Cuesta hacerse una idea de lo
que va a suponer un libro cuando al poco tiempo de ser publicado ya le llueven
los premios y las buenas críticas, a la par que se convierte en un éxito de
ventas -para esto último seguro que ha tenido mucho que ver el hecho de que tanto
Oprah como Barack Obama lo hayan recomendado sin tapujos-. Publicado en 2016,
ya se ha hecho merecedor del National
Book Award, del Pulitzer 2017 y,
lo que es más interesante, del Arthur C.
Clarke, lo que incita todavía más mi curiosidad. Nada mal para el sexto
trabajo dentro de la ficción de su autor.
Cora, la protagonista del
relato, es una esclava en una plantación de algodón en Georgia –la historia de
cómo acabaría todo esto, al menos aparentemente, fue narrada con pulso maestro
en la imprescindible Lo que el viento se
llevó- que inicia un desesperado viaje hacia el Norte, es decir, hacia la
libertad. O al menos eso cree ella. Tras sus pasos anda un veterano cazador de
esclavos fugados con una cuenta pendiente que saldar, mientras que a su favor solo
tendrá su determinación y la escasa ayuda de unos pocos abolicionistas
dispuestos a jugarse el pellejo por sus ideales.
El ferrocarril subterráneo era
una red clandestina de abolicionistas que ayudó a escapar a más de cien mil
esclavos negros de las plantaciones del sur norteamericano. Se llamaban así
porque utilizaban jerga ferroviaria para describir sus acciones, así como
nombres clave y pseudónimos para mantener la clandestinidad de sus operativos.
Por ejemplo, los maquinistas eran
aquellos que guiaban a los fugitivos a través de las tierras esclavistas.
El juego que plantea Whitehead
va más allá de la novela histórica que se limita a describir las condiciones
extremas en las que sobrevivían los esclavos negros y plantea una situación en
la que el ferrocarril subterráneo no es una metáfora de una organización
libertadora, sino una realidad física y terrenal. Es decir, que efectivamente
existe una serie de líneas de vías que recorren las profundidades del sur de
Estados Unidos recorridas por una serie de destartaladas locomotoras y que con
la ayuda de andenes clandestinos y valientes colaboradores se dedica a ayudar a
escapar a todos aquellos que lo intentan.
Más allá de la descripción de
esta particular infraestructura, Whitehead se vale del periplo que lleva a cabo
su protagonista –de Georgia a Carolina del Sur, de Carolina del Norte a Tennessee-
para ofrecer una amplia descripción del estilo de vida norteamericano de la
época en los estados que luego formarían la Confederación. La novela de hecho se
orquesta entre los lugares geográficos a los que Cora llega y se instala,
intentando sobrevivir, y una serie de capítulos de menor extensión dedicados a
varios personajes secundarios, que ayudan a completar el cuadro que el autor
intenta mostrarnos.
Es un tema muy candente en el
Estados Unidos actual, no solo debido a los constantes enfrentamientos raciales
que han tenido lugar en tiempos recientes. No es raro encontrarse con noticias
sobre maltrato policial y Hollywood lleva unos años muy activo a la hora de
retratar el periodo de esclavitud que aquí se nos muestra: Tarantino, por
ejemplo, con sus dos películas más recientes, los westerns Django desencadenado y Los odiosos ocho. Y qué decir de la magnífica 12 años de esclavitud, donde se nos mostraba de primera mano el
suplicio al que se veían expuestos los esclavos en plantaciones de Luisiana –el
escritor afroamericano no elude los momentos más crueles, pero elige no
regodearse en ellos-. Pequeños matices que indican que se trata de un periodo
histórico que Estados Unidos todavía no ha conseguido integrar con su presente
y que el racismo sigue siendo un tema capital, de enorme preocupación.
Como me suele ocurrir con este
tipo de novelas tan laureadas, no sabría decir si El ferrocarril subterráneo merece su fama. En España acaba de ser
publicada por Mondadori y creo que merece
la pena acercarse a ella. Logra captar la atención del lector y mantenerlo en
vilo hasta su desenlace y su mirada crítica a la sociedad norteamericana resulta
muy interesante. La mezcla entre realidad y ficción es original y cautivadora y
ya solo por eso debería dársele una oportunidad. Todas las sociedades arrastran
pecados de su pasado con los que todavía no han logrado hacer las paces y la
norteamericana no es una excepción. Este libro ahonda un poco más en un tema
tan actual como es el racismo y la diferencia de clases que origina.



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