lunes, 30 de octubre de 2017

Fear the Walking Dead. Tercera temporada


Estoy seguro de que esta serie le funciona a la AMC, sobre todo teniendo en cuenta que en esta temporada ya ha recurrido a la estrategia de emitir sus 16 episodios separados por un pequeño parón una vez se han visto la mitad, para evitar así las fechas veraniegas donde hay un menor consumo de televisión. Pero cuando lo más emocionante que ha ocurrido a lo largo de todos esos capítulos ha sido el anuncio de que finalmente veremos un cruce entre el spin-off y la serie madre, The Walking Dead, está claro que todavía tienen mucho que mejorar.


La situación geográfica es sin duda el gran acierto de esta serie. Esa frontera mexicana que trae consigo nuevos peligros, como pueden ser el sol y el desierto, pero que también brinda la oportunidad de enfrentar a los seres humanos a uno de sus miedos más antiguos: aquellos que son diferentes. Por no hablar de que en buena parte son una sociedad tan violenta como la norteamericana.

Pero más allá de eso, las diferencias entre esta y la serie original son mínimas y mucho de lo que se muestra aquí ya lo hemos visto con anterioridad. Con excepciones, es cierto, pero en general los protagonistas, la familia Madison, se encuentran a la búsqueda desesperada de un lugar donde poder asentarse con un mínimo de garantías de seguridad, algo que parece que  encuentran en un rancho algo aislado o en las instalaciones de una presa. También hay circunstancias, muchas de ellas absurdas, pensadas solamente para separar a los principales protagonistas, de modo que tras unos pocos episodios pueda producirse el reencuentro.


Muchos de los personajes siguen tomando decisiones del todo cuestionables, por lo que a veces se transmite la sensación de que van de un lugar a otro como pollos sin cabeza. No tiene mucho sentido dar cobijo a un psicópata asesino, perdonarle la vida una y otra vez a un traidor que ha dado muestras de que solo se preocupa por sí mismo o darle cancha a alguien que toma decisiones basadas en lo emocional, situando a su familia y a sus amigos siempre por delante del bien de la comunidad.


Pero en fin, es un pequeño peaje que hay que pagar para poder disfrutar de esta historia de supervivencia donde los mejores momentos llegan cuando de verdad hay que preocuparse por sobrevivir: garantizar la seguridad aunque para ello haya que renunciar a un poco de libertad, sobre todo si estas en inferiores condiciones; lograr la paz y la convivencia entre razas antagónicas; asegurar el suministro de agua, establecer relaciones comerciales con el resto de supervivientes y, sobre todo, hacerse a la idea de que el mundo ha cambiado y de que para sobrevivir es necesario cambiar con él. Y que la compasión, la amistad o el amor pueden llevarte a un destino peor que la muerte.

Por supuesto el final tiene sus toques de espectacularidad y, una vez más, la separación forzosa de los protagonistas, de modo que ya sabemos con seguridad que una de las subtramas de la próxima temporada mostrará cómo se buscan los unos a los otros y cómo acaban encontrándose –si es que todos llegan, porque al menos hay que reconocerles a los guionistas que no se echan atrás a la hora de quitarse de en medio a figuras centrales del reparto-.


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