jueves, 15 de junio de 2017

Victus. Barcelona 1714, de Albert Sánchez Piñol

Llevaba tiempo queriendo leer algo de este escritor catalán, desde que me encontré con unas reseñas sobre La piel fría, una de sus primeras novelas. El caso es que la casualidad quiso que cayera en mis manos un trabajo posterior, Victus. Barcelona 1714, novela histórica ambientada en la guerra de Secesión centrada especialmente en la resistencia de la ciudad de Barcelona ante el ejército borbónico.

Sánchez Piñol, que estudió Derecho y acabó Antropología, consiguió un gran éxito y repercusión con esta novela, cuyos derechos se han vendido a varios países extranjeros y que ha visto posible adaptarse al cómic y, de aquí a poco tiempo, al cine. Publicada a finales de 2012, fue de los libros más vendidos al año siguiente en nuestro país y como casi todo lo que toca el tema de la rivalidad histórica entre España y Cataluña, no ha podido huir de la polémica en torno a la veracidad o no de lo que cuenta el protagonista, que aunque se trata de un personaje inventado para la ocasión, acaba participando en hechos históricos y encontrándose con personajes que existieron realmente, como el general Antonio de Villarroel.

Dejando todo eso al margen y centrándome en el relato, este está contado por un anciano y moribundo de noventa y pocos años que asentado en Viena dicta sus memorias a una desvencijada mujer que le hace de escriba. Se trata de una de esas historias donde el personaje principal va creciendo y formándose a lo largo de los años. En el caso que nos ocupa, primero estudia en Bazoches la carrera de ingeniero militar –lo que más me ha gustado de la novela- y luego inicia un periplo vital que lo lleva de guerra en guerra, siempre tratando de sobrevivir lo mejor posible y de aplicar los conocimientos aprendidos en su época de estudiante.

Lo que me ha sacado un poco de juego es el tono que utiliza el autor. Narrado en primera persona y dado el carácter vivo y exagerado del protagonista, el sentido del humor está muy presente en todo momento, pero a veces no tengo muy claro si Martí Zubiría es un truhan y un pícaro en la tradición del Lazarillo, un hábil ingeniero de mente analítica y rápida o un descarado estratega político capaz de ver las miserias tanto del bando contrario como las propias. Y ante todo esto no he sabido muy bien cómo tomarme la novela.


A grandes ratos es entretenida y divertida, pero en otros me ha parecido más de lo mismo. Tiene algunos giros interesantes que mantienen al lector pendiente, pero me ha decepcionado ligeramente, quizás porque esperaba algo diferente o me había hecho falsas ilusiones.


Lo que no se puede negar es que la edición de La Campana en Círculo de Lectores está muy cuidada, con numerosas ilustraciones y una presentación muy bonita para sus casi seiscientas páginas. Además incluye un mapa desplegable del asedio de la ciudad de Barcelona, que duró unos trece meses, en estilo antiguo. 

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