jueves, 14 de septiembre de 2017

Kingsman. Servicio Secreto, de Matthew Vaughn

Estrenada en diciembre de 2014, se convirtió rápidamente en uno de los mejores ejemplos del cine de acción reciente que se pueden disfrutar en una pantalla de cine, con vibrantes y elaboradas secuencias, un equipo de actores entregados a sus papeles y un sentido del humor negro e inteligente que impedía que una superproducción de 90 millones de dólares cayera en uno de los errores más comunes de este tipo de películas: tomarse demasiado en serio a sí misma.

En su centro tenemos una historia no demasiado original pero a la que Vaughn y su colaboradora habitual, la guionista Jane Goldman, logran sacar muchísimo partido a través del homenaje y la parodia, adaptando de forma brillante –y superando con creces el material original- The Secret Service, un cómic creado por Mark Millar y Dave Gibbons que nos cuenta como un veterano agente de un servicio secreto británico adopta bajo su manto a un joven aprendiz sacado de un barrio humilde de Londres para que se convierta en un nuevo espía. El guion de la película toma prestados del cómic muchas situaciones y diálogos –muy gracioso el cameo de Mark Hamill (Star Wars)-, pero es capaz de llevar la historia mucho más allá, homenajeando y renovando en todo momento el género de espías que tiene a James Bond en su centro -la ambientación británica es esencial-.
 
Maestro y alumno
En ese aspecto resulta muy acertada la elección de Colin Firth (El editor de libros, El topo, El retrato de Dorian Grey) como héroe de acción, a priori algo difícil de comprender, pero que acaba siendo todo un éxito. El británico se ha caracterizado por un determinado tipo de papel de snob o inglés estirado que ha explotado hasta la saciedad y que acabó consiguiéndole un Oscar, precisamente interpretando a un miembro de la realeza británica en El discurso del rey. Aquí no solo protagoniza varias coreografías de acción, sino que una de ellas se encuentra entre lo mejor que se ha rodado recientemente en el género. Le da la réplica la joven promesa Taron Egerton en su primer papel importante (luego protagonizaría la simpática Eddie El Águila), con una gran química entre ambos.
 
Los reclutas
Acompañan a ambos actores varios ejemplos de lo más granado que puede ofrecer la interpretación británica en materia de secundarios: el veterano Michael Caine (Batman de Nolan, Interstellar, Origen, Harry Brown) y Mark Strong (Sherlock Holmes, Camino a la libertad, Robin Hood). El primero encarna a la dirección de la Agencia mientras que el segundo es el principal instructor y analista, de modo que someterá a una serie de dificilísimas pruebas a los aspirantes a entrar en Kingsman –cuando Vaughn realizó X-Men: Primera Generación (2011), su anterior película como director, también rodó una serie de secuencias basadas en el entrenamiento de los futuros miembros de la Patrulla-X que eran de lo mejor de la historia, con una mezcla muy acertada entre imagen y música que aquí se repite-.


Merece la pena destacar a su vez el villano creado por Samuel L. Jackson (Los odiosos ocho, Django desencadenado, El protegido) en una de esas interpretaciones un poco excéntricas y salidas de tono a las que tanto provecho ha sacado en su ya larga carrera. O la incorporación de varias actrices jóvenes como Sophie Cookson o Sofia Boutella, ahora de moda con su participación en La momia, el relanzamiento de Universal de sus míticos personajes de terror.

La idea de hacer una película de espías que fuera muy divertida y al mismo tiempo respetuosa con la esencia del género nació de la colaboración de Vaughn y Mark Millar, guionista escocés de cómic con el que había colaborado anteriormente en Kick-Ass (2010). Lo mejor que le pudo ocurrir al director fue el estrepitoso fracaso de Barridos por la marea en 2002, lo que le obligó a tomar la decisión de abandonar su papel de productor de Guy Ritchie y volcarse de lleno en labores de escritura y dirección, realizando su debut tras las cámaras con la estimable Layer Cake (2004), con un gran Daniel Craig antes de meterse en la piel del agente secreto más famoso de todos los tiempos. Su segundo trabajo, quizás el menos aplaudido y donde ya coincidió con Mark Strong, adaptaba una novela de fantasía de Neil Gaiman, Stardust (2007). Y de ahí al cine de superhéroes, género que no ha abandonado hasta ahora, ya que la secuela de Kingsman, The Golden Circle, está a punto de estrenarse –Vaughn rechazó el rodaje de X-Men: Días del Futuro Pasado en detrimento de Brian Synger porque quería dedicarse en cuerpo y alma a adaptar el cómic de Millar-.


El resultado, como ya he comentado, no pudo ser más sobresaliente. Una propuesta rompedora, divertida y entretenida, repleta de detalles en su guion en forma de diálogo y con varias secuencias de acción muy trabajadas que incluso acaban sorprendiendo al espectador. Y eso que algunas de ellas son muy exageradas y tienen un marcado tono paródico -no hay que olvidar que uno de los villanos no tiene piernas, sino unas prótesis con unas letales cuchillas-. Hay un momento en la secuencia final en la que los protagonistas se encuentran acorralados y cuya resolución es brillante. Y resulta imposible dejar de lado la cruenta escena que tiene lugar dentro de la Iglesia en Kentucky –la película es violenta con ganas, con alguna que otra escena fuerte- una de las mejores que recuerdo en tiempos recientes –uno de los detalles que más me sorprendió de la dirección de Vaughn es que, dejando de lado una preferencia por planos-secuencia, no cae en la tentación de filmar todo de la misma forma, sino que es capaz de variar un poco su estilo-.



A Kingsman le fue muy bien en taquilla, donde superó la barrera de los cuatrocientos millones de dólares de recaudación y la crítica también la trató con amabilidad, resaltando la dirección de Vaughn, el tono de comedia de acción y varias interpretaciones de sus protagonistas. No es de extrañar que el director se enfrente ahora a su primera secuela, ni que Millar siga empeñado en vender sus ideas para nuevas adaptaciones. Esperemos que se consiga mantener el nivel de la producción y sobre todo ese equilibrio y tono británico que es en realidad el alma de todo el cine de este artista y que aquí tiene un peso específico e indispensable para su disfrute.

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