Puede que el modelo de
saturación de mercado en el que tanto ha confiado Netflix no sea perfecto –hace poco ha tenido que reconocer que
cancela series porque no puede mantener más en antena- pero hasta ahora le ha
funcionado muy bien, con una expansión enorme a lo largo y ancho del globo.
Para que esto siga funcionando, es imprescindible que se hable mucho de tu
marca, tanto para lo bueno como para lo malo –como las últimas polémicas
absurdas en el Festival de Cannes-. Pues bien, Stranger Things es de lo mejor que le puede pasar a una cadena
privada: un producto con la calidad suficiente para que la crítica se fije en
ella y un fenómeno fan a su alrededor que lo catapulte al estrellato.
Esta serie de ocho episodios
creada por los hermanos Duffer –que también ejercen labores de showrunners, guionistas y directores
ocasionales- se emitió en el verano de 2016 y quién sabe si por haberse visto
en un periodo vacacional algo más vacío de contenido o porque simplemente el
producto valía la pena, la serie se convirtió en un fenómeno viral que destacó
en muchísimos niveles, ya que la temática de la misma daba pie al fan-fiction, al homenaje, a la búsqueda
de equivalencias con otras series y películas e incluso al síndrome de Boba Fett con uno de sus personajes muy secundarios.
Lo que los hermanos Duffer
consiguieron fue narrar una historia siguiendo los patrones y el estilo del
cine de los ochenta… ambientándola precisamente en la década de los ochenta,
concretamente a finales de 1983, en Hawkins, un pueblo ficticio de Indiana. Es
decir, el factor nostálgico es algo fundamental para el disfrute de esta serie,
que parte de la premisa del apacible pueblo norteamericano donde comienzan a
tener lugar hechos inexplicables, empezando por la desaparición de un chaval de
12 años, al que sus colegas deciden encontrar por todos los medios. Es decir,
se trata de una aventura de corte juvenil con elementos de misterio y de terror
donde la ambientación resulta tan importante como lo que se está contando, que
por otro lado hemos visto ya mil veces. De hecho, el homenaje a ese determinado
tipo de cine que hacían Steven Spielberg, Richard Donner o John Carpenter se difumina hasta caer en la copia: los chavales no
solo juegan al Dragones y Mazmorras,
lo flipan con Star Wars o tienen las
paredes de su habitación decoradas con pósteres de La Cosa; sino que hay escenas calcadas de películas de la época: ET, Los
Gonnies y muchas más.
Una vasta ensalada de miles de
referencias al cine, la literatura –Stephen King es quizás la influencia más
clara-, el cómic e incluso la música que supera con creces a intentos parecidos
como Super 8, la película de J. J.
Abrams. Y que se complementa con un amor por el detalle realmente sorprendente,
como el hecho de recuperar el sintetizador para la banda sonora o la tipografía
clásica de las novelas de King para los títulos de crédito.
También es una serie que
destaca en la química que se desprende entre los chavales protagonistas y que
se diluye un poco más en el grupo de hermanos mayores que los apoyan en algún
momento. También hay que destacar los importantes papeles de los actores
consagrados David Harbour dando vida al jefe de policía –y futuro Hellboy en el
reboot que se prepara del personaje-; Winona Ryder (Show Me a Hero, El protector, Cisne negro) como la desesperada madre cuyo hijo desaparece o el veterano
Matthew Modine, encarnando a un científico sin escrúpulos.
Típicos y tópicos, es verdad,
pero que ensamblados quedan tan bien que uno no puede evitar beberse los
episodios una detrás de otro, repletos de aventura, emoción, tensión, grandes cliffhangers y pequeñas dosis de terror
que lo aderezan. Los Duffer consiguen que aquello que ya nos suena a visto, por
esta vez, nos parezca interesante y queramos más de ello.
Durante el verano de 2016 todo
el mundo hablaba de Stranger Things
y desde entonces ha estado en los principales premios de la industria. Su
primera temporada resultó ser una historia redonda en muchos sentidos y que no
necesariamente debía continuarse, pero el caso es que se anunció su renovación
para una segunda temporada, que verá la luz en octubre de 2017. Y el fenómeno
fan sigue ahí, con el hype disparado
por lo que los Duffer han decidido continuar la historia de Hawkins –una
alternativa hubiera sido continuar con el tono pero convertir la serie en una
antología por temporadas, aunque al final no ha sido así-.





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