1. Porque
tras 10 años sin dirigir y 15 desde que se acercó a sus personajes más famosos,
Lynch ha vuelto por una única razón: le ha dado la gana, puede y quiere –y ha
convencido a la cadena privada Showtime
en el proceso-. Twin Peaks: The Return
no es un remake ni una vuelta a los orígenes. De hecho, tiene más que ver con Mulholland Drive (2001) e Inland Empire (2006) que con la serie de los
noventa. Pero no se trata de una película dividida en 18 trozos de una hora de
duración cada una, como he leído por ahí. Las 18 partes –nunca capítulos, ni
episodios, sino partes- tienen cierta
entidad en sí mismas.
2. Porque
la producción está muy cuidada técnicamente. Los colores, el blanco y negro y
los sonidos de ambiente a los que tanta atención presta. Los efectos especiales
que, pese a que parecen sacados de una producción de serie B, acaban sumando a
la creación de una atmósfera única, inquietante y desconcertante.
3. Porque
supone de nuevo la reunión con Mark Frost en labores de producción y de guión.
Una pareja que nos trajo lo mejor de la serie de los noventa y que aquí vuelve
desatada, sin ningún tipo de atadura, con una libertad creativa total.
4. Otro
que vuelve es el sentido del humor más absurdo. A veces funciona y provoca
risas y otras es realmente estúpido. En ocasiones, cuando se vuelve más negro,
resulta descacharrante.
5. Todos
los personajes de la serie y de la película Fuego
camina conmigo a los que ha sido posible localizar han vuelto para aparecer
en la tercera temporada. Resulta realmente curioso encontrarse con muchos de
ellos veinticinco años después, envejecidos y deteriorados físicamente pero
representando prácticamente los mismos papeles. En algunos casos son meros
cameos y en otros tienen más importancia en las tramas. Los trucos a los que
Lynch ha tenido que recurrir para traer de vuelta a algunos de ellos que ya
habían fallecido han sido de órdago –el Agente Especial del FBI Phillip Jeffries
vuelve convertido en una tetera gigante, cuando el té inglés era la bebida que
más detestaba el actor que lo interpretaba, el mítico David Bowie-.
6. También
ha sido una buena despedida para algunos de ellos que llegaron a filmar la
serie y al poco murieron. Como Miguel Ferrer y su Agente Especial Albert –insuperable
la pareja que forma con David Lynch y su Jefe Cole- o Catherine E. Coulson y su
emotivo adiós, prácticamente en vivo y en directo, como la todavía más mítica The Log Lady.
7. Lynch
sabe cómo crear atmósferas; ambientes que provoquen diversas emociones en el
espectador. Y el drama y la emoción no le son ajenos: si no te ha gustado la
reunión entre Norma y Ed, es que no tienes corazón. Y si no has quedado anonadado
y apenado por lo de Audrey –baile incluido- es que eres un maldito robot.
8. El
capítulo ocho. Ríete tú de Terrence Malick y su El árbol de la vida. No he visto nada como esto en televisión jamás.
Como mucho en un museo. Y no me extraña porque hay que tenerlos cuadrados. Al
lado de esto, el arbolillo parlante no es nada.
9. Kyle
MacLachlan. Vale que no es el actor de televisión más cotizado, pero nunca ha
dejado de trabajar en series top como
Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas, Cómo conocí a vuestra madre o Agentes de SHIELD –y además apareció en Showgirls, qué cojones-. Es decir, que
aunque aquí interpreta a tres personajes diferentes, de Agente Cooper solo hace
un rato. El resto es un tipo siniestro y cabrón con muy pocas líneas de diálogo
y el otro es un bebé en un cuerpo de adulto que lo único que hace es repetir la
última palabra con la que el resto de personas le interpelan. Sí, correcto: el
personaje más importante de todo Twin
Peaks no aparece hasta que se han emitido 16 capítulos. ¡De un total de 18!
10. Las
nuevas incorporaciones. Al igual que los actores ya conocidos, algunos sirven
para algo y otros prácticamente para nada. Pero tiene gracia ir reconociendo a Robert
Forster, Ashley Judd, Moby, Amanda Seyfried, Jim Belushi, Robert Knepper, Tom
Sizemore, Jennifer Jason Leigh, Tim Roth o Monica Bellucci.
11. Por
Naomi Watts. La mejor cara nueva de toda la temporada… si no fuera por Laura Dern
y su Diane.
12. Las
secuencias de terror y de violencia y el mal cuerpo que te dejan. Esa manía de
mezclar lo bonito con lo horrible, lo erótico con lo terrible. Lo cotidiano con
lo sobrenatural.
13. El
surrealismo. El blanco y negro. Y a mí que me recuerda a Dalí…
14. La
música de Badalamenti, algo desapercibida si la comparamos con la serie
original, que casa a la perfección con esa obsesión por el ruido de fondo y los
sonidos enervantes. Y que acaba compartiendo espacio con números musicales
prácticamente en vivo y en directo, de los que podemos disfrutar en la inmensa
mayoría de las partes –y que acaban
comiéndose buena parte del metraje-.
15. Got
a Light?
16. Porque
hay respuestas. La mitología sobre la que se asienta Twin Peaks es revisada y ampliada, pero también hay muchos dilemas
que aquí encuentran su solución. Cuesta creer cómo en algunos casos Lynch y
Frost han conseguido rizar el rizo y que todo case a la perfección.
17. Porque
hay muchas tramas que no llevan a ninguna parte y una buena cantidad de
misterios que se quedan así, tal cual. Y punto. Hay cosas que no se entienden. Twin Peaks
es así.
18. El
final te deja con un pasmo enorme. De mear y no echar gota. No hay término
medio: u odias a Lynch o lo amas. El caso es que a él le da igual y a ti te
afecta poco. Así que no importa que lleguemos o no a disfrutar de una cuarta
temporada. Explicará muchas cosas, seguro que sí, pero otras no. Y volveremos a
estar como al principio. Como nos encontramos ahora.








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