lunes, 10 de julio de 2017

Día de patriotas, de Peter Berg

Tercera colaboración seguida para el director con el actor Mark Wahlberg tras El único superviviente (2013) y Marea negra el año pasado y tercera vez que adaptan una historia real para la gran pantalla, si bien esta vez el personaje al que interpreta el actor de Dolor y dinero, The Figther o The Lovely Bones está inventado para la ocasión e introducido entre un buen montón de personas reales.

A medio camino entre el género documental y el drama más humano, sin renunciar a un par de buenas escenas de acción policial, Berg adapta un libro sobre el atentado que tuvo lugar durante la maratón de Boston en abril de 2013 y que dejó 3 muertos y 280 heridos.

La película presenta en su primera media hora a un buen montón de personajes que a lo largo de la historia tendrán su momento, aunque a priori no sabemos cuál será su papel. Una vez tiene lugar el atentado, donde el director no elije regodearse con buen criterio, da comienzo una trama de investigación y persecución trepidante que no deja de lado la parte emocional del relato, de modo que no solo se muestran los métodos policiales y la parte política de la difícil gestión, sino los momentos de duelo y las consecuencias que sufren todos aquellos que estuvieron implicados de una forma o de otra.

Apoyando a Wahlberg, que le tiene tomada la medida a este tipo de papeles de hombre de la calle normal y corriente desbordado por los acontecimientos, nos encontramos con un buen plantel de grandes actores en papeles secundarios: John Goodman (El vuelo, Argo, Red State, En el centro de la tormenta, The Artist), Kevin Bacon (X-Men Primera Generación, The Following, Black Mass), Michelle Monaghan (True Detective), Melissa Benoist (la nueva Supergirl) o J. K. Simmons (Whiplash, Jobs).


Berg le saca partido al guión que tiene entre manos, una mezcla hábil entre realidad y ficción que al final queda como un testimonio de la dificultad que tuvo que superar el pueblo de Boston –multicultural, por supuesto-. No es una película que quede prendada en la retina, pero ofrece algo más de dos horas de buen entretenimiento, siempre y cuando se le perdonen los momentos patrióticos y panfletarios. 

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