuestro
país y como casi todo lo que toca el tema de la rivalidad histórica entre
España y Cataluña, no ha podido huir de la polémica en torno a la veracidad o
no de lo que cuenta el protagonista, que aunque se trata de un personaje
inventado para la ocasión, acaba participando en hechos históricos y
encontrándose con personajes que existieron realmente, como el general Antonio
de Villarroel.
Dejando todo eso al margen y
centrándome en el relato, este está contado por un anciano y moribundo de
noventa y pocos años que asentado en Viena dicta sus memorias a una
desvencijada mujer que le hace de escriba. Se trata de una de esas historias
donde el personaje principal va creciendo y formándose a lo largo de los años.
En el caso que nos ocupa, primero estudia en Bazoches la carrera de ingeniero
militar –lo que más me ha gustado de la novela- y luego inicia un periplo vital
que lo lleva de guerra en guerra, siempre tratando de sobrevivir lo mejor
posible y de aplicar los conocimientos aprendidos en su época de estudiante.
Lo que me ha sacado un poco de
juego es el tono que utiliza el autor. Narrado en primera persona y dado el
carácter vivo y exagerado del protagonista, el sentido del humor está muy
presente en todo momento, pero a veces no tengo muy claro si Martí Zubiría es
un truhan y un pícaro en la tradición del Lazarillo, un hábil ingeniero de
mente analítica y rápida o un descarado estratega político capaz de ver las
miserias tanto del bando contrario como las propias. Y ante todo esto no he
sabido muy bien cómo tomarme la novela.
A grandes ratos es entretenida
y divertida, pero en otros me ha parecido más de lo mismo. Tiene algunos giros
interesantes que mantienen al lector pendiente, pero me ha decepcionado
ligeramente, quizás porque esperaba algo diferente o me había hecho falsas
ilusiones.
Lo que no se puede negar es
que la edición de La Campana en Círculo de Lectores está muy cuidada,
con numerosas ilustraciones y una presentación muy bonita para sus casi
seiscientas páginas. Además incluye un mapa desplegable del asedio de la ciudad
de Barcelona, que duró unos trece meses, en estilo antiguo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario