lunes, 2 de octubre de 2017

Caballero Oscuro III: la raza superior, de Brian Azzarello, Frank Miller & Andy Kubert

Tras Renacimiento, la última gran reinvención del universo superheroico de DC Comics, parece que por fin se ha puesto fin a una travesía por el desierto que, salvo en contadas ocasiones, siempre la ha situado en un segundo puesto tras Marvel Comics, su principal competidora. Incapaz de ilusionar a los aficionados más allá de anuncios puntuales, la veterana editorial se vio obligada a recurrir a un viejo recurso que no siempre acaba de funcionar, pero que al menos le ha permitido mantenerse en el candelero: volver la vista a los grandes éxitos del pasado.

Así ha sido como obras y conceptos que parecían intocables han vuelto a ser visibles en las tiendas especializadas de todo el mundo, impulsadas tanto por la añoranza de los aficionados que han releído los cómics originales cientos de veces como por la calidad de los autores seleccionados. Eso no quita que el producto final sea más o menos interesante o posea una calidad o relevancia que se acerque siquiera a la de la obra original, pero el caso es que hemos vivido en los últimos años una vuelta al universo de Watchmen en forma de varias precuelas; el regreso de Neil Gaiman a su personaje más emblemático, Sueño de los Eternos –en Obertura, de nuevo una precuela- y, como no podía ser de otro modo, un nuevo acercamiento de Frank Miller al Batman que desarrolló en El regreso del Caballero Oscuro y que vino a revolucionar no solo al personaje, sino al medio que lo vio nacer.


Curiosamente Miller ha optado por una doble aproximación: por una parte ha creado una precuela –no podía faltar- junto al dibujante John Romita Jr. en El regreso del Caballero Oscuro: la última cruzada. Mientras que por otra ha elegido continuar la historia allí donde se quedó la última vez en 2002 con El contraataque del Caballero Oscuro. El primero es un cómic más contenido, menos ambicioso y con un mejor resultado final que el segundo, que para colmo se ha tardado más de año y medio en ver publicado en nuestro país, como miniserie de nueve números.

Cuando se anunció el proyecto resultó chocante el hecho de que el guionista Brian Azzarello (Superman: por el mañana, Cage, Hellblazer: tiempos difíciles) fuera elegido como compañero de Miller, algo que puede achacarse a ciertos problemas de salud del mítico artista de obras como Batman Año Uno, Give Me Liberty o Big Guy y Rusty el Chico Robot. Esto siempre genera cierta incertidumbre sobre el papel que juega el autor que al fin y al cabo usa su nombre como principal reclamo de la obra y parece ser que Miller ya ha anunciado una mayor implicación en historias todavía por venir, por lo que hemos visto hasta ahora bien pueden haber sido una interpretación de Azzarello de las ideas de Miller. Para el tablero de dibujo se eligió a un veterano que en DC Comics siempre es asociado a importantes proyectos: un Andy Kubert que, al igual que hizo en ¿Qué le sucedió al Cruzado Enmascarado? de Neil Gaiman, adapta su estilo de dibujo de manera que este recuerda poderosamente al que Miller utilizó en los años ochenta para reformular a Batman, ayudado por un equipo de veteranos como Klaus Janson a las tintas y Brad Anderson al color.


El dibujante de obras como Marvel 1602 o Lobezno: Origen está correcto en todo momento. Consigue mimetizar su estilo sin sacrificar su particular narrativa y hay más de una página de composición original e ilustraciones rompedoras que agradarán la vista de los aficionados. Sin embargo a veces tengo la sensación de que Azzarello construye su trama alrededor de estas, alargándola sin necesidad y metiendo mucho relleno –hay una especie de prólogo a la verdadera historia, que no deja de ser una nueva invasión del planeta Tierra por parte de kryptonianos, que no he conseguido entender y que tiene como protagonista al nuevo Batman-.


Hay muchas situaciones que ocurren porque sí y parece no ser necesaria una mayor explicación. Por si todo esto no fuera suficiente, entre cada número se narra una historia realizada por el propio Miller a los lápices, donde se puede apreciar lo mucho que ha sufrido su acabado con el paso de los años. Se trata de un cuadernillo de pequeño tamaño, donde ha recibido la ayuda de diversos entintadores y de dibujantes como Eduardo Risso o Romita Jr.

En definitiva, la vuelta de Miller se salda con una historia que como mucho resulta entretenida y que parece que de nuevo equivoca el camino y opta por el uso de la violencia antes que por un tratamiento novedoso de los principales personajes del Universo DC, con Batman a la cabeza. Los autores implicados cumplen con lo que se les pide, pero está claro que la necesaria renovación que ya va necesitando el cómic de superhéroes norteamericano no pasa por esta cansina vuelta al pasado que tiene lugar una y otra vez cada cierto tiempo, aunque la paciencia y la esperanza de los fans parezca infinita.


ECC Comics se decidió por una edición doble en grapa y en tapa dura. No conozco la segunda, pero la primera tiene un problema con la inclusión del cuadernillo en las páginas centrales –pensado, supongo, para que pueda extraerse sin mucho problema del interior del tebeo principal-. También ha dejado fuera buena parte de las portadas alternativas de las que ha disfrutado la obra y no hay ni un solo artículo que ayude a situarla en su contexto o aporte algo de información sobre la misma. Sin embargo, en algunos de los números se ha incluido páginas finales de Andy Kubert, entintadas y a falta del color y diálogos, así como alguna que otra portada alternativa a cargo de Frank Miller. Una edición, en mi opinión, mejorable, seguramente cuando se recopile en tomo de tapa dura.

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