sábado, 18 de noviembre de 2017

Liga de la Justicia, de Zack Snyder

Demasiados problemas en torno a una producción que no va a resolver, ni de lejos, el lío que tiene ahora mismo Warner a la hora de crear un universo de ficción propio y coherente en la gran pantalla. Puede que la película les funcione bien en taquilla, no lo sé, pero lo que sí tengo claro es que la crítica la va a destrozar. Y es que hay muy poco salvable en una película que arrastra muchísimos problemas importantes, el primero de ellos en su mismo corazón, ya que sencillamente no saben qué hacer con esta franquicia ni con estos personajes.

La inclusión de los chascarrillos, diálogos y situaciones ligeras que buscan acercarla a las películas de Marvel –y a su imparable éxito- no hacen más que desvirtuar un estilo y una forma de acercarse al superhéroe que era su marca de fábrica y en la que sencillamente ya no cree nadie, ni siquiera su máximo impulsor, un Zack Snyder completamente agotado que no es capaz de ofrecer si apenas un par de secuencias o imágenes interesantes en las dos horas de metraje. La reducción de minutos sienta bien porque no da tiempo a aburrirse en ningún momento, pero a cambio da la sensación de que media historia se ha quedado en la sala de montaje. Hay momentos en los que uno no entiende los cortes y las transiciones e incluso hay un buen puñado de escenas y diálogos que vimos en los numerosos tráileres que no aparecen. No es buena señal cuando estás en una sala de cine y sin que se hayan encendido las luces ya estás suspirando por una versión extendida del director.


Pero si hay algo que sigo sin entender es como son capaces de dar salida a una historia tan mal contada. El guion hace aguas por todos lados y el hecho de que no sepamos nada de varios de los protagonistas –cuáles son sus poderes, motivaciones, etc.- o de que sus caracterizaciones tengan poco o nada que ver con los tebeos queda en un segundo lugar cuando te encuentras con una trama central directamente fusilada sin ningún rubor de películas como La Comunidad del Anillo o Los Vengadores y La Era de Ultrón. Y con soluciones tan estúpidas como el hecho de que las Amazonas intenten salvar su Caja Madre huyendo a caballo… en una isla.


Lo de Superman sería digno de un análisis por sí solo, pero al menos hay que reconocer que la vuelta del héroe en la cúspide de su poder da pie a varias de las mejores escenas, al menos en lo visual, de toda la película, junto a alguna intervención en solitario de Wonder Woman.

De verdad que no alcanzo a entender, con el enorme potencial que tienen todos y cada uno de estos personajes, que en Warner/DC Comics no haya nadie capaz de idear una forma de mostrarlos en pantalla de una forma digna. Si es que incluso los 300 millones que se han gastado en uno de los mayores presupuestos del género brillan por su austeridad. El villano necesita de varias apariciones para que deje de parecernos ridículo, no en su concepción –viejo mal de las pelis de superhéroes- sino en su apariencia CGI. Por no hablar de que a veces el rostro de Superman queda un tanto extraño en varios planos.



Quién nos iba a decir que con cada nueva película Zack Snyder iba a hacerlo peor. Que otras vendrían que harían buena El hombre de acero. Que un personaje como Batman, que se vende solo, causaría tanta indiferencia. Y que el futuro de DC en la gran pantalla se reduce a parecerse cada vez más a Marvel. Es para no creérselo. 

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