martes, 7 de noviembre de 2017

El ferrocarril subterráneo, de Colson Whitehead

Cuesta hacerse una idea de lo que va a suponer un libro cuando al poco tiempo de ser publicado ya le llueven los premios y las buenas críticas, a la par que se convierte en un éxito de ventas -para esto último seguro que ha tenido mucho que ver el hecho de que tanto Oprah como Barack Obama lo hayan recomendado sin tapujos-. Publicado en 2016, ya se ha hecho merecedor del National Book Award, del Pulitzer 2017 y, lo que es más interesante, del Arthur C. Clarke, lo que incita todavía más mi curiosidad. Nada mal para el sexto trabajo dentro de la ficción de su autor.

Cora, la protagonista del relato, es una esclava en una plantación de algodón en Georgia –la historia de cómo acabaría todo esto, al menos aparentemente, fue narrada con pulso maestro en la imprescindible Lo que el viento se llevó- que inicia un desesperado viaje hacia el Norte, es decir, hacia la libertad. O al menos eso cree ella. Tras sus pasos anda un veterano cazador de esclavos fugados con una cuenta pendiente que saldar, mientras que a su favor solo tendrá su determinación y la escasa ayuda de unos pocos abolicionistas dispuestos a jugarse el pellejo por sus ideales.

El ferrocarril subterráneo era una red clandestina de abolicionistas que ayudó a escapar a más de cien mil esclavos negros de las plantaciones del sur norteamericano. Se llamaban así porque utilizaban jerga ferroviaria para describir sus acciones, así como nombres clave y pseudónimos para mantener la clandestinidad de sus operativos. Por ejemplo, los maquinistas eran aquellos que guiaban a los fugitivos a través de las tierras esclavistas.

El juego que plantea Whitehead va más allá de la novela histórica que se limita a describir las condiciones extremas en las que sobrevivían los esclavos negros y plantea una situación en la que el ferrocarril subterráneo no es una metáfora de una organización libertadora, sino una realidad física y terrenal. Es decir, que efectivamente existe una serie de líneas de vías que recorren las profundidades del sur de Estados Unidos recorridas por una serie de destartaladas locomotoras y que con la ayuda de andenes clandestinos y valientes colaboradores se dedica a ayudar a escapar a todos aquellos que lo intentan.
 
Mapa político del sudeste norteamericano
Más allá de la descripción de esta particular infraestructura, Whitehead se vale del periplo que lleva a cabo su protagonista –de Georgia a Carolina del Sur, de Carolina del Norte a Tennessee- para ofrecer una amplia descripción del estilo de vida norteamericano de la época en los estados que luego formarían la Confederación. La novela de hecho se orquesta entre los lugares geográficos a los que Cora llega y se instala, intentando sobrevivir, y una serie de capítulos de menor extensión dedicados a varios personajes secundarios, que ayudan a completar el cuadro que el autor intenta mostrarnos.

Es un tema muy candente en el Estados Unidos actual, no solo debido a los constantes enfrentamientos raciales que han tenido lugar en tiempos recientes. No es raro encontrarse con noticias sobre maltrato policial y Hollywood lleva unos años muy activo a la hora de retratar el periodo de esclavitud que aquí se nos muestra: Tarantino, por ejemplo, con sus dos películas más recientes, los westerns Django desencadenado y Los odiosos ocho. Y qué decir de la magnífica 12 años de esclavitud, donde se nos mostraba de primera mano el suplicio al que se veían expuestos los esclavos en plantaciones de Luisiana –el escritor afroamericano no elude los momentos más crueles, pero elige no regodearse en ellos-. Pequeños matices que indican que se trata de un periodo histórico que Estados Unidos todavía no ha conseguido integrar con su presente y que el racismo sigue siendo un tema capital, de enorme preocupación.
 
Colson Whitehead

Como me suele ocurrir con este tipo de novelas tan laureadas, no sabría decir si El ferrocarril subterráneo merece su fama. En España acaba de ser publicada por Mondadori y creo que merece la pena acercarse a ella. Logra captar la atención del lector y mantenerlo en vilo hasta su desenlace y su mirada crítica a la sociedad norteamericana resulta muy interesante. La mezcla entre realidad y ficción es original y cautivadora y ya solo por eso debería dársele una oportunidad. Todas las sociedades arrastran pecados de su pasado con los que todavía no han logrado hacer las paces y la norteamericana no es una excepción. Este libro ahonda un poco más en un tema tan actual como es el racismo y la diferencia de clases que origina. 

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