Laura Palmer, de diecisiete
años de edad, aparece muerta en la orilla de un lago con claros signos de
violencia. La conmoción se instala en Twin Peaks, un pequeño pueblo del estado
de Washington situado a apenas diez kilómetros de la frontera canadiense. El
sheriff del lugar se ve obligado a solicitar ayuda federal, lo que propiciará
la llegada de Dale Cooper, un agente brillante de métodos poco ortodoxos con un
pequeño toque de excentricidad.
Esta era la premisa, nada
original en su planteamiento, con la que se iniciaba en 1990 la primera
temporada de Twin Peaks, una de las
series más famosas de la historia de la televisión y auténtica pieza de culto
entre los seriéfilos. La idea nació de la colaboración entre el director David
Lynch y el productor y guionista Mark Frost, tras una serie de proyectos que
habían intentado llevar a cabo juntos y que no habían conseguido culminar –la
adaptación de una biografía de Marilyn Monroe para la gran pantalla y una
comedia-. Finalmente consiguieron venderle el Piloto a la cadena ABC,
que si bien renovó la producción para una segunda temporada acabó agotando la
paciencia de ambos artistas por sus constantes injerencias en el argumento y el
estilo de la serie.
Sin duda el nombre de David
Lynch es el más conocido de ambos. Un artista multifacético con un estilo muy
personal a la hora de rodar que lo ha convertido en una de esas personalidades
de Hollywood con la que uno nunca sabe qué es lo que se puede encontrar. Pero
en aquella época todavía estaba haciéndose un nombre, con tan solo cuatro
películas a sus espaldas y en pleno rodaje de Corazón salvaje, que acabaría ganando en Cannes la Palma de Oro ese
mismo año. Las dos primeras historias
que rodó fueron una arriesgada e inclasificable propuesta de terror como Cabeza borradora (1977) y un biopic en
blanco y negro de El hombre elefante
(1980) que recibió muchísima atención de la crítica y que le valió la
oportunidad de ir a los Oscars con un buen carro de nominaciones bajo el brazo.
La premisa tras Twin Peaks no es solo la de una
investigación criminal que va sacando a la luz los secretos más oscuros de una
comunidad cerrada y aislada en el Gran Norte, sino el de un arriesgado juego
con el espectador cargado de simbología y de un sentido del humor un tanto
extraño en muchas ocasiones. Hoy en día, 27 años después de su estreno, ya
hemos visto mucho cine y televisión y no son pocas las series que nos recuerdan
esta premisa. Es fácil acordarse de la reciente The Killing. Incluso en España hemos tenido varias propuestas que
siguen la desaparición de una menor, como Desaparecida
o Punta Escarlata, cada una con su
propio estilo.
¿Dónde radica entonces el
interés en Twin Peaks? Obviamente fue
de las primeras, pero yo me quedaría con ese cuidado puesto en la atmósfera y
en el ambiente que se transmite al espectador, gracias a una serie de
escenarios muy concretos; a un punto de locura y originalidad en la concepción
de los personajes o al apartado técnico, con el uso de los colores, la
dirección pausada o la música evolvente de Angelo Badalamenti. En definitiva, a
la creación de un estilo propio fácilmente reconocible por el espectador y que
ha sido influencia de muchas otras propuestas que han venido después.
El elenco actoral es una buena
muestra de ello. La investigación del asesinato de Laura Palmer revela una
serie de secretos escondidos en lo más profundo de la cerrada comunidad, que
por otro lado de cara a los visitantes es bastante amable y acogedora. Los
guionistas usan el viejo recurso de que los espectadores saben más en todo
momento que los investigadores, por lo que les llevan ventaja para plantear sus
propias teorías. De ese modo nos encontramos con un grupo de adolescentes, los
más cercanos a la víctima, que inician su propia investigación; el grupo de
policías y forenses que se encarga se solventar el crimen; los poderosos
caciques del pueblo que se disputan los negocios más lucrativos del lugar,
relacionados con la compra venta de tierras o el tratamiento de la madera; los
líos de faldas, las infidelidades o la violencia de género. El duelo de los familiares
de a la víctima. Y luego tenemos una serie de personajes que destacan por sí
solos, como una anciana que va en todo momento acompañada por un leño con el
que tiene jugosas conversaciones; la esposa de uno de los protagonistas, tuerta
de un ojo, obsesionada con las cortinas de su casa y poseedora de una fuerza
descomunal; un psiquiatra de excéntrico vestir empeñado en resolver él solo el
crimen; un policía torpe y patoso que no puede evitar llorar ante cualquier
injusticia que presencia y un buen puñado más de personajes curiosos que se
hacen más que entrañables.
Pero no solo hay misterio,
drama y sentido del humor. También hay violencia y muerte y una serie de
secuencias oníricas que desconciertan al espectador pero que curiosamente
funcionan bastante bien para captar su atención. Twin Peaks siempre ha tenido fama de esto, de desconcertante y
paranoica, pero al menos en su primera temporada no ha explotado esa faceta,
tan solo la ha usado como un recurso puntual y casi siempre referido a una serie
de visiones que tienen algunos personajes, en especial el agente Cooper, cuya
empatía le permite conocer la identidad del asesino con antelación gracias a
una visión en un sueño. Aunque por desgracia no es capaz de recordarlo, sí que
es capaz de reconocer determinadas pistas en el mundo real que le garantizan ir
por el buen camino.
![]() |
| El sheriff y el FBI |
Kyle MacLachlan, el actor que
interpreta al agente del FBI Dale Cooper, ya había trabajado con Lynch en Dune (1984) y Terciopelo azul (1986) y es sin duda el rostro más reconocible de
toda la serie, que además le permitió ganar un Globo de Oro. Desde entonces
trabajó de manera errática en el cine, alternando grandes éxitos de taquilla
con producciones más independientes e incluso para televisión, donde encontró
finalmente su sitio en series como Sexo
en Nueva York, Mujeres desesperadas
o la reciente Agentes de SHIELD. Del
resto del reparto, reconozco que tan solo me suena la joven Lara Flynn Boyle, que
interpreta a la mejor amiga de Laura. O un pequeño papel de forense del FBI de
Miguel Ferrer.
La colaboración entre Lynch y
Frost dio lugar a una pieza de culto que en su segunda temporada expandió
todavía más sus posibilidades, pero que debido a las injerencias de la cadena
acabó alejándose de lo que ambos tenían en mente. Por si no fuera suficiente,
fue cancelada tras una segunda temporada de veintidós episodios. Veinticinco
años después, Lynch recupera a su criatura y estrena una nueva temporada esta
vez en la cadena Showtime. En todo
este tiempo, Lynch ha estado centrado en diferentes facetas de su vida
artística, donde siempre hay que destacar la parcela cinematográfica, aquella
que más repercusión tiene.
Resulta revelador encontrarse
con muchos conceptos en esta primera temporada que luego Lynch ha desarrollado
en el resto de su filmografía, más allá de su relación con la música y
Badalamenti o el cuidado casi obsesivo en facetas técnicas como la iluminación,
el color o el sonido –que en su primera experiencia en televisión no dejó de
ser frustrante, porque si bien es cierto que el apartado técnico de la serie
estaba muy logrado, se acababa perdiendo una vez se emitía en un televisor
cualquiera-. Por ejemplo, la actriz Sheryl Lee, que prestaba su cuerpo y su
sonrisa a Laura Palmer, es introducida a mediados de la primera temporada
interpretando a Mady Ferguson, prima de Laura. Lynch es muy aficionado a
escribir dobles papeles para sus actrices, algo que desconcertó mucho al
público en Mulholland Drive, por
ejemplo. También esa forma de mostrar en pantalla el sufrimiento y el llanto,
casi en primera persona. Y qué decir de las escenas oníricas y desconcertantes,
de donde hay que destacar toda la secuencia de La Habitación Roja en el tercer episodio, que marca el devenir de
la serie y que no es más que un sueño del agente Cooper, o eso nos hacen creer.
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| ´La Habitación Roja |
Estas son las imágenes más
famosas de toda la serie. Un envejecido Cooper se encuentra dentro de una
habitación de decoración profusa en el color rojo, acompañado por una versión
adulta de Laura Palmer y por un enano bailarín que además habla del revés –la escena
se filmó así, al revés y es necesario el uso de subtítulos para entender, al
menos, qué es lo que dicen los personajes-. The
Man from Another Place es sin duda una de las creaciones más inigualables
de David Lynch. Y eso que en esta misma secuencia se presentan al público a Bob
y a Mike el Manco, dos personajes de los que todavía no sabemos nada pero que
son de una importancia vital. Como curiosidad, fue rodada con una intención
bien diferente antes de ser incorporada a la serie, como Epílogo a un hipotético final que la cadena obligó a rodar para su
estreno en el mercado europeo –en España pudimos disfrutar de una película de Twin Peaks en cinta de vídeo- en caso de
que no se diera luz verde al resto de la temporada. No es la única
improvisación que al final salió bien. El método de trabajo de Lynch era muy
intuitivo y no desperdiciaba una buena voz o una presencia que le pareciera
interesante –uno de los personajes más llamativos está interpretado por un
técnico, un decorador creo recordar-.
Cuando digo que son creaciones
de Lynch tengo que incluir también a Frost. No tengo del todo claro qué aportó
cada uno de su cosecha –ambos están acreditados como guionistas de los tres
primeros episodios; Lynch dirigió el Piloto de doble duración y el tercer
episodio, el del sueño; mientras que Frost guionizó y dirigió en solitario el
octavo, el desenlace de la primera temporada-, tan solo lo que he podido leer
en alguna entrevista, como que el agente Cooper está prácticamente escrito por
Lynch – y con esto no quiero decir que el director sea un amante de la cultura
budista, adicto al café y a la tarta de cerezas, sino que le prestó especial atención-.
La experiencia en televisión la tenía Frost y probablemente manejara mucho
mejor los tiempos a la hora de narrar teniendo en cuenta los episodios –algo que
a Lynch fascinaba, la posibilidad de contar una historia sin fin- o la
situación de los anuncios –que por otro lado horrorizaban a su compañero-.
El particular universo que
Lynch y Frost crearon con Twin Peaks
es aquí presentado al gran público –de manera sobresaliente, habría que añadir- para luego crecer y expandirse en las direcciones más insospechadas a lo largo de su segunda temporada. Algo que ha marcado la carrera de uno de los directores más personales de la historia reciente de Hollywood.








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