Estoy seguro de que esta serie
le funciona a la AMC, sobre todo
teniendo en cuenta que en esta temporada ya ha recurrido a la estrategia de
emitir sus 16 episodios separados por un pequeño parón una vez se han visto la
mitad, para evitar así las fechas veraniegas donde hay un menor consumo de
televisión. Pero cuando lo más emocionante que ha ocurrido a lo largo de todos
esos capítulos ha sido el anuncio de que finalmente veremos un cruce entre el spin-off y la serie madre, The Walking Dead, está claro que todavía
tienen mucho que mejorar.
La situación geográfica es sin
duda el gran acierto de esta serie. Esa frontera mexicana que trae consigo
nuevos peligros, como pueden ser el sol y el desierto, pero que también brinda
la oportunidad de enfrentar a los seres humanos a uno de sus miedos más
antiguos: aquellos que son diferentes. Por no hablar de que en buena parte son
una sociedad tan violenta como la norteamericana.
Pero más allá de eso, las
diferencias entre esta y la serie original son mínimas y mucho de lo que se
muestra aquí ya lo hemos visto con anterioridad. Con excepciones, es cierto,
pero en general los protagonistas, la familia Madison, se encuentran a la
búsqueda desesperada de un lugar donde poder asentarse con un mínimo de
garantías de seguridad, algo que parece que
encuentran en un rancho algo aislado o en las instalaciones de una
presa. También hay circunstancias, muchas de ellas absurdas, pensadas solamente
para separar a los principales protagonistas, de modo que tras unos pocos
episodios pueda producirse el reencuentro.
Muchos de los personajes
siguen tomando decisiones del todo cuestionables, por lo que a veces se
transmite la sensación de que van de un lugar a otro como pollos sin cabeza. No
tiene mucho sentido dar cobijo a un psicópata asesino, perdonarle la vida una y
otra vez a un traidor que ha dado muestras de que solo se preocupa por sí mismo
o darle cancha a alguien que toma decisiones basadas en lo emocional, situando
a su familia y a sus amigos siempre por delante del bien de la comunidad.
Pero en fin, es un pequeño
peaje que hay que pagar para poder disfrutar de esta historia de supervivencia
donde los mejores momentos llegan cuando de verdad hay que preocuparse por
sobrevivir: garantizar la seguridad aunque para ello haya que renunciar a un
poco de libertad, sobre todo si estas en inferiores condiciones; lograr la paz
y la convivencia entre razas antagónicas; asegurar el suministro de agua,
establecer relaciones comerciales con el resto de supervivientes y, sobre todo,
hacerse a la idea de que el mundo ha cambiado y de que para sobrevivir es
necesario cambiar con él. Y que la compasión, la amistad o el amor pueden
llevarte a un destino peor que la muerte.
Por supuesto el final tiene
sus toques de espectacularidad y, una vez más, la separación forzosa de los
protagonistas, de modo que ya sabemos con seguridad que una de las subtramas de
la próxima temporada mostrará cómo se buscan los unos a los otros y cómo acaban
encontrándose –si es que todos llegan, porque al menos hay que reconocerles a
los guionistas que no se echan atrás a la hora de quitarse de en medio a
figuras centrales del reparto-.





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