Parece haber cierto consenso
en cuanto al origen del Universo DC
cinematográfico a partir del estreno en 2013 de El hombre de acero, aunque hay algunas voces aisladas que se
resisten a dejar fuera la trilogía de Christopher Nolan sobre Batman, que estuvo en danza entre 2005 y 2012. No
en vano Nolan actuó como productor en la nueva versión de Superman y su estilo
realista a la hora de tratar la cruzada del Caballero Oscuro fue una fuente de
inspiración para el estilo de la nueva franquicia –por no decir del resto de
cine de acción made in Hollywood-.
Para llevar este nuevo
proyecto a cabo –y en un intento desesperado de emular el éxito de Marvel/Disney- la Warner puso al frente a uno de sus directores estrella, Zack
Snyder, que además ya tenía experiencia con la traslación a la gran pantalla de
cómics con una temática adulta, como el 300
de Frank Miller o el Watchmen de
Alan Moore. Snyder apostó por un estilo diametralmente opuesto al de Disney, que siempre se ha caracterizado
por un tono aventurero y un sentido del humor más blando y configuró al
Superman más ceñudo de toda la historia. Sin embargo, aunque la propuesta
resultaba novedosa en buena parte de su metraje y los efectos especiales
estaban a la altura de lo esperado, la película se perdía en un guion que no
conseguía situar a ninguno de sus personajes por encima del ruido y destrucción
continuos con que se bombardeó a los espectadores. Confusa y agotadora en su
segunda mitad, El hombre de acero no
consiguió satisfacer las altas expectativas de la Warner pese a recaudar 670 millones de dólares con 225 de
presupuesto.
Aun así el ambicioso proyecto
de la compañía siguió adelante con el estreno de Batman V Superman: el amanecer de la justicia, estrenada en 2016 y
con un presupuesto de 250 millones netos y 870 de recaudación. Y de nuevo las
expectativas de la Warner no se
vieron satisfechas: no recaudó todo lo previsto; se vio superada por su
competencia directa –el estreno de Capitán América: Civil War-; la crítica no la trató demasiado bien y los
aficionados quedaron divididos –los rumores continuos sobre las dificultades de
su producción nunca dejaron de sonar y no fueron pocos los memes irónicos que
aparecieron tras su estreno, centrados en la figura de Ben “Sad” Affleck-.
Al igual que en su anterior
película, Snyder logró sacarle partido visualmente, pero no consiguió darle
coherencia a un universo de ficción que quiso lograr lo mismo que Marvel en el menor tiempo posible, algo
que se veía reflejado en un guion todavía más confuso que el de El hombre de acero. La película
introducía dos personajes importantes sin ningún tipo de explicación previa
–vale que Batman es de sobra conocido a estas alturas, pero a Wonder Woman no
la conocía nadie- y se convertía en una especie de batiburrillo argumental que
intentaba ser una secuela al mismo tiempo que se introducían una serie de
elementos destinados a servir como introducción para la próxima encarnación de
un supergrupo en la gran pantalla: la Liga de la Justicia. Es decir, un
pastiche difícil de defender de cara a la galería pero que aun así atesora
algún buen momento aislado, sobre todo en la versión del director que se
comercializó después en el mercado doméstico.
Para su tercera película, Warner sorprendió a propios y extraños a
la hora de apostar por el Escuadrón Suicida, un grupo de villanos a las órdenes
del gobierno, quizás seducida por los cantos de sirena que habían situado al Deadpool de Fox en lo más alto de la taquilla. Se mantenía el tono oscuro
característico de este universo de ficción y se contrataron a varios rostros
conocidos como el de Will Smith o Jared Leto, pero ni siquiera ellos
consiguieron sacarle partido a una película que como mucho resultaba
entretenida en algún momento de su metraje, pero que no consiguió generar el
interés de las dos anteriores, ni siquiera gracias a Herley Quinn, un personaje
que se prestaba a convertirse en icono de una manera muy fácil. Aunque hay que
reconocer que la película dirigida por David Ayer funcionó muy bien en
taquilla, llegando a alcanzar los 750 millones de recaudación frente a los 175
de presupuesto. También se escucharon los primeros rumores de injerencia por
parte de la productora en el trabajo del director y desde entonces se han
anunciado y desmentido continuamente una serie de secuelas, ya sea del grupo o
de alguno de sus integrantes. La crítica prácticamente la destrozó y dejando de
lado un par de apariciones del Batman de Affleck, había pocas más conexiones
con el resto del universo de ficción donde se desarrolla la historia.
Curiosamente, cuando peor le
iban las cosas a Warner y a DC –al menos en lo creativo, porque
todas las películas les han funcionado bien en taquilla- se estrena Wonder Woman a mediados de 2017 y todo
cambia. Se convierte en la película de origen superheroico más taquillera de la
historia, récord que comparte con una película protagonizada y dirigida por una
mujer. Con apenas 150 millones de presupuesto recauda más de 800 y por primera
vez la crítica parece algo interesada. Además su influencia es mucho mayor que
la de sus predecesoras, sobre todo teniendo en cuenta la vertiente feminista de
la protagonista –que luego en la película no es tal como se nos vendía, pero al
menos sirvió para atraer la atención del público sobre este tema-. Gal Gadot
era de lo mejor de Batman V Superman
y aquí demuestra que es capaz de liderar una producción por sí sola. Las
escenas en la II Guerra Mundial están muy conseguidas y el inicio en Isla
Paraíso tiene mucho potencial. Pero hay que reconocer que supone un paso atrás
en el estilo marcado por la franquicia y por Zack Snyder, ya que se trata sin
género de duda de la película más Marvel
producida por DC: una fórmula a estas
alturas probada hasta la saciedad desde que se estrenara Iron Man y un tono más ligero y aventurero, con continuos toques de
humor blando aquí y allá.
Y llegamos a la caótica
producción de Liga de la Justicia,
tras un reseteo en los despachos y la creación de una nueva empresa al estilo
de Marvel Studios, centrada
únicamente en sacarle partido al Universo
DC en la gran pantalla –su primer gran éxito fue Wonder Woman y eso va a dejarse notar: la amazona ha desplazado
incluso a Batman en la promoción de la nueva película, algo que parecía
impensable hace unos meses-. Con Snyder de nuevo a los mandos se prometía un
regreso a su estilo más oscuro y apabullante, pero el producto que veremos
finalmente en pantalla dista mucho de las pretensiones originales del director.
Primero tuvo que someterse a los deseos de la productora de limitar el metraje
a dos horas –la película de menor
duración de toda la franquicia hasta la fecha- y luego tuvo que aceptar a Joss
Whedon (Firefly, Serenity, Dollhouse), que se
encontraba en ese momento trabajando en un proyecto propio centrado en Batgirl,
como script doctor. El director de Los Vengadores y de su secuela La Era de Ultrón tiene una amplia
experiencia en ese tema y sus sugerencias a la hora de rebajar la seriedad de
la historia fueron tenidas en cuenta. Sin embargo, la tragedia golpeó a la
familia Snyder de manera brutal con el suicidio de uno de sus hijos, lo que le
forzó a abandonar la película, momento en el que la productora contrató a
Whedon para finalizarla–aparecerá acreditado solo como guionista, pero los
rumores hablan de un gasto de más de 25 millones de dólares en volver a rodar
escenas, con graciosas polémicas incluidas como el mostacho de Henry Cavil-.
También se habla de un
presupuesto total de más de 300 millones, lo que vuelve a dejar las
expectativas de la empresa muy altas. En lo artístico todavía está por verse:
los primeros comentarios la sitúan algo mejor que sus predecesoras, pero
también señalan que no ha sido capaz de lidiar con los problemas que venía
arrastrando la franquicia. De las promos poco se puede decir, más allá de la
importancia de Wonder Woman; de la hábil maniobra de marketing de dejar fuera a
Superman; del horrible diseño de los trajes o de algún que otro chiste en forma
de diálogo que hasta ahora no habíamos visto. Parece que el Aquaman de Jason
Momoa (Khal Drogo en Juego de tronos)
ha despertado cierto interés y su propia película, a cargo de James Wan, ya ha
finalizado su primera etapa de rodaje.
Esperemos que tras tantos
problemas al menos tengamos una historia entretenida y épica y que el Universo DC sea capaz de seguir
expandiéndose en diferentes direcciones –la franquicia de Batman regresará con
una trilogía, si bien Ben Affleck cada vez se encuentra más a disgusto con su
rol en ella-. Pero sobre todo que sepa mantener su propio estilo, alejado del
de Marvel o al final acabaremos
viendo la misma película una y otra vez, algo que ya está ocurriendo cada vez
más.






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